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En defensa del silencio contingente

Magazine

03 julio 2013
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En defensa del silencio contingente


¿Cómo se gestan los cambios que anteceden a las revoluciones? ¿Cómo es el silencio anterior al gran evento? ¿Quién tanteaba intuitivamente el potencial de las tecnologías nuevas? ¿Y las posibilidades de renovación de los lenguajes ya clásicos? La importancia de la muestra +- 1961 La expansión de las artes es que habita el nicho de la respuesta a estas preguntas.

La exposición se puede ver desde ahora hasta finales de octubre en el Museo Nacional Reina Sofía (MNCARS) de Madrid. Es una de esas revisiones necesarias de momentos históricos clave, donde los tímidos avances quedan eclipsados por la explosión conjunta de hechos varios poco tiempo después. No es que nadie conociera el trabajo de John Cage o Dick Manfield, pero sí es cierto que ésta es una muestra locuaz de sus exploraciones hacia los límites de la música. Las partituras se acompañan de toda clase de documentación adicional, mostrándolas como productos colaterales de una negociación o investigación conjunta, compartida y discutida por los miembros de una comunidad pequeña con intereses comunes.

También sabíamos ya de la importancia de la danza en el desarrollo de nuevos lenguajes artísticos en los últimos cuarenta años del veinte, del San Francisco Dancers’ Workshop, de Ann Halprin y su insistencia en la improvisación. De cuán importante era llamarse movedor en lugar de performer y, sobre todo, de aceptar el evento tal y como hubiera tenido lugar, de entenderlo como algo en sí mismo, no ensayable, absolutamente contingente y diferente. Sabíamos que Robert Morris había pasado por allí, mucho antes de llamarse escultor.

Y del teatro. Que George Brecht pensara sus composiciones musicales en relación a objetos, que de llamarlas música pasara a denominarlas eventos. Que su compañero Cage, de nuevo, hablara del teatro como «la situación constante en la que puedes ver, oír y oler las cosas”. Sabíamos de la huella que dejó el guión teatral, en forma de instrucciones, como límite para todo lo demás.

Habíamos leído que el loft de Yoko Ono era escenario para todo esto. Que la AG Gallery de Maciunas les organizó exposiciones a todos. Que eran un grupo de amigos haciendo cosas para ellos. Dicen éstos y los de la siguiente generación que no se conocían. Aparentemente no existió contacto entre el fluxus, el minimal y el conceptual. Por extraño que pueda parecer, viviendo todos en la misma isla.

La muestra es una lectura fundamental de cómo se lanzan todos a la búsqueda del silencio contingente. Describe qué pasaba antes del gran estallido de finales de década. Se enmarca en esa genealogía de las artes marcada por el énfasis en la impronta que las artes escénicas han tenido en el pensamiento contemporáneo; la que defiende que la liberación de las ataduras de los géneros plásticos vino con la aceptación en su centro de preguntas más familiares para los trabajadores del cuerpo y los sentidos. El MNCARS da este verano una buena lección de historia del arte.

Paloma Checa-Gismero es Profesora Adjunta en San Diego State University y Candidata a Doctora en Historia, Crítica y Teoría del Arte en la Universidad de California, San Diego. Historiadora de arte contemporáneo global y latinoamericano, estudia los encuentros entre estéticas locales y estándares globales. Publicaciones académicas recientes incluyen «Realism in the Work of Maria Thereza Alves,» Afterall journal, Fall 2017, y «Global Contemporary Art Tourism: Engaging with Cuban Authenticity Through the Bienal de La Habana,» in Tourism Planning & Development journal, vol. 15, 3, 2017. Desde 2014 Paloma es miembro del colectivo Editorial de la revista académica FIELD.

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