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Magazine

26 enero 2009
Documentos que funcionan

Aimar Arriola

“Working Documents” es una interesante propuesta colaborativa que se aproxima a cuestiones como las políticas de género, la traducción como mediación o la producción y recepción de la imagen-documento, a partir de nuevas formas de registro documental presentadas en una serie de dispositivos relacionados. La exposición de La Virreina Centre de la Imatge de Barcelona, que se ha podido disfrutar desde el pasado mes de noviembre y que se clausura el próximo 8 de febrero, ha sido una de las piezas centrales del proyecto.


“Working Documents” no es sólo una exposición. Es un proyecto de investigación y ensayo curatorial en proceso a cargo de Virginia Villaplana y Montse Romaní, que cuenta con la activa participación de las artistas internacionales Natalie Bookchin, Marina Grzinic & Aina Smid, Emma Hedditch, Alejandra Riera, María Ruido y Sandra Schäfer. A través de la puesta en marcha de una serie de dispositivos relacionados, el principal objetivo de este proyecto es la construcción de una plataforma crítica desde la que repensar las formas de representación hegemónicas, sus manifestaciones capitales (como el documento) y las posibilidades de intervención social que de ahí se derivan.

La iniciativa es interesante porque ha ofrecido a las participantes la oportunidad de generar colectivamente un contexto discursivo. A lo largo del 2008 se fueron desarrollando una serie de encuentros entre las artistas y las comisarias con el objetivo de construir juntas un espacio de acción común: intentar repensar que es y debería de ser la práctica documental hoy. Estos encuentros se ampliaron y complementaron con otras citas entre las participantes y distintos agentes sociales y culturales de Barcelona, en los marcos de la 16 Mostra Internacional de Films de Dones, el centro social y cultural okupado Exit y el ciclo Fuera de programa en el CCCB, y continuarán en 2009 con nuevas jornadas en torno a los procesos de producción y diseminación de producciones documentales (para más información consultar: www.workingimages.org).

Una de las nociones clave en las discusiones previas entre artistas y comisarias fue la de “des-documentar”, que propone la posibilidad de de-construir la propia idea de documentalismo. Es decir, que frente a la aparente objetividad del género tradicional del documental, las “prácticas desdocumentales” serían aquellas que operan bajo la plena consciencia de su función como herramienta de registro y manipulación de la realidad, aquellas que cuestionan su propio proceso de articulación y producción de ideologías. Y en este sentido, ha sido pertinente leer este proyecto en relación con/complemento a otras propuestas en torno al documento y lo documental de la recién clausurada temporada expositiva de Barcelona, como la exposición-ensayo “Archivo Universal” del Macba, que analizaba las nociones de documento y género documental en la historia de la fotografía a partir del estudio de algunos debates sobre la cuestión a lo largo del siglo XX.

“Working Documents” opta por presentar de manera relacionada posiciones actuales en torno a lo documental de contextos diversos, incluyendo al Este: Natalie Bookchin (EE.UU.) participa con un film compuesto por clips de YouTube grabados desde vehículos en movimiento, que nos traslada a los límites físicos y mentales de las naciones, el lenguaje, el género y la clase; de Marina Grzinic & Aina Smid (Eslovenia) se incluye una serie de trabajos en vídeo, que en esencia buscan repolitizar la práctica del videoarte; Emma Hedditch (Reino Unido) presenta el resultado parcial de un conjunto continuado de respuestas dadas a la invitación a participar en la exposición; Alejandra Riera (Argentina-Francia) esta presente con dos trabajos en estadios muy distintos sobre las relaciones que nos unen a las máquinas; María Ruido (España) presenta la primera versión de “Plan Rosebud”, su proyecto de investigación sobre los dispositivos de representación y control de las subjetividades durante el Franquismo y la Transición; y Sandra Schäfer (Alemania) muestra una instalación en dos partes sobre su trabajo en proceso sobre la construcción de patrones de género y su superación en Afganistán e Irán.

El acertado diseño del montaje de la exposición –a cargo de las propias Romaní y Villaplana, con la colaboración de Olga Subirós y el grafismo de Anna Sala– contribuye a la puesta en relación de todas estas diferentes propuestas y tiene como referente el uso que la artista norteamericana Maya Deren hacía de la noción de anagrama, en el que cada elemento existe en relación con el conjunto y de manera simultánea, independientemente de que como visitantes aquí percibamos los trabajos en sucesión. De hecho, Villaplana y Romaní han explicado que el origen del proyecto general “Working Documents” se sitúa en el material de rodaje que Deren filmó entre 1947 y 1954 sobre los rituales en Tahití. Además, defienden que la teoría cinematográfica de esta, y su “cine como arte de contexto”, son el origen genealógico del nuevo documentalismo que emergió en la década de 1980 y de la que son participes y/o deudoras las artistas incluidas en la exposición.

En mi opinión, el fundamento y la solvencia de la propuesta radican en que Villaplana y Romaní defienden la práctica del comisariado como actividad híbrida e inestable en la forma; es decir, entendida como herramienta para la generación de nuevos acercamientos metodológicos de análisis y nuevas formas críticas de diseminación, que son, en última instancia, las que facilitan la creación de nuevas formas de conocimiento. Porque, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las propuestas curatoriales que copan el panorama estatal, la práctica del comisariado tiene sólo sentido si es reivindicada en cuanto a su potencial crítico y a su imposibilidad de ser reducida a criterios estables.

Y si simplemente añadir, que pese a que la traducción literal en castellano de la expresión en inglés “Working Documents” sería “documentos de trabajo”, dado que el vocablo “working” como adjetivo designaría también algo que opera, que está activo, en funcionamiento, el título de la muestra bien podría haberse traducido como “Documentos que funcionan”. Y funcionan porque tanto ese comprometido enfoque curatorial de la exposición como los puntos de vista individuales que recoge, son capaces de activar otras formas de hacer y de entender la producción cultural y su relación con el presente.

Aimar Arriola
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