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19 febrero 2018
Cualquier práctica artística es el futuro. Entrevista a Chus Martínez

Rosa Naharro

Chus Martínez (Ponteceso, A Coruña, 1972) es directora del Instituto de Arte de la FHNW Academy of Art and Design, en Basilea. Ha desempeñado importantes papeles como comisaria e investigadora en instituciones como el Museo del Barrio de Nueva York; MACBA de Barcelona, la Sala Rekalde de Bilbao, el Frankfurter Kunstverein, la Documenta de Kassel, las bienales de Venecia y São Paulo. Fue incluida en la lista de la revista Art Review como una de las cien personas más influyentes dentro del ámbito del arte contemporáneo, y es incluso un personaje literario en la novela Kassel no invita a la lógica, de Enrique Vila-Matas. Chus Martínez regresa a España para comisariar en ARCOmadrid 2018, junto con Rosa Lleó y Elise Lammer, un programa expositivo para la feria que gira en torno al concepto del futuro.  

Por primera vez ARCO no cuenta en esta edición con un país invitado. En su lugar, es el concepto del futuro lo que vertebra la programación. ¿Responde este cambio a un agotamiento en el modelo anterior? ¿Cómo surge la idea?

La idea vino de ARCO. Fueron ellos, los que de algún modo, quisieron mover pieza y sustituir un concepto geopolítico y geográfico por otra forma de pensar y presentar cuestiones que van más allá de lo que cada galería escoja para mostrar y vender en la feria. ARCO ha querido continuar con un esfuerzo internacional, que lo ha tenido siempre, y encontrar, además, un metanivel donde abrirse a otras posibilidades.

Nuestro interés en el futuro radica, precisamente, en pensar que se trata de una noción temporal que posee, por ende, la capacidad de revelar, a través de un estilo, de la adopción de una forma, rasgos de un tiempo que está por venir. Lo interesante es pensar el futuro sin futuro, o sin asumir que ese concepto tiene capacidad alguna de predicción, – del mismo modo que, como muchas veces ha afirmado Jodorowski, el tarot es un método para situarse en el presente que de ningún modo predice aquello que va a pasar, – sino lo que nosotros esperamos que pase. Decir futuro es nombrar una cuestión filosófica, nuestra relación con el presente en una clave que trasciende los hechos, nombra nuestro deseo, pero también la forma histórica en como nos hemos situado en relación al pasado. “Hacer” aquí no se refiere, creo, a las medidas que vamos a tomar, o a las tareas que vamos a emprender. Entiendo, o así lo he interpretado, que hacer aquí nombra en un sentido general la totalidad de la actividad humana. Asumiendo que no somos una especie inactiva, sino que nuestra vida está marcada por los deberes y los deseos, el futuro es asumirlos, asumir que la especie humana no es pasiva y que, por tanto, debe generar continuamente una consciencia sobre las repercusiones de esa actividad. El futuro es ese destino, el de lidiar con nuestra actividad constante, con los hábitos, con sus consecuencias.

Trabajar en un contexto de mercado como es ARCO, determinado por condicionantes que, en ocasiones, son distintos a los del ámbito institucional de la cultura, ¿qué oportunidades y limitaciones ofrece?

En España siempre se demoniza el mercado y hablamos de un mercado en singular, pero lo cierto es que cuando vives en Basilea te das cuenta de que hay muchos mercados. Existen mercados específicos, como el de ART Basel, y que tienen otras dinámicas y otras lógicas que no son las de ARCO.  Este nació como un híbrido, es mercado, pero también ha tenido siempre una intención internacionalizadora y pedagógica. Para mí esto era lo interesante.

