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Magazine

17 marzo 2014
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Franz Erhard Walther en WIELS

Xavier Acarín


La leyenda del minimal va más allá de la reiterativa producción industrial, seriada y modular. Desde esa frialdad del adjetivo pasamos a un más caluroso trasvase entre el objeto y la situación, en donde se desata la cuestión relacