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Magazine

04 abril 2016
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Conversaciones virtuales con Alex Gifreu

Cecilia Martín


Alex Gifreu no es un diseñador habitual. Hablar con él de diseño es hablar de todo menos de diseño. Su práctica profesional no conoce límites. Fronteras que todo el rato se diluyen. Aparecen, desaparecen, fluyen. Co-fundador del estudio gráfico Bis, junto a Pere Álvaro, y fundador de la editorial Cru con 43 publicaciones de artista editadas hasta la fecha. Ha publicado monografías para artistas como Dora García, Ignasi Aballí, Mabel Palacín, Jakob Kolding, Oriol Vilanova, Iñaki Bonillas, Carlos Pazos, Pepo Salazar o Salvador Dalí entre otros y es responsable de proyectos gráficos para Documenta 13, Manifesta 8, FRAC Bourgogne, Tate Liverpool, Centre Pompidou Metz, Fundació Tapies, Fundació Miró, Bienal de Venecia, Bienal de Sao Paulo o el Reina Sofía. Personaje clave a la hora de definir la función del diseño gráfico aplicado al arte como un medio para “ordenar las ideas de otros sobre el papel”. Claro y contundente. Para él el libro es una extensión de la obra.

Cinco en punto de la tarde en Ámsterdam. Le llamo por Skype. Responde desde Figueres. Detrás de él, una pared de libros y objetos que sobrepasa la pantalla. 1.408 km de distancia y 10 grados de diferencia; no me extraña que vaya en camiseta. La conexión es buena, no hay píxeles, ni caras congeladas, ni voces metálicas. Se oye una música de fondo que viene y va.  Es John Lydon, me aclara. Sin más preámbulos y al son de PiL, arranco.

¿Cuántos libros tienes?

Más de 20.000 aunque más que de libros prefiero hablar de volúmenes.

A la tumba ¿con cuál?

Ulysses de Dora García. Es una gran pieza, un ejemplar del Ulysses de James Joyce, publicado por Penguin en 1969, perfectamente cortado con un ángulo preciso. Hace referencia a la censura y a la limitación de la libertad. 

Lo tuyo con la autoedición… ¿Viene de largo?

En el verano de 1982 edité mi primera publicación. Tenía 11 años. Con la paga que me daban me compraba prensa extranjera como el Bild o Gazzetta dello Sport. Recortaba las imágenes porque me gustaba mucho el efecto de la cuatricomía sobre el papel rosa de la Gazzetta. Se llamaba Naranjito, la revista del Mundial 82.  Era mi contracrónica. Y aquí empezó todo. De ahí pasé a los fanzines. El más conocido es el que hice con Jordi Mitjà, Pus de iaia (Pus de abuela).

¿Y de ahí a concebir una obra en formato libro?

En 1997 hice una publicación que se llamaba Tipografías Inflamables. Mandé a 30 diseñadores de 11 países, desde Estados Unidos a Australia, tipografías diseñadas por mi y tenían que diseñar una página con una de ellas. Meses después junto a Jordi Mitjà hicimos TPS que eran las siglas de ‘tipoesia’. Con tipografías mías ilustrábamos sus poemas. Y este fue el pre Cru.

¿Qué es un libro de artista?  

El libro de artista no existe. Si miras en el diccionario la definición de libro te saldrá que es un conjunto de hojas ligadas con una cubierta. En cambio, te hago una pregunta: ¿Qué es arte? Tenemos claro que desde Duchamp cualquier cosa es arte; y desde Beuys cualquier persona es artista. Es imposible definir qué es un libro de artista cuando no podemos definir quién es artista y quién no, qué es arte y qué no. Más que libro de artista a mi me gusta hablar de publicaciones concebidas como pieza. En el sentido que la obra no existe en otro formato físico que no sea una publicación.

¿Por qué nace Cru?  