En cuanto a las limitaciones, hay que entender muy bien que ARCO es un contexto mediado, por una parte, por una organización que es Ifema, y que tiene las condiciones propias de una feria de arte y, por otra parte, por las propias galerías, que son, además, interlocutores y a las que hay respetar como un sector.  En un momento en el que el sector público ha sufrido muchos recortes y que necesita de todo tipo de apoyos para que los artistas no se queden solos con toda la responsabilidad de la producción, es interesante pensar qué ofrece este sector y en los múltiples problemas que están teniendo las galerías más jóvenes y de un circuito medio. Las grandes galerías no tienen ningún problema, al contrario, crecen cada día más. Pero si nos fijamos en los últimos tres o cuatro años, en la prensa especializada, nos damos cuenta de que las galerías pequeñas y medianas han sufrido como nadie y que están cerrando a un nivel y una velocidad que da un poco de miedo. El futuro es un concepto general, pero que debe estar apoyado en unas circunstancias concretas que son las que son y esas hay que aceptarlas porque las puedes cambiar, pero no cambiar de pleno. En este sentido, es importante saber que ARCO ofrece el espacio a las galerías gratis en las secciones especiales y que, de algún modo, la feria también hace un esfuerzo. Esto es impensable en otros contextos feriales. Esta voluntad da la oportunidad de traer a la feria otro tipo de obra y a otro tipo de artista que no tiene que estar vinculado al rendimiento económico.  Es un esfuerzo de todos los colectivos y es importante ser conscientes hoy en España de cuantas energías necesitamos para que algo se sostenga. Si el ámbito de lo público está en crisis, necesitará de la suma de muchos otros para que el artista pueda producir su obra en libertad, exponer y que su trabajo se pueda relacionar con el público general y con la ciudadanía.

El programa que desarrolláis cuenta con la participación de veinte galerías, pequeñas y medianas, y con la presencia de artistas más jóvenes. ¿Qué podemos esperar como visitantes?

Es importante no pensar en el futuro como una idea temporal. No queremos hacer un retrato del futuro, un concepto que es complejísimo y que deberíamos pensarlo como una pregunta filosófica. Cuando nos preguntamos por el futuro, lo que nos estamos preguntando en realidad es por la extensión del presente y por la posibilidad que ese presente sea sostenido y distinto. No hemos interrogado a nadie acerca de su visión del futuro; sería injusto para el público que una selección específica represente más a lo que va a devenir que el resto. Cualquier práctica artística, cualquiera, para mí, es el futuro. Partiendo de esa base, no hay que hacer ningún tipo de distinción, no hay que buscar ninguna voluntad de estilo, porque nosotros ya no estamos en la modernidad ni examinamos rasgos que sean definitorios. Decir vanguardia hoy es decir océano. La vanguardia tuvo una voluntad de romper formas, pero ahora, después de haber superado muchos de los preceptos establecidos, hemos aprendido que lo importante es encontrar nuevas formas de relación, y que estas van más allá del ámbito de la agencia humana: tienen que ver con nuestra relación con la naturaleza, y por supuesto, con el futuro de la producción, con el futuro de la vida, con el futuro del conocimiento. Todo esto es vanguardia.

¿Se puede hablar y se puede acotar esto desde una feria de arte?

No lo sé. No creo que sea tampoco el lugar, pero quien puede apuntarlo, en cualquier caso, son los artistas. A lo que nosotras hemos apelado, como comisarias, es a una cierta normalidad. El sector futuro de ARCO está compuesto por una gran pluralidad y una gran diversidad de artistas de generaciones y lugares distintos, muy internacionales y abiertos. Y esta debería ser la normalidad. ¿Lo es? No lo es. Políticamente estamos viendo como hay una brutal constricción que afecta a nuestra idea tradicional de lo internacional, de lo abierto y de lo plural. Esta misma mañana leía la noticia en la que Donald Trump decía no querer acoger inmigrantes de “países de mierda”.  Es aberrante. Por lo tanto, la normalidad para mí ya es el futuro, porque realmente no es el presente. Lo que se va a encontrar el público es que hay pluralidad, y algo sutil que traspasa a todas las galerías, que son todas pequeñas y medianas, y es el hecho de que han apostado muy fuerte con la gente con la que trabajan. Y eso se traduce en todas las propuestas como vínculo, relación, confianza, apoyo. Apoyar a la gente no es espectacular, es simplemente necesario.

Entre los ponentes que presentáis para debatir en torno al futuro, está el filósofo Santiago Alba Rico. Hace unos meses, en una conferencia en La Casa Encendida, proponía, para que el mundo fuera sostenible – y habitable-, un cambio revolucionario en lo económico, reformista en lo institucional y conservador en lo antropológico. En este sentido, ¿hacía dónde se orientarían el arte y la cultura?

Sabemos que muchos cambios no van a tener lugar, pero es importante que exista un ámbito para nombrarlos. El arte tiene una relación muy directa con el sentido de la libertad, y esta libertad transforma cultural e institucionalmente, e incluso, fuera de estos parámetros.  Por otra parte, como señala Santiago Alba Rico, el arte es conservador, pero en el buen sentido: tiene una magnífica idea de que lo antiguo y lo presente se pueden tocar y que en verdad no hay ningún saber que elimine a otro. Esto es fundamental en lo que el arte nos propone. Lo moderno no acaba con lo indígena y el gran reto que tenemos es ver y entender qué tipo de inteligencias tenemos ante nosotros y cómo vamos a tratar con ellas. Al mismo tiempo, el arte tiene una forma individual que en realidad no se subsume a una voluntad general. El artista tiene un gran sentido del ámbito de lo privado, pero al mismo tiempo, se relaciona con lo público y se produce una gran transferencia de conocimiento.

Otra cosa que me fascina es que el arte es lento y está bien que lo sea. Tiene total ausencia de espectacularidad; funciona más por ósmosis que por impacto y te da una gran oportunidad de crecer. Pero es cierto que tienes que estar cerquita mucho rato y mantener esa cercanía.  Si pudiéramos llevar esta misma cercanía a un programa pedagógico, si hubiera una querencia por parte de la política para acercar el arte a mucha gente y hacerlo de forma lenta y por la epidermis, esto sí tendría un gran impacto. El arte afecta a la memoria desde la vivencia y te transforma, te hace más frágil, pero también más hábil y flexible a la hora de imaginar otras formas de pensar.

A esto que apuntas de la lentitud y la cercanía, decía también Alba Rico que hoy no existen objetos, porque estos necesitan su tiempo para ser contemplados. Según él, de lo que estaríamos rodeados en realidad es de mercancías de consumo rápido. Recuperar el objeto implica, por tanto, un tiempo de contemplación, difícil por otra parte en un formato como el de una feria.

Totalmente. En los últimos diez años hemos visto un giro hacía la etnografía en artistas contemporáneos. Yo creo que tiene que ver, independientemente de la filosofía del objeto, con el hecho de que me quiero dar 3.000 años de historia, me quiero dar un tiempo que no coincida con la producción comercial, con el tiempo de mi vivencia como trabajador, que no coincida con la ideología. Se trataría de desincronizarte de lo tuyo, de abrirte hacia otras cosas.

En distintas entrevistas decías que la idea es “crear un espacio donde imaginar y proponer una visión de la complejidad que nos espera”.  En este sentido, la cultura y el arte podrían ser valiosos en tanto que posibilitan nuevos espacios de apertura e interpretación. Pero ¿cómo hacer entendible la complejidad sin simplificar los discursos? Un riesgo que vemos, por ejemplo, en la política y el auge de los populismos, y que ocurre en muchas otras esferas, incluida la del arte.

La palabra y el texto no son suficientes; es necesario abrir a la experiencia a través de la educación. Se necesita un grandísimo esfuerzo y hacer una gran inversión. No pasa por sí sólo y desde luego no sucede sólo con enunciarlo. Te puedes hartar de decir que eres feminista, pero si no está basado en una práctica y no hay una experiencia distinta de relacionarse con las cosas, da igual lo que digas. Lo que queda por venir asume que la complejidad necesita múltiples experiencias y que estas no se pueden poner simplemente al alcance del público con libros de texto o con eslóganes. Necesitamos experiencias nuevas, y esto implica, como dice Alba Rico, una reforma económica brutal.  Porque ¿qué garantías tenemos de que una educación a través de la experiencia vaya a tener rendimiento? En realidad, todas las garantías, pero es lo que más miedo nos da: reformar la enseñanza y hacer que todas las escuelas públicas tengan un altísimo nivel de calidad y una enorme ambición para relacionarnos de una forma nueva con todos los temas, o de poner en el currículum naturaleza y género, por ejemplo. Quizá eso forjaría la gran revolución. Es el gran reto.

