CASCATENG
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)
MONTSE BADIA
http://www.montsebadia.net

A Montse Badia nunca le ha gustado estarse quieta, por eso siempre ha pensado en viajar, entrar en relación con otros contextos y tomar distancias para poder pensar mejor el mundo. La crítica de arte y el comisariado ha sido una vía desde la que poner en práctica su convencimiento en la necesidad del pensamiento crítico, de las idiosincracias y los posicionamientos individuales. ¿Cómo si no podremos cuestionar la estandarización a la que nos vemos abocados?

06 marzo 2017

Mind maps, de Quim Packard.

Autogestión es una exposición que perfectamente podría subtitularse “El mundo según Antonio Ortega”, porque es una muestra que nos permite adentrarnos en la mente (creo que Víctor Valentín lo describió exactamente así) de su artífice, Antonio Ortega, una de las miradas más lúcidas del panorama artístico actual, como se evidencia desde la coherencia de un trabajo en el cual se engloban sus obras, conferencias performativas, su actividad como “artista terciario” en su etapa de responsable de programas públicos en el Centro de Arte Santa Mònica (2003-2008), su tesis doctoral y posterior publicación sobre el proceso de monopolización del arte por parte de la institución, titulado Demagogia y propaganda en arte según Antonio Ortega y su actividad como profesor en la Escuela Massana.

La exposición que ahora comisaría en la Fundación Miró aborda el tema de la autogestión, del que naturalmente derivan diversos subtemas como son el empoderamiento, el control sobre el propio trabajo, el DIY (Do it yourself), pero también el DIWO (Do it with others), las alternativas al sistema, la cultura del emprendedor y la precariedad, entre otros.

La autogestión es ahora mismo una práctica más que habitual y, seguramente, el 60 % de los artistas y comisarios está trabajando ahora mismo desde esos parámetros, con lo cual resulta pertinente preguntarse si la autogestión es una elección, el resultado de la generalización de ciertas herramientas de producción y distribución que permiten esta posibilidad o es una consecuencia de la crisis económica. Por ello, Ortega plantea un recorrido por algunas de estas prácticas y se detiene especialmente en ciertos gestos voluntarios de artistas consagrados y reconocidos que, en un momento determinado, optan con toda la consciencia del mundo por estos gestos de empoderamiento puntuales (hablamos de Gilbert & George, de Hernández Pijoan y del mismo Joan Miró, al quemar una de sus telas de una manera absolutamente controlada, subvirtiendo aquello que se esperaba de él en un momento concreto).

En cierto modo, la exposición también es autogestionada, en el sentido de que el comisario, artista también, ha asumido el control de múltiples decisiones que, habitualmente están predeterminadas por la institución. En primer lugar, enfatizando y confirmando su autoridad para hablar de este tema, que queda legitimado de diversas maneras: por la naturaleza de su propio trabajo, a menudo en la línea del DIY; por haber expuesto previamente en diferentes espacios autogestionados (Fireplace y Espai Colona) y, last but not least, precisamente por cuestionar continuamente su propia autoridad para hablar del tema: En el catálogo, en cuyo texto introduce con modestia “diez sospechas” que son completadas (y avaladas) desde la autoridad de Pilar Bonet en su calidad de historiadora, crítica de arte y profesora en la Universidad de Barcelona. En la exposición, las correcciones y observaciones añadidas a los textos de los plafones introductorios, van de la mano de la artista Mariona Moncunill que no duda en matizar muchas de las afirmaciones del comisario.

Notas al pie, de Mariona Moncunill

Autogestión es recuperar el control sobre la realización de la obra, pero también sobre su distribución. A diferencia de otros ámbitos de la creación (sobre todo el cine y la música) en los que se han encontrado fórmulas diversas de distribución (desde plataformas online, P2P) y también de producción (como el crowdfounding, entre otros), en el contexto del arte perviven todavía una serie de contradicciones: todavía hablamos de comercializar piezas únicas o ediciones limitadas de unas obras realizadas con medios que permiten una reproductibilidad ilimitada; de comprar y vender objetos; de accesos limitados; de instituciones que han crecido demasiado y les resulta difícil adaptarse a la flexibilidad y el dinamismo que los tiempos, las prácticas artísticas y el público requieren; de poder o querer formar parte de las industrias culturales…

Autogestión tiene que ver con recuperar el control sobre la obra y sobre su distribución, sobre la imagen y los derechos de comunicación. Y, en ese sentido, la exposición presenta un ejemplo magnífico: los cuadros pintados por Pere Llobera. Los cuadros son tan estupendos como la historia que los precede. En el año 2014, Pere Llobera comisarió la muestra colectiva Una exposición luminosa, en la galería Esther Monturiol. La imposibilidad de conseguir una fotografía de Sigurdur Gudmundson hizo que el comisario, antes de renunciar a la imagen, la pintara él mismo y expusiera dicha pintura. Y este es precisamente el encargo que Antonio Ortega ha hecho a Pere Llobera para esta exposición y su catálogo. En un ejemplo máximo de autogestión, Llobera se convierte en una suerte de “impresora al óleo” (Lloberas dixit) reproductora de aquellas obras de artistas como Yoko Ono, Gilbert & George o Piero Manzoni, entre otros, de manera que los derechos de reproducción de las obras originales no se irán a ninguna entidad gestora, sino que se transformarán en honorarios para Llobera. Hacerse amigos (y enemigos también) forma parte del proceso de autogestión.

Pero las estrategias de autogestión en el arte no son más que un reflejo de las fórmulas que están ya implementadas en otros ámbitos de la sociedad y tienen que ver con la búsqueda de alternativas para la producción y el consumo responsables. Curiosa y paralelamente, el neoliberalismo más salvaje lee la autogestión como una forma de emprendeduría: el mito del garaje, que recuerda Rubén Martínez en el texto del catálogo, en el que un joven (sí, acostumbra a ser “él”) al margen de las estructuras empresariales consigue crear algo nuevo que inmediatamente da paso una startup de éxito y él se convierte en un nuevo Steve Jobs que nos cambia la vida y de paso se hace multimillonario. Pero claro, lo que olvida este imaginario es que en el garaje acostumbra a haber un trabajo coral, mucho más DIWO que DIY.

La realidad desmiente finalmente el mito y muestra el origen del mismo, la precariedad. Poco que contar a la vista de los últimos informes aparecidos recientemente (La actividad económica de los/las artistas en España, realizado por Marta Pérez Ibáñez e Isidro López-Aparicio y el, todavía en proceso Cartografía d’artistes visuals de Catalunya, que se está preparando desde la PAAC, la Plataforma Assembleària d’Artistes de Catalunya). Por eso, lo dejamos aquí, no sin antes lanzar un par de preguntas: ¿es la autogestión, ahora mismo, fruto de la libre elección? ¿responde a la utilización de herramientas específicas de distribución? ¿o no es más que un plan B ante la crisis de las instituciones y/o la falta de otras posibilidades económicas?


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