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26 septiembre 2016
Vista de la exposición 'Andrea Fraser. L’1%, c'est moi', 2016. Foto: La Fotogràfica
“Estar” en algo

Marina Vives

No es gratuito que el trabajo sea una de las primeras cosas sobre las que preguntamos a alguien cuando queremos saber de éste/a. Hace siglos, en los 90, una de las entradas estrella del ligoteo era ese mítico “¿estudias o trabajas?”. Luego esto del trabajo remunerado se convirtió en una broma histérica para la juventud así que pasó a la historia como pregunta gancho. En la actualidad se ha impuesto el multitasking, más notoriamente en ámbitos como el artístico, en el que preguntar en qué trabajas es preguntar algo así como “¿en qué estás ahora?”, sin que este “estar” deba ser completo, y en el que ese “ahora” es indefectiblemente finito. El cómo podamos concentrarnos en un solo proyecto o trabajo define un poco también nuestra suerte en la vida: algunos, los pocos, pueden hacer una cosa tras la otra, pero la mayoría nos vemos abocados a tener varios calendarios ajustados avanzando en paralelo para llegar a fin de mes.

Trabajo es dinero, y dinero implícito es lo que también encontramos en la exposición monográfica que el MACBA ha dedicado a uno de los estandartes del arte de la crítica institucional, Andrea Fraser. Dinero que mueve el mercado, que alimenta los museos, que condiciona a los artistas, que excita a los galeristas, que menosprecia a becarios, que interviene, en definitiva, en cada una de las capas (“sociales”) del mundo del arte al que Fraser apunta y del que se apropia en sus performances ultra-teatralizadas.

Desde las incipientes performances en las que Fraser se adentraba en la figura de los guías de museo y realizaba a partir de ahí una reflexión autoreferrencial por necesidad, hasta la documentación textual que ha generado a lo largo de su carrera… l’1% c’est moi es una exposición cuasi didáctica. Un recorrido estructurado por temas/apartados (museos; globalización; ¿verdad que es una exposición preciosa?; fantasías descartadas; lo personal y lo político; coleccionado/archivado) pretende mostrar por áreas un trabajo que en realidad se podría leer de forma lineal a través de una trayectoria coherente, con pocas (que si las hay) estridencias. La exposición abarca desde los primeros referentes basados en la crítica institucional de los 60 a la crítica económica, social y “globalista”, pasando por la más vinculada a la subjetividad e intersubjetividad del feminismo. En todas las etapas, Fraser se nutre de crítica teórica para llevarla a su territorio, apropiándose de su contenido para realizar discurso y obra. Pero ¿qué ocurre cuando la crítica deviene ente a criticar? Fraser aparece y se hace completa en cada una de sus críticas, y si bien ya afirmó que “…Somos la institución”[[La cita exacta es “No es una cuestión de estar en contra de la institución: Somos la institución. Es una cuestión de qué tipo de institución somos, qué tipo de valores institucionalizamos, qué formas de la práctica recompensamos, y a qué tipo de reconocimientos aspiramos”, en “From the Critique of Institutions to an Institution of Critique”, Artforum, septiembre de 2005]], surge la duda de si esto es estrategia o es síntoma de que al final las formas succionaron al fin.

Salvando las distancias, y quizás por la presencia en las obras como por el tono crítico con el sistema, en este caso especialmente el económico y laboral dentro y fuera del mundo del arte, se encuentra también el trabajo mucho más cercano de Raquel Friera, que se articula así mismo con una profunda conciencia de género. Hace unos meses vimos en ADN Platform One year women’s performance 2015-2016 (The clock piece), un proyecto inspirado en la performance One Year Performance 1980-1981 (The Clock piece) de Tehching Hsieh. En ese trabajo, Friera reflexiona sobre el trabajo no remunerado realizado por mujeres a nivel doméstico. Pero en su haber están también piezas como La selva laboral, donde cuestiona malas prácticas laborales dentro y fuera del ámbito cultural, o El Brillo del arte, sobre la invisibilidad del personal de limpieza, no tan solo en el mundo del arte; Deudas sin intereses, donde reflexiona sobre el concepto de la deuda; o L’art de vendre (el arte de vender), donde lleva a cabo un símil entre la venta comercial de tienda y la venta en el mundo del arte. Estas piezas, entre otras, forman parte de una trayectoria artística crítica tanto con el sistema-arte como con el sistema-mundo.

Son muchas las formas de relacionarse con el trabajo y la institución laboral y económica, muchas las formas de “estar” en algo, tanto a nivel de prácticas institucionales del sistema arte -la respuesta variaría si, como Fraser, adoptamos el rol de coleccionista o del artista- como desde el punto de vista de implicación, protagonismo o intensidad. Aun así, nunca es demasiada la crítica orientada a balizar malas prácticas, situaciones abusivas y contextos peyorativos, sea desde el MACBA o desde una calle del Raval. En la realidad compleja que acompaña y envuelve al arte, no hay que olvidar que este puede ser canal, medio y objeto para apuntar a disfunciones socio-económicas del mundo en el que vivimos.

Marina se pasó los primeros dos años de su vida sin hablar: les dijeron a sus padres que estaba interiorizando. Y aunque hace ya un tiempo que habla, sigue necesitando interiorizar. Y luego sacudir, dudar, ordenar y desordenar, celebrar. Encuentra política en muchos lugares y tiene un especial interés en lo subalterno, el "commons" y en los puntos donde todo impacta con la expresión creativa.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)