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Magazine

24 octubre 2013
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Extreme Burden

Xavier Acarín

Parece ser que han sacado del olvido a Chris Burden, y ahora más de uno se va ruborizar. El mito del artista agresivo, el Evel Knievel de la escena artística de los setenta, presenta su retrospectiva en el New Museum, en una suerte de explicación canónica de su trabajo que busca por encima de todo ser aplaudida.

Des de 1988 no se había visto un solo-show de Burden en un museo americano, así que era de esperar ver un ejercicio de musculatura del aparato museístico-espectacular, y bueno, ahí está. Empezando con dos estructuras en lo más alto del museo que recuerdan las torres gemelas – por lo visto ya estamos en esa línea de homenajes, véase lo último de Bansky– seguidas por el Ghost Ship clavado a mitad de la fachada, y acabando por las piezas de grandes dimensiones que parecen enclaustradas en el interior de este montón de cubos. Todo con esa tensión aparatosa de la ambición, muy alejada de la sencillez desgarradora de sus performances iniciales.

Ahora bien, hay un contrapunto en la proximidad de la presentación, Burden se cuela y nos habla de sus intenciones des de las cartelas y en seguida se nos aparece ese rostro enigmático con bigote de su video con la documentación de algunas de sus piezas del periodo 1971-1974. De hecho así empieza la muestra, con este video encajado en un lugar de paso mientras el resto de la sala lo ocupan unos dossiers que reproducen el contenido de sus libros Chris Burden 71-73 y Chris Burden 74-77. Una forma de evitar los embarazosos re-enactments en plan Abramovic, lo que es de agradecer, aunque no dejan de ser un re-enactment, pues ese mismo modo de presentar la documentación ya se llevó a cabo, con el mismo tipo de mesas y sillas, en una exposición de 1974 en la galería de Ronald Feldman.

Del cubo con la documentación, bajamos al resto de cubos donde se acumulan las obras de ingeniería, la búsqueda de los límites de lo material o la violencia con la que lo material se acumula en este basurero llamado mundo. Así encontramos el video con las vigas lanzadas des de las alturas, la montaña de lingotes de oro (4millones de dólares) alrededor de la cual bailan unos paganos hombrecitos hechos de cerillas, un porsche y un meteorito en equilibrio perfecto o la moto que despierta un gigante volante de inercia. Todo hasta llegar a la instalación ‘A Tale of Two Cities’ (1981), donde cinco-mil juguetes de distintas procedencias representan una batalla inacabada entre dos ciudades. La obsesión por las maquetas, como en los puentes y en los submarinos, no sólo agota las posibilidades de lo físico sino que confronta al visitante con el temor de hallarse enfrente la obra de un macho compulsivo.

Cuentan que la comisaria, la directora Lisa Phillips, tuvo que convencer a Burden para incluir piezas en el interior, ya que él, reacio a los museos como es, prefería el exterior, que le otorgaba una escala acorde con sus obras. Podríamos incluso cuestionar si realmente ha habido comisariado, ya que la muestra no es muy afortunada en la selección o la ubicación de las piezas en un espacio difícil. También se cuenta de que Burden no apareció hasta el día de la inauguración, así que seguramente hubiera sido mejor hacerle caso y cortar el Bowery con camiones, puentes y grúas, dejarle expandir sus retos, mostrar la violencia intrínseca en cada objeto, incluido su cuerpo y olvidarse del interior claustrofóbico de un museo, que entre nosotros, lleva tiempo dando bamboleos.

Y al final nos queda Burden, el Burden anti-sistema, el artista que se auto-promocionaba en anuncios televisados, en una era donde el crowd-funding no obligaba a los artistas a enseñar su mejor cara en facebook, el que aguantó cinco días encerrado en una taquilla, y no vestía de Givenchy o el que a través de una instalación participativa quiso derrumbar el museo, de verdad, en serio, y no a través de las prácticas críticas del blablablá.

Xavi Acarín está fascinado con la experiencia como motor de la cultura contemporánea. Ha trabajado para centros de arte y organizaciones culturales tanto en Barcelona como en Nueva York, con especial atención a la performance y a la instalación.

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