Cru fue una necesidad. Cru nace porque veía el trabajo de algunos de mis amigos artistas y, en aquellos momentos, no tenían publicaciones propias sobre su obra. Aparecía una página en publicaciones colectivas y no tenía ningún sentido. Yo creía en su trabajo, y pensé que si no se lo editaba yo, en aquellos momentos no lo editaría nadie. Teníamos 20 y pocos años.

¿Filosofía punk “hazlo tú mismo”?

Ahora es muy fácil editar pero en los 90 no era nada fácil y costaba una fortuna. Habíamos aprendido de la filosofía DIY del fanzine cutre de fotocopias. Tocaba dar un paso mas allá. El primer Cru sale en el 2000 y es de Jordi Mitjà. Es una caja hecha de plancha de acero marcada con contrapunzón tipográfico. La abres y dentro encuentras una escultura de aluminio de fundición, acompañada de un CD audio de la música que hacía Jordi en aquel momento, seis serigrafías y un librito con páginas de diccionario tachadas excepto las definiciones de las palabras Loop y Culture. Hay una gran cantidad de páginas tachadas que no aportan nada. A partir del segundo decidí que todos tenían que tener un formato DINA5. Lo planteaba con la idea de colección. Con el tiempo me di cuenta que supeditar todos los proyectos a un mismo formato no tenía sentido. Opté por adaptar el formato de la publicación a la naturaleza del proyecto.

¿Hay un hilo conductor detrás de “un Cru”?

No. El único hilo conductor podría ser la mano del diseñador pero no hay diseño, siempre intento que sea aséptico ya que creo que el diseño no puede competir con lo que estás mostrando, tiene que quedar en un segundo plano, cumplir unas premisas que pueden ser la legibilidad óptima, de orden, de composición pero nunca, nunca estar por encima del trabajo del artista. No soporto las cosas sobre-diseñadas y mucho menos las tendenciosas. Mi objetivo es que envejezcan bien. Yo estoy satisfecho cuando cojo un libro que hice 15 años atrás y no se me cae la cara de vergüenza.

Llevar el diseño a otro contexto y darle la vuelta ¿Te suena?

¡Claro! Al principio cuando me encargaban un póster me lo planteaba como una portada de disco. Si me encargaban una portada de disco me la planteaba como una página de libro. Si me encargaban un libro me lo planteaba como un calendario. Nunca hacía el encargo que me tocaba hacer sino que le daba la vuelta a lo que esperaban que hiciera. Interpretaba los parámetros básicos del diseño y los extrapolaba a otro contexto, estaba muy orgulloso de esta forma de actuar. Nunca he estado satisfecho del trabajo que he hecho pero me gustaba esta capacidad que tenía de darle la vuelta a las cosas. Hacer una cosa planteando otra. Es la negación de lo establecido. La contradicción. Es el “no sé lo que quiero pero sé como conseguirlo”.

Artistas, diseñadores, editores. ¿Importan los roles?

Es realmente una relación de simbiosis. Son tres personajes trabajando codo con codo. En las publicaciones de artista, la batuta la debe llevar el artista ya que tiene más peso específico. El rol del diseñador es poner los conocimientos adquiridos al servicio del artista. Buscar la solución óptima para la reproducción de su trabajo, ya sea en elección de papeles, en sistemas de impresión o en formato. Por ejemplo, en el caso de Sin principio/Sin final de Ignasi Aballí valoramos cómo reproducir la exposición en la publicación a escala 1:1. Al final decidimos que las piezas que no cabían en la publicación se publicarían en fragmentos a escala real o bien se reproducirían libros a tamaño real donde aparecieran las piezas que se querían mostrar.

Hay muchos diseñadores que van de artistas…

Para muchos diseñadores el diseño es arte, para mi no. El diseño es función. No soporto los diseñadores que van de artistas, tampoco me gustan los diseñadores que hacen prevalecer su trabajo por encima de lo que se está mostrando y su diseño se impone a lo que se está publicando. Me gusta más pasar desapercibido. Creo que el buen diseño es el que no se ve.

