PUBLICIDAD
A-Desk
Crítica y arte contemporáneo


Situación Barcelona
Entrevista a MARTÍ PERAN
La situación artístico-cultural en Barcelona ha cambiado mucho en los últimos 10 años. Cambios que han afectado a todos los sectores activos en arte, desde el circuito galerístico al marco institucional. Apuestas a medio o largo plazo que, en muchos casos, parecen haber reducido –o perdido – su intensidad inicial. ¿Cuál sería tu valoración?
Lo primero que quisiera expresar es el cansancio que supone dar más y más vueltas al “estado de la cuestión”. Estamos demasiado a menudo entretenidos en la elaboración de diagnósticos malgastando una preciosa energía. No quiero dar a entender que esto no sea necesario; pero quizás sería conveniente acertar a encontrar los momentos y los lugares adecuados para que las posibles valoraciones se proyecten de forma eficaz sobre el escenario real de las prácticas. De lo contrario, pudiera parecer que cultivamos un desencanto crónico. Es por ello por lo que me limitare, si se me permite, a expresar solo lo que considero central sin merodear en los detalles de los nombres propios.
Los últimos diez años no creo que representen el segmento de tiempo más claro para acertar a describir el panorama. El paisaje actual es heredero directo de una dinámica que se perfiló desde principios de los noventa, cuando cuajaron dos procesos paralelos: la definitiva conversión del arte en una parcela de consumo cultural banalizado y, como posible réplica a esta misma obviedad, la incipiente disolución del arte hacía territorios muy híbridos con la consiguiente dificultad para hallar estructuras adecuadas de difusión. Lo acontecido en los últimos años hay que interpretarlo en esta clave. Iniciativas que anhelaban hacerse un sitio dentro del espectáculo, se han mantenido, corregido o desaparecido en función de esos parámetros de rentabilidad; en su lugar, esas otras iniciativas inscritas en la exploración y experimentación de nuevas prácticas (ya sean productivas, formativas o de difusión) han padecido la vulnerabilidad y la languidez propias y casi estructurales de todo lo aventurero.     

¿Qué herramientas crees que serían necesarias para activar de una manera sólida y real el entramado artístico en Barcelona?
Si alguien esta dispuesto a leer primero mi respuesta a la pregunta 4, entonces entenderá lo siguiente: la herramienta que, hoy por hoy, funcionaría a la perfección debería consistir en una suerte de pacto sectorial por el cual, todos los agentes del sector tuvieran garantizado trabajo, quizás mediante un proceso cíclico, de un modo más o menos continuado. Nadie defendería abiertamente el formato, pero la satisfacción sería generalizada.
Fuera ya de la caricatura que cada cual sabrá interpretar a su antojo, la relación de herramientas mágicas ha sido repetida hasta la saciedad: abandonar la retórica apoyada en la idea de Laboratorio y desarrollar efectivamente experiencias fuera de la respuesta estricta a una demanda expositiva. Esto pasa por explorar frontalmente las enormes intersecciones entre formación/producción/difusión sin distinguirlas en parcelas estancas. Hoy todavía los espacios formativos son un mero episodio curricular, con más capacidad de aislar que de contextualizar. A su vez, la producción esta abandonada a la suerte de unas pocas ayudas que, en caso de producirse, abandonan al aspirante a un tarea solitaria y ensimismada; en cuanto a la difusión, aquí solo se entiende como “exposición”, con el agravante de intentar constantemente refundar la idea solo por la vía de “nuevos formatos”.La otra receta infalible pasa por estructurar la trama de los recursos y las infraestructuras existentes. Ahora mismo cada iniciativa compite con el resto sin una conciencia clara de cuales podrían ser los roles de cada cual en el mismo escenario. Otra consideración fundamental es la necesidad de que cada agente interiorice su propio proceso de maduración; me refiero a que demasiadas veces se alcanzan resultados más o menos destacables, pero eso solo ha de conducir a la apertura de nuevos retos y no a la reedición manierista de una fórmula que acaba por agotarse muy rapidamente. Lo que funciona y quizás es necesario en un momento determinado no lo es para mañana.      

Uno de los aspectos básicos para definir las políticas culturales de una ciudad pasa por la observación y la definición de la identidad de ese contexto. ¿Cuál crees que es el aspecto que define de verdad (y no sólo a nivel de slogan) la identidad de una ciudad como Barcelona?
La característica más importante de la cultura catalana es que se sustenta en una burguesía que jamás hizo su revolución, que continua arraigada a un substrato rural y decimonónico y que, en consecuencia, no dispone de la pátina ilustrada de otros contextos occidentales. El asunto podría optimizarse, pero lo grave consiste en que se pretende actuar como si esa laguna histórica pudiera despistarse a la ligera. A fin de cuentas es lo que explica por ejemplo, el arraigado sentimiento de inferioridad que produce ansiedad de proyección internacional, malas maneras de satisfacerla y malgasto público. Es una cadena absolutamente viciosa. La misma cuestión de fondo, naturalmente, es también la que explica la ausencia de tradición de una cultura crítica que, en el marco actual, ha favorecido sobremanera el triunfo más sencillo del curator-animador. 

Observando el panorama crítico de Barcelona en particular, podríamos afirmar  que los agentes críticos no asumen el mismo papel que antes. Si una generación anterior destacaba por su gran capacidad intelectual y lo plasmaba en sus textos, una generación posterior apuesta más por la práctica experiencial y reacciona siguiendo los parámetros de la flexibilidad laboral y de roles. ¿Estamos perdiendo capacidad crítica?
La cultura ya no es, por definición, el lugar natural para el desarrollo de una economía crítica. Es fundamental partir de esta consideración antes de hacer una comparación entre los roles que pudieran protagonizar las prácticas culturales anteriores y las actuales. No nos engañemos, la mayor parte del circo del arte (artistas, responsables de centros, curadores y críticos)  ya no tiene por objeto el análisis crítico de la esfera social, a pesar de convertirla a menudo en la cantera de sus temas, sino que se inscribe de lleno en la esfera del trabajo, con sus ordinarias expectativas de ganancia, reconocimiento, ascenso y un grado de profesionalización que garantice una ocupación creciente y un crecimiento sostenido. En este nuevo panorama, es evidente que donde se detecta la mayor pérdida de capacidad crítica es en aquellos sectores que, confundiendo absolutamente las cosas, insisten en reclamar un contexto profesionalizado y protector apelando a la necesidad de plataformas para ejercer su supuesto espíritu crítico. La concreción más evidente de esta confusión – y del modo como ha sido interiorizada- es el increíble incremento de oferta formativa en el variopinto ámbito de la gestión cultural. A este ritmo, en muy poco tiempo tendremos batallones de gestores, comisarios, críticos y asistentes de todo tipo, dispuestos a defender su preparación y habilidad para desarrollar una “cultura crítica” mediante el mismo acto de resolver la demanda de programaciones y eventos que el mercado cultural demanda. Este es el panorama real, de modo que no creo que el deslizamiento desde una vieja crítica - cocinada a fuego lento, más textual y analítica- hacia unos modos más flexibles responda a nada más que a la absoluta absorción de la cultura por la lógica de la producción, con sus protocolos de contratación cada vez más precarios.



Creative Commons License




Google
 



* "A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John LeCarré)




Site Meter Firefox Opera