Quizá también pase por resignificar las palabras. Existe una apropiación ideológica que ahueca y vacía el sentido de las palabras, y que hace además que sean fácilmente intercambiables. Hoy términos como creatividad o sostenibilidad forman ya parte de cualquier discurso empresarial y político. ¿Necesitamos inventar nuevas palabras?

Hemos acabado con un repertorio de palabras realmente limitado. Necesitamos otras palabras. Acabo de llegar de Japón y me he metido en un archivo de un señor que no conocía de nada, de un etnógrafo de finales del siglo XIX. Como el idioma es tan distinto, me pasaron un glosario de términos para que yo pudiese entender algo. Era impresionante, como si aprendieras a hablar de nuevo, y era genial, porque te daba grandes oportunidades para escenarios e imaginaciones distintas. E igual sí, es necesario resignificar algunas nociones, pero igual también olvidarse de algunos repertorios y, sobre todo, no buscar modelos y fórmulas ya dadas. En nuestro país, enseguida que algo funciona creemos que pudiera ser una fórmula, y somos los primeros en estandarizar las cosas y consumirlas. Estamos ante lo que muchos están denunciando que es el apropiacionismo por parte de personas que no tienen ninguna intención de hacer lo que dicen. En este sentido, yo creo hay que inventar mundos y sobre todo salirse de los que hay.

Terry Eagleton, en uno de sus últimos libros, Cultura, critica la arrogancia de esta y avanza que en el futuro los problemas centrales que afrontará la humanidad no serán culturales, sino mucho más mundanos: hambres, guerras, desastres ecológicos… y que la cultura, aunque será parte, no será decisiva en ellos.  ¿Tendrá la cultura un papel relevante en el futuro?

Es muy cínico afirmar algo así, porque ambas cosas no se pueden separar. Criticar sin más es muy fácil, pero ahora estamos en un momento en el que hay que intentar ver qué se puede hacer, qué se puede implementar, qué se puede ganar para todos. La cultura puede tener un papel grandísimo en el futuro, pero nos lo vamos a tener que currar. Están apareciendo multitud de iniciativas públicas y privadas en todos los sectores que buscan otro tipo de empatías que alteren lo mundano y que transformen la vida burguesa y moderna que conocemos. Estos esfuerzos no se están dando sólo en el ámbito cultural, sino que están coincidiendo con otros muchos que están surgiendo también en la ciencia, en las universidades, en muchos lugares. No son masivos, pero son muchos. Terry Eagleton puede pensar que es poco, e incluso, que la cultura no puede estar ahí, pero es más bien un problema que tienen muchos hombres que, en el fondo, las mujeres y la naturaleza les parecen temas blandos.

Naturaleza y mujer, dos conceptos que en filosofía además se relacionan desde antiguo y que han sido con frecuencia definidos como opuestos a la cultura.

Es lo mismo. Realmente, ambos temas, género y naturaleza, son coincidentes y a mucha gente les han parecido históricamente blandos porque hablan de voluntades políticas y cambios sistémicos sociales; de lo duro. Pero yo creo que el futuro va a venir por lo blando y la importancia de la consideración del género y la naturaleza y el darnos cuenta de que muchos parámetros no están excluidos de estos conceptos. Decir poder es decir también género.

Rosa Naharro intenta pensar el presente, así como sus distintos contextos, a través de la cultura y el arte contemporáneo. Ver exposiciones, escribir, leer, el cine, la música y hasta las conversaciones con amigos pasan a ser herramientas. Entender e interpretar “ algo” de esto que llamamos mundo se convierte en una autoimposición, así como tomar cierto posicionamiento, que no distancia, ante él. Compagina escribir en A*Desk con su tesis doctoral en la UCM, y trabaja en proyectos desde la gestión cultural

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