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Magazine

01 octubre 2018
De encontrar piedras

Anna Dot

“Una piedra”, dice Lluc, de repente, mientras su madre y él caminan por Vic. Tiene 11 años y seguramente también tiene sus motivos para soltar “una piedra”. Para mí, que desconozco las razones, las piedras de Lluc me hacen pensar en los poetas simbolistas, como Stéphane Mallarme, Rainer Maria Rilke o Arthur Rimbaud, cuyos textos se alejan de las descripciones realistas y de apariencia objetiva, para ofrecer especulaciones, tal vez, sobre las conexiones secretas entre las cosas. Lluc dice “una piedra” y quizás no hay ninguna piedra, ni ahora ni aquí. O quizás sí, quizás hay una y es tan insignificante o tan espectacular como la Obra telepática (1969) que Robert Barry transmitía durante la exposición de Seth Siegelaub en la Simon Fraser University de Vancouver[i]Lluc pronuncia “una piedra”. Y entonces, ¿qué? ¿Qué hacemos con una piedra?

En el fotolibro Quer (2018), Jordi Daví da algunas ideas: “Romper, rayar, rasgar, pulir, desbastar, agujerear, picar, desgastar, afilar, son algunas de las acciones que hacemos con las piedras”[ii]. Conozco bien a un levantamuros que, al leer el listado de Daví, añade: “y encontrarlas. Las piedras también puedes encontrarlas”. Hay quien se las encuentra “no meio do Caminho”, como el escritor brasileño Carlos Drummond de Andrade.[iii]. También hay quien sabe hacer sopas[iv]; hay quien las viste, como Rosa Tharrats; hay quien hace hinchables, como Jordi Mitjà; y también hay quien las extrae, haciendo explotar montañas, quien las raya y quien las colecciona. Hay quien informa sobre las rocas que sobrevuelan la Tierra a menos de 0.2 unidades astronómicas, como el bot de Twitter @lowflyingrocks, y hay quien las regala, como si fueran cartas de amor y luego se olvida.

Algunos profesores de escultura proponen llevar una en el bolsillo, para tocarla sin verla y aprender su tacto, memorizar las texturas. A algunos niños muy pequeños se les decía que cargasen unas cuantas, para evitar que el viento se los lleve. Con las piedras nos hacemos casas y muros, pisamos papeles y también muertos, para que no vuelvan. Hay quien, siguiendo alguna supuesta orden divina, ha lapidado a quien creía culpable; pero también hay quien equilibra las energías de la casa poniendo algunas en puntos clave. Algunas piedras han sido armas, otras han sido grandes tecnologías: el conjunto megalítico de Stonehenge se ha interpretado como uno de los primeros ordenadores astronómicos, mientras que la Piedra Rosetta podría verse como un traductor automático totalmente primitivo[v]. Con todo, no se me ocurre nada que pueda ser tan multiuso y que a la vez esté tan desvalorizado como una piedra. Stonehenge se abandonó, los conocimientos que llevaba asociados se perdieron y ahora es un reclamo turístico por lo que se cree que fue, pero el conjunto megalítico todavía es sólo un grupo de piedras. Incluso si en algún momento ha sido un arma, una carta de amor, una referencia cromática, un traductor automático… Una vez abandonada, una piedra no será nada más que lo que era: una piedra, como las de Lluc, como una palabra; puede serlo todo y puede ser nada más que una piedra o una palabra. O puede que no. Si en la biografía de cada palabra podemos leer episodios de la historia del mundo, ¿qué leemos en cada piedra?

Bruno Munari (imagen)[vi] encontró el mundo en una piedra y Lorenz von Liburnau descubrió la gama cromática del mar en unas cuantas rocas, como las que Irene Kopelman muestra en la obra Indexing Water (2017). El verano pasado, el levantamuros que he mencionado antes se quejaba: “No hay piedra”, decía. Yo paseaba y la veía, en las montañas y en las casas y en las playas. Y él insistía, “no hay piedra”. Al cabo de unas semanas supe a qué se refería. Durante la llamada crisis inmobiliaria española, algunas canteras cerraron. Si no hay quien explote las montañas, ¿de dónde sacamos la materia prima para construir? Parece que la situación económica comenzó a recuperarse y ahora algunas canteras están volviendo a recuperar la actividad. Poco a poco, es posible volver a contemplar el espectáculo de la desaparición de trozos de montañas o su diseminación invisible, en otras formas, por los espacios que reservamos a la civilización.

Los campos de grava son otra especie en extinción del mundo geológico. Al menos en nuestro contexto. El mismo levantamuros recuerda que durante la época del Milagro Económico Español, algunos terratenientes de las zonas rurales se enriquecieron notablemente gracias a la extracción y venta de la grava que había en el subsuelo de ciertas tierras destinadas a cultivos agrícolas. Aquellas capas subterráneas de roca sedimentaria, formadas a partir del paso de ríos, habían tardado siglos en formarse. Seguramente se están generando nuevas, a un ritmo mucho más lento que el de producción de grava en un arenero. Parece que nuestras vidas bailan arrítmicas, descompasadas de los flujos geológicos. Quizá es que su magnitud nos supera y somos una especie cobarde. En nuestras ciudades, las piedras están tan presentes y son tan imperceptibles como las que pronuncia Lluc. Sólo las vemos cuando él las dice en un gesto, de hecho, muy poco civilizado: el de nombrar algo tan fuera de contexto, tan poco útil, tan poco capitalizable, como “una piedra” en medio de Vic. El levantamuros dice que las piedras se encuentran. Para encontrar las de Lluc quizás deberíamos rascar las fachadas, levantar las calles, deshacer el asfalto, volver a fundir el cemento.

 

 

[i] En el catálogo se anunciaba de la exposición de Seth Siegelaub en la Simon Fraser University: “During the exhibition I shall try to communicate telepathically a work of art, the nature of which is a series of thoughts; they are not applicable to language or image”. Para más información, se recomienda la lectura de Ursula Meyer a Robert Barry para Ubu Papers (12 de octubre de 1969).

[ii] Daví, Jordi. 2018. Quer. Vic: edicions d’algun-lloc. Este fotolibro surge de la búsqueda de topónimos que vienen de la palabra “quer” (Quermany, Bosquerós, Quers, Querol, Queyron, Queyrellet …) por Cataluña y el sur de Francia. Posteriormente, Daví fue a buscar cada localización para fotografiar la piedra a la que se refiere el nombre. El fotolibro Quer recoge estas fotografías y la acompaña un texto de Jaume Coll y Mariné.

[iii] El poema “No meio do caminho” (1928), de Carlos Drummond de Andrade, se refiere a una piedra en medio del camino. Puede leerse aquí.

[iv] “Sopa de piedras” es un cuento popular, que cuenta cómo un soldado que no tenía nada más que piedras consiguió cocinar una sopa gracias a las aportaciones de toda la gente con la que se encontró y con quien la terminó compartiendo.

[v] Phil Blunsom, experto en traducción automática en la Universitat d’Oxford, afirma que los desarrollos en herramientas de traducción automática son, de hecho, “a larger-scale version of what was done with the Rosetta Stone”, tal como recogió el periodista Paul Rubens en el artículo “Building Babel: Lost in machine translation”, per a BBC Future (18 de novembre de 2014).

[vi] Munari, Bruno. 2006 [1971]. From afar it was an island. Verona: Corraini. Trad.: Isobel Butters.

Anna Dot nació un domingo de abril. Es de Torelló y trabaja entre dos mundos que no percibe separados de ninguna manera: el de la producción artística y el de la reflexión sobre los contextos artísticos a través de la escritura.

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