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Magazine

31 octubre 2012
De Pollock a la performance

Montse Badia

El desgaste de ciertas prácticas curatoriales llevadas a cabo en los últimos años en el ámbito internacional, unida a la ausencia de unos estudios en arte en el ámbito local que planteen análisis metodológicos en lugar de enumerar tendencias y cronologías, hacen más necesarias que nunca las exposiciones de tesis fruto de una investigación rigurosa y, sobre todo, que elaboren recorridos temporales transversales.

En ese sentido, estamos de suerte porque hasta el 24 de febrero la Fundación Miró de Barcelona presenta “¡Explosión! El legado de Jackson Pollock”, coproducida junto al Moderna Museet y comisariada por Magnus af Petersens, hasta hace unos días jefe del Departamento de Exposiciones y Colecciones del Moderna Museet y desde este mes de octubre conservador jefe de la Whitechapel Gallery de Londres. En el año 2006, Magnus af Petersen estaba preparando una exposición individual de Paul McCarthy y hablando sobre algunos de sus primeros trabajos (que pueden verse ahora también en “¡Explosión!”) el artista comentó la influencia que para él había tenido Jackson Pollock y, especialmente, su proceso de trabajo. Esta referencia nada obvia fue el punto de partida de la exposición que el pasado verano se presentó en Estocolmo y ahora, con algunas diferencias que comentaremos más adelante, lo hace en Barcelona.

Cierto es que Petersens no descubre la pólvora y así lo reconoce explícitamente. El subtítulo de la exposición “El legado de Jackson Pollock” reproduce el título del ensayo escrito en el año 1956 por Allan Kaprow, el mismo que acuñó la palabra “happening” y contribuyó a la aparición de las prácticas artísticas conceptuales. Petersens sigue el diagnóstico de Kaprow al identificar el momento posterior a la Segunda Guerra Mundial como el detonante de una necesidad de empezar de cero, de agredir la pintura, percibida como una práctica ya agotada y explorar otras vías. Y para ese empezar de cero unas imágenes fueron clave para señalar un antes y un después: las fotografías de Hans Namuth que acompañaron un artículo aparecido en la revista “Life” sobre Jackson Pollock en el que se mostraban sus obras, pero sobre todo, al artista en acción (y nunca mejor dicho).

La tesis de la exposición es bien clara: evidenciar el legado de Pollock, es decir, del artista en acción, subrayando la relevancia del gesto y sus consecuencias: el cambio en el papel del artista y su distancia respecto a “la obra”, el énfasis en los procesos y el cambio en el rol que debe asumir el espectador. En el camino se van mostrando diferentes opciones y aproximaciones: el grupo Gutai en Japón lanzando botellas llenas de pintura contra las telas; Niki de Saint Phalle disparando pintura; las máquinas que pintan de Jean Tinguely; Yves Klein vestido con smoking dando instrucciones a sus modelos para realizar “en vivo y en directo” sus Antropometrías o el mismo artista realizando las pinturas con fuego; etc etc.

Y aquí se introduce uno de los mayores logros de esta exposición que es el de situar los documentos audiovisuales al mismo nivel que las obras, documentos a los que, por otra parte podemos acceder vía youtube, pero que al situarse justo al lado de la “obra” (como estudiábamos en Historia del Arte en la Universidad de Barcelona), se convierten en un “update” brutal de los trabajos.

El azar, las instrucciones, las coreografías o las performances son aspectos con los que los artistas están trabajando ahora mismo. Y esta relación con el presente, que formaba parte de la exposición en su presentación en Estocolmo, es la que se ha obviado en su viaje a Barcelona o se ha hecho a la manera de pequeñas pinceladas (léase trabajos en vídeo de Janine Antoni o Tracey Moffat y Gary Hillberg, sin grandes complicaciones ni requerimientos para su instalación). Y es una verdadera lástima porque la performance está presente en diferentes programas expositivos de la ciudad, como Fabra i Coats o la Fundación Tàpies, pero no se ha conseguido marcar un recorrido real, más allá de la mención en los diferentes folletos informativos de dichas instituciones.

A Montse Badia nunca le ha gustado estarse quieta, por eso siempre ha pensado en viajar, entrar en relación con otros contextos y tomar distancias para poder pensar mejor el mundo. La crítica de arte y el comisariado ha sido una vía desde la que poner en práctica su convencimiento en la necesidad del pensamiento crítico, de las idiosincracias y los posicionamientos individuales. ¿Cómo si no podremos cuestionar la estandarización a la que nos vemos abocados?
www.montsebadia.net

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