Pero por algo te interesa trabajar en arte…

Lo interesante del arte es que hay algo detrás. No es como la pintura del XVIII donde se buscaba un realismo fiel hasta el último detalle y se valoraba el virtuosismo. Ahora se aplica una idea. Desde que se empezó a aplicar el concepto la idea se hizo irremplazable. La concepción de una pieza es personal. Me jode que se confunda ocurrencia con idea. Hay quien cree tener una idea y en realidad es una ocurrencia y esto hace que haya arte poco interesante.

Una de las grandes satisfacciones de mi trabajo es poder trabajar con artistas porque realmente se aprende. Si dejas de aprender más vale desaparecer. Por ejemplo, en el caso de Dora García cada proyecto suyo es distinto y demanda una solución distinta. Ahora hemos abandonado el formato libro y estamos haciendo periódicos de un tiraje masivo de 25,000 copias ya que ella considera que este es el formato idóneo para mostrar su trabajo. Ya hemos hecho tres. Dora es una gran artista, una gran investigadora, siempre me esta descubriendo nuevos mundos, nueva gente.

¿Qué buscas con tus publicaciones?

En el fondo lo que quieres es que el que lo tenga en sus manos lo disfrute. Es importante porque le estás robando tiempo de su vida a alguien, que lo dedica a mirar algo que tu has hecho. Que te regale alguien su tiempo es brutal.

¿Cómo ves lo de las ediciones digitales?

En los 90 se hablaba de Net.art, se decía el futuro era el Net.art, pero ¿quien está haciendo Net.art 20 años después? Desde que en 1994 David Carson profetizó The End of Print se inició un debate sobre la desaparición de los libros y ahí siguen, más fuertes que nunca. No sé, tener en las manos el peso de un libro, la textura, distintos papeles, el color, todo. Es como echar un polvo o mirar porno en internet. Prefiero lo primero.

¿De qué te alimentas?

Si te soy sincero no miro lo que hacen otros diseñadores. Cada vez que tengo que hacer algo lo que hago es analizar lo que me cae encima de la mesa. A partir de aquí busco la solución más óptima. ¿Gente que me ha interesado y me interesa? Sí, mucha. Marcel Duchamp, Gordon Matta-Clark, Chris Burden, Dora García, Mabel Palacín, Danny Lyon, Tacita Dean, William Klein, Christian Marclay, El Lissitsky, Anri Sala, Jean-Michel Basquiat, Richard Kern, Man Ray, Hugo Ball, Kurt Schwitters, Piero Manzoni, João Onofre, Mike Kelley, Paul McCarthy, Mark Leckey, Miroslaw Balka, Raoul Hausmann, Dan Graham, Marc Nagtzaam, Jeremy Deller, Asier Mendizabal…

¿Tus cinco diseñadores clave?

Si nos centramos exclusivamente en diseño gráfico, gente como Rudy Vanderlans, Neville Brody, Vaughan Oliver, Aleksandr Rodchenko o Jamie Reid han alegrado algún momento de mi vida.

¿Cuál es el estado de salud del diseño hoy?

Todo lo que veo es bastante remake y me he vuelto muy cabronazo, no me interesa nada. Hoy en día crear es reciclar. Tal vez tenga que ver con la debilidad del pensamiento actual y la falta de espíritu crítico pero ese es un tema aparte. Durante estos últimos 20 años ¿Has visto algo que no hayas visto antes? Me puedes decir que sí pero si lo analizas encuentras muy fácilmente el punto de partida. Falta originalidad y lenguaje propio.

Ya que hablas de remakes, últimamente veo mucho apropiacionismo de la Bauhaus…

Tampoco creo en el diseño químicamente puro que defendía la Bauhaus. Todo te influencia.

Cecilia Martín se dedica a la creatividad estratégica. Es co-fundadora de Lava Lab (Amsterdam), para la innovación en museos mediante el diseño, la tecnología y el arte. Lleva toda su vida poniendo orden al caos y creando caos en el orden. Lo suyo son los procesos creativos colaborativos. Casi por accidente se ha especializado en comisariado para nuevos medios y sound art. La crítica es la mejor manera que ha encontrado de intentar describir lo indescriptible.

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