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Magazine

26 febrero 2018
ARCO’18

Montse Badia

Cada vez que visito ARCO (o cualquier otra feria de arte) no puedo dejar de pensar en el difícil rol de las galerías en un momento en que artistas, instituciones, críticos, comisarios e incluso coleccionistas hace ya tiempo que han redefinido sus papeles. En una conversación reciente, una galerista alemana recordaba cómo, en los 90, instituciones y mercado seguían dos caminos paralelos, con algún intercambio puntual. Ahora mismo, no sólo están absolutamente interconectados sino que, demasiado a menudo, ferias y bienales llegan a intercambiar papeles. Por un lado, con proyectos de artistas que se muestran en bienales, apoyados, financiados y gestionados por galerías potentes con una influencia y visibilidad en el mercado que pocos stands de feria pueden ofrecer. Y, por otro, también vemos el camino inverso, programas comisariados en ferias, que se convierten en un espacio más de trabajo para comisarios independientes, estrellas de esta nueva clase social de precarios culturales.

Pero si cada feria tiene su idiosincrasia, ARCO todavía más, porque nace en la España de los años 80, un contexto y un momento de “modernización del país” (que ahora vemos no lo era tanto) y que ha desarrollado un papel de introducción del arte contemporáneo, creación de mercado, educación de nuevos profesionales y lugar de encuentro (profesional, social y de diversión -en ese punto Madrid siempre tiene mucho que ofrecer).

ARCO 2018 sigue potenciando ese aspecto de lugar de encuentro indiscutible que va más allá de la propia feria, con sesiones de trabajo a puerta cerrada entre responsables de instituciones y con debates y presentaciones abiertos a todos los públicos. En ese sentido, es agotadora. Como en una speed date, los y las galeristas intentan explicar de manera sintética la complejidad de unos trabajos en los que es imposible entrar en unos pocos segundos. Pero, en realidad, ese es nuestro presente, una acumulación de inputs, de imágenes, ideas, noticias, novedades y sucesos a los que a menudo no podemos destinar más que unos minutos o una lectura rápida de titulares.

Dicho esto, lo cierto es que ARCO 2018 no es una edición estridente ni ruidosa, al contrario, hay una cierta moderación en los trabajos presentados y todo está muy medido y ordenado. Mientras los stands espectaculares y “unlimited” se dejan para Basel, en ARCO se encuentran obras accesibles, en cuanto a dimensiones y también en cuanto a precios. En su camino por encontrar su lugar en el competitivo mundo de las ferias hace tiempo que ARCO apuesta por valores de futuro, emergencia y los espacios comisariados.

El futuro es precisamente el país invitado este año. Bien, no es exactamente así, pero sí que ocupa un espacio central y elevado, diseñado por Andrés Jaque, en el que las comisarias Chus Martínez, Rosa Lleó y Elise Lammer han encargado nuevos trabajos a 19 artistas. En un espacio de un color verde que recuerda a un césped artificial en el que poder relajarse o jugar, pero también a un verde croma, en el que se puede proyectar todo lo que queramos, los y las artistas muestran no ya un futuro, sino un presente que valdría la pena proyectar en el futuro. En las antípodas de Black Mirror, los trabajos de Regina Giménez, Eva Fàbregas, Teresa Solar o Július Koller, entre otros, hablan de nomadismo, DIY, relaciones intergeneracionales, sostenibilidad, supervivencia y creatividad. E indirectamente hablan de la necesidad de la existencia del propio arte como espacio de libertad si queremos que realmente exista un futuro.

Pero seguimos en el presente y el recorrido por ARCO siempre aporta momentos gratificantes. Ahí van algunos en modo desordenado: los momentos musicales en Hauser & Wirth, por gentileza de Dan Graham; la instalación Extra en la que Candice Breitz hace de ídem (Kow); Momu & No Es (Joey Ramone), la aproximación humanístico-científica de Pep Vidal en ADN galería y en Lmno, el inventario de elementos del vesturario de una mujer de Hans-Peter Feldmann (ProjecteSD), los comics que se expanden en el espacio de Francesc Ruiz (Estrany de la Mota), las relaciones cuerpo-espacio de Sigurdur Gudmundsson o familiares de Ragnar Kjartansson (i8)  o ”las pinturas hechas por otros” de Ryan Gander en Esther Schipper y de Enric Farrés Duran en noguerasblanchard; entre muchísimos otros.

Pero ARCO no es una burbuja inexpugnable y la controversia y la irritación del presente también se han colado en la feria, incluso antes de inaugurarse. La polémica creada por la retirada de la obra de Santiago Sierra “Presos políticos en la España contemporánea” es un síntoma de un aquí y ahora en el que la libertad de expresión está siendo vulnerada y, lo que es peor, la denuncia de este hecho a muchos puede resultarles incluso molesta o cansina. La realidad es mucho más cruel porque lo que está siendo desmantelado es el reconocimiento de los derechos humanos que tanto costó conseguir. Hace tiempo que en la foto polémica de ARCO en los medios de comunicación no aparece ninguna obra de Eugenio Merino, que es quien, este año, creo, ha realizado el retrato más fiel de nuestro presente.

 

A Montse Badia nunca le ha gustado estarse quieta, por eso siempre ha pensado en viajar, entrar en relación con otros contextos y tomar distancias para poder pensar mejor el mundo. La crítica de arte y el comisariado ha sido una vía desde la que poner en práctica su convencimiento en la necesidad del pensamiento crítico, de las idiosincracias y los posicionamientos individuales. ¿Cómo si no podremos cuestionar la estandarización a la que nos vemos abocados?
www.montsebadia.net

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