CASCATENG
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)
EDUARDO PÉREZ SOLER

Eduardo Pérez Soler piensa que el arte –como Buda– ha muerto, aunque su sombra aún se proyecta sobre la cueva. Sin embargo, este hecho lamentable no le impide seguir reflexionando, debatiendo y escribiendo sobre las más distintas formas de creación.

10 enero 2013

Es innegable que Internet ha desempeñado un papel fundamental para favorecer la diversidad. Las redes digitales de comunicación han hecho posible publicar y consultar documentos e información de todo tipo. En ellas, se acumula el conocimiento producido por una multitud de creadores con intereses, orígenes y trasfondos culturales diversos. En ninguna época como en la nuestra, tanta gente había tenido la oportunidad de acceder a una cantidad tan variada y extensa de documentos como la que ofrece la red: desde contenidos elaborados por especialistas y centros de investigación hasta materiales realizados por aficionados y diletantes; desde creaciones concebidas para público masivo hasta productos pensados para segmentos muy minoritarios de la población digital.

Por ello, no deja de resultar paradójico que comiencen a consolidarse una serie de prácticas en Internet que tienden a favorecer la uniformidad y a penalizar los contenidos que se salen de la norma y se sitúan al margen del gusto mayoritario.

Un ejemplo claro de ello lo tenemos en la manera de funcionar de los buscadores, que constituyen la principal puerta de acceso a los contenidos alojados en las redes digitales. Como es bien sabido, la popularidad es uno de los principales criterios en que se basan las arañas de los buscadores para otorgar relevancia a las páginas dispersas en la web. Si un sitio genera mucho tráfico y es enlazado por muchas páginas externas, tiene muchas posibilidades de aparecer indizado en las primeras posiciones de los resultados de búsqueda, hecho que, a su vez, provoca que obtenga más visitas y que aumente sus posibilidades de conseguir más enlaces desde otras webs.

Esta manera de funcionar termina teniendo efectos perversos, en la medida en que tiende a privilegiar la popularidad por encima de los criterios de pertinencia o calidad. Ya resulta muy habitual que, cuando uno busca información sobre temas concretos, los buscadores tiendan a recomendarle páginas muy visitadas, pero con información mediocre, al tiempo que le ocultan sitios más rigurosos, pero menos populares. En este sentido, no deja de resultar desesperante que las primeras posiciones de los resultados de búsqueda de casi cualquier tema cultural o científico suelan estar copadas por entradas de la Wikipedia o por páginas que calcan los contenidos de esta enciclopedia colaborativa. El resultado de ello es que los ecos de la Wikipedia comienzan a resonar en numerosísimas publicaciones tanto digitales como en papel. A final de cuentas, la inteligencia colectiva desemboca en el pensamiento uniforme.

Y que conste que considero que la Wikipedia es un proyecto magnífico, en el que he colaborado activamente (de hecho, durante bastante tiempo, llevé algo así como una doble vida: de día coordinaba –cobrando– la edición de enciclopedias para un poderoso grupo editorial, mientras que, de noche escribía y editaba –sin remuneración económica– artículos de las ediciones catalana y castellana de la Wikipedia). Simplemente intento alertar sobre los peligros que entraña la excesiva influencia cultural que comienzan a adquirir determinadas prácticas en Internet.

El saber alojado en Internet es abundante y variado, pero no siempre es sencillo acceder a él. En otro texto, afirmaba que las redes digitales habían traído consigo un nuevo tipo de rareza, que ya no depende de la escasez sino del desconocimiento. En nuestra época, una cosa es rara no ya porque exista en poco número –como los incunables o las monedas antiguas–, sino porque nos cuesta reparar en su presencia –como pasa con los documentos que permanecen semiocultos en los márgenes de la red. Y de hecho, gran parte del conocimiento acumulado en las redes digitales va ganando en rareza a medida que se muestra incapaz de competir con el enorme poder de atracción de los contenidos más populares de Internet y de encontrar los medios para obtener presencia en un entorno sobresaturado de información.

En realidad, uno de los grandes desafíos a los que nos enfrentamos quienes defendemos la pluralidad de Internet consiste en diseñar estrategias para lograr que lo minoritario, lo extraño y lo diferente encuentren canales para ganar visibilidad. De lo que se trata es de conseguir que la diversidad aflore y se haga un sitio dentro del inmenso territorio en que se ha convertido Internet.

  • Davis Lisboa
    10 de enero de 2013 05:35

    Hola Eduardo

    ¿Y que me dices de Google Academics?

    http://scholar.google.es/schhp?hl=es

    Davis Lisboa

    http://www.davislisboa.com

    http://www.davismuseum.com

  • r marcos mota
    10 de enero de 2013 06:01

    Es necesario revisar críticamente y ampliar los archivos, los recopilatorios y los foros que se asentaron en la década de los 2000. Así como es más urgente reconstruir las extensiones físicas a dichos círculos de interés e imaginarios para convertirlos en prácticas.

    El gran déficit de esta década es la falta de agitación y la agitación no actualizada que se producen por haber condenado determinados imaginarios al archivo-espectro virtual (un archivo muy frágil y alarmantemente condenado a su desaparición). Este encierro en lo intangible (incluso en "lo superado") debe considerarse un triunfo del capitalismo. Para reactualizar los contextos y las prácticas virtuales es imprescindible crear contextos y prácticas en el espacio no-virtual, lugar donde cada vez es más palpable la reconquista de poderes y posibilidades desde las estrategias politicoeconómicas actuales. Sin reclamar los espacios físicos (materiales) para la batalla de la reactivación y revisión de discursos, toda aportación de la diferencia será espontánea, individual e inconexa (así como es igualmente alarmante ver como las telecomunicaciones y los espacios virtuales están ganando cancha en la suplantación del valor táctil en su uso). Es esta inconexión física el peligro al que apunta la homogeneización de la diversidad.

  • Eduardo Pérez Soler
    14 de enero de 2013 08:02

    Davis: es cierto que los buscadores ofrecen herramientas que, de una manera u otra, permiten refinar sus resultados. Estas herramientas van desde los sistemas de búsqueda avanzada hasta los buscadores especializados del tipo Google Academics. Sin embargo, es necesaria una cierta destreza (de la que carece el usuario medio de Internet) para utilizarlas. En el caso concreto de Google Academics, este buscador utiliza unos algoritmos semejantes a los del buscador general de Google, aunque aplicándolos al mundo de las publicaciones científicas, con todos los problemas que ello conlleva. No estoy afirmando que esta herramienta carezca de utilidad, lo único que digo es que hay que ser conscientes de que su manera de funcionar tiende a favorecer el consenso en detrimento de la disensión.

    Marcos: me parece interesante tu reflexión acerca de la extensión de la virtualidad como una estrategia para desactivar la disensión en el mundo físico. A bote pronto, se me ocurre que la tarea consiste en recuperar tanto el mundo físico como el virtual como espacios de confrontación de la diferencia.

    Un abrazo a los dos.


moderado a priori

Este foro está moderado a priori: tu contribución no aparecerá hasta haber sido validada por la administración del sitio.

¿Un mensaje, un comentario?
  • (Para crear párrafos, deja líneas vacías.)


A*DESK | contact@a-desk.org