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Magazine

28 noviembre 2016
Detalle del Fondo Melquiades Herrera (portafolios con peines). Fotografía cortesía Centro de Documentación Arkheia, MUAC UNAM.
Arte contemporáneo como recurso: la curaduría de un archivo público. Entrevista a Sol Henaro

Paloma Checa

Desde abril de 2015 Sol Henaro es curadora de acervos documentales y responsable del Centro de Documentación Arkheia, el archivo bibliográfico y documental del Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional Autónoma de México. El Centro de Documentación Arkheia se inauguró a la par del proyecto museológico MUAC en noviembre de 2008. Si este importante museo se ha convertido en punto clave de las prácticas contemporáneas de vanguardia para el público mexicano e internacional, Arkheia es también hoy uno de los fondos de acceso público más activos y completos sobre arte reciente mexicano y latinoamericano. Entre los objetivos Arkheia está fortalecer un acervo documental referencial de las prácticas artísticas en México para fines de memoria, preservación, estudio y difusión. De entre sus proyectos en colaboración en curso destacan las bases de colaboración con el posgrado en Historia del Arte de la UNAM para propiciar investigaciones en torno a los fondos documentales; el segundo Encuentro Internacional “Archivos Fuera de lugar”; una colaboración entre el Ex Teresa Arte Actual (INBA) y el Centro de Documentación Arkehia (MUAC-UNAM) entre otros.

Hablamos con Sol Henaro sobre la posibilidad de hacer historiografía del arte actual desde un museo universitario de arte, sobre la flexibilidad de los estándares de práctica, las responsabilidades de un archivo con su público y su acervo, y la importancia de mantener autonomía respecto al mercado del arte contemporáneo, y por qué no, sobre cómo comisariar un archivo.

PCG- Sol, tú entraste a la curaduría de un archivo desde la curaduría de colecciones de objetos artísticos. ¿Puedes hablar sobre la traducción de una idea de curaduría a otra?

SH- Considero que cada proyecto que concibes o al que te sumas pide que “traduzcas” de alguna manera y hagas ajustes. Es decir, no entiendo la curaduría como una práctica inamovible o de un solo criterio, me parece sumamente cuestionable pensarla como una suerte de receta que pueda aplicarse de igual modo a cualquier caso. Procuro ser consecuente con mi posicionamiento ético-político en torno a las prácticas artísticas y la historiografía y, con ello, llevar mis intereses a los diversos formatos de trabajo a los que me enfrento (docencia, gestión, curaduría, escritura…). Me explico: en lo inmediato me desempeñé cinco años como curadora del acervo artístico del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC, UNAM) y desde ahí procuré intervenir ese relato de memoria, convocar individualidades y colectividades que considero provocaron agenciamientos a través de sus prácticas artísticas o bien, a través de obras específicas. Al pasar hace un año al cargo de curadora de acervo documental y responsable del Centro de Documentación Arkheia (MUAC), continué ese interés pero desde un acervo distinto donde se integran igualmente producciones singulares y significativas pero que en este caso, siendo fondos documentales, integran materiales heterogéneos. En ambos cargos mi interés ha sido cuestionar ciertas ausencias y procurar convocar determinadas voces a ese relato de memoria que implica la Colección MUAC. Una colección que, no hay que olvidar, es de carácter público y razonado.

Me interesa que hablemos del estatus del objeto en tu trabajo. ¿Cómo se trabaja la curaduría de objetos documentos, en lugar de una práctica curatorial centrada en la hermenéutica del objeto artístico?

Los fondos documentales son universos en sí mismos. Cada fondo tiene una personalidad que lo distingue de otros fondos pero digamos que, en todos los casos, los “bolos alimenticios” son heterogéneos: documentos personales, institucionales, correspondencia, bocetos, obra artística de diversos tipos, carteles, juguetes, planos, libros, postales, textos… lo que puede llegar o integrar un fondo es muy diverso. Todos los materiales que conforman los fondos pueden ser tan interesantes y pertinentes como absurdos y sinsentido, según quién activa una lectura en torno a ellos y según su capacidad de ejercicio historiográfico, hermenéutico o su relación con la noción de archivo. Considero que la práctica artística desde luego no está limitada al “objeto artístico” en sentido llano y convencional. Creo que hay diversos elementos, documentos, situaciones y energías que contextualmente pueden enriquecer mucho una aproximación y en ese sentido entiendo como “materia de investigación” casi cualquier cosa si es que tengo un marco que me permita relacionarme con ese objeto o material “x”.

Un detalle del tipo de contenidos (cajas y soportes). Fotografía cortesía Centro de Documentación Arkheia, MUAC UNAM

¿Cómo se pone el archivo en circulación dentro de una comunidad? ¿Puedes hablar sobre las estrategias de mediación o comunicación con el público que requiere el trabajo de archivo?

En el caso del Centro de Documentación Arkheia, que es el proyecto del que soy responsable actualmente, tenemos muy claro que uno de nuestros principales objetivos es el carácter público que, como museo universitario, nos distingue. Aquí no estamos “acumulando” archivos en un sentido de mercancía que entra al museo para reificarse. Uno de los usos más demandados es precisamente el acceso a los fondos con fines de investigación que bien son para proyectos curatoriales o para investigaciones de grado, por ejemplo. Otro modo de ponerlos en circulación es a través de los despliegues expositivos que generamos o comisionamos sobre Fondos Documentales específicos para generar con ello activaciones o nuevas puestas en público de dichos materiales. Recientemente ha sido muy interesante trabajar la investigación sobre nuestros fondos documentales desde prácticas que no suelen ser las más cercanas, por ejemplo a través de un chef y de un rapero-hiphopero a los que comisionamos ejercicios de aproximación a nuestros fondos desde sus propias prácticas. Trabajamos mucho en intentar restar naftalina al centro de documentación para acercar a nuevxs usuarixs y combatir el prejuicio de que son lugares aburridos o para metaespecializados.

Estoy de acuerdo con que combatir la reificación de su contenido es uno de los desafíos a los que se enfrenta un archivo. Como dices, Arkheia es un archivo dentro de un museo universitario, MUAC, en una importante universidad pública, UNAM. Al tratar con fondos especializados en arte contemporáneo, una industria donde las nociones de autoría y capital social funcionan de manera diferente a como lo hacen en la academia, ¿a qué otros retos se enfrenta Arkheia? ¿Cómo mantener autonomía de la industria pero aún así reflejar y documentar lo que en ella sucede?

Si te refieres a la plusvalía o el interés que suscitan actualmente éste tipo de acervos en la vorágine del arte contemporáneo te diría que depende. Nosotros tenemos un interés crítico, historiográfico, comprometido con la generación de otros relatos, de otras narrativas… pero desde luego que ‘el ojo de mordor’ (el mercado rapaz) también ha volteado a ver esos bolos de sentido que pueden ser los archivos. Nosotros, (MUAC-UNAM) no podemos competir en términos económicos con determinadas instituciones privadas o coleccionistas privados que suelen contar con recursos mucho más dilatados que los de una institución pública. Sin embargo, tenemos otro tipo de capital muy importante que es la confianza que genera el ser una institución universitaria, pública, que procura alimentar una colección documental para ponerla a disposición del consumo e investigación públicos y gratuitos. Este argumento no interesa a todos los artistas, propietarios o herederos de archivos, pero a aquellos más comprometidos y sensibles sí les interesa y es un caudal de posibilidades que no tan fácil pueden sostener todos.

Me gusta mucho tu defensa del archivo de arte contemporáneo como un servicio público abierto a la consulta e interpretación en distintas modalidades, desde la investigación académica o curatorial, hasta la lectura rapera-hiphopera o la del trabajo de un chef. ¿Cómo lees esta versatilidad de la institución histórico-artística, su apertura para ser performada y reenactada en distintos registros, dentro del panorama del arte contemporáneo mexicano y global? ¿Hay otras instituciones con las que dialogas?

Creo que es un desafío el procurar modos ‘otros’ de acercamiento a la investigación y en eso, no es que tengamos absoluta claridad de cómo llevarlo a cabo, pero estamos convencidas en que la pregunta por los modos no podemos ni obviarla ni abordarla una vez y pensar que es una ‘asignatura cubierta’. Seguiremos atentas y en el ejercicio autocrítico para revisar nuestros proyectos y ponderar hacia donde llevar el proyecto y de qué modo.

En cuanto a esta pregunta, en los últimos años han surgido diversos centros de documentación dentro de museos de arte o separados de ellos pero que apuntan más-menos a un trabajo y vocación cercana a la nuestra. Te diría que, por ejemplo, el Archivo y la Biblioteca del Centro de Estudios y Documentación MACBA me ha sido significativo porque lo utilicé y me lo apropié durante los dos años en los que cursé el Programa de Estudios Independientes del MACBA, pero también me interesan proyectos como la Biblioteca y Centro de Documentación del MNCARS, el Interference Archive y, desde luego, y de modo no solo intelectual sino afectivo, la práctica colectiva con la Red Conceptualismos del Sur de la que formo parte desde hace 6 años. En la RCS he encontrado un diálogo absolutamente potente y enriquecedor, ahí he podido crecer colectivamente en torno a distintas preguntas que atraviesan nuestro quehacer como investigadores, curadores, historiadores etcétera, que entendemos críticamente la memoria y desde luego, las genealogías críticas.

Paloma Checa-Gismero dedica su tiempo a leer, visitar exposiciones y ver películas. A veces escribe. A veces se involucra en proyectos de gestión, de producción o de educación, pero siempre cerca del arte. En una terraza oteando el Pacífico escribe su tesis doctoral en el programa de Teoría del Arte de la Universidad de California en San Diego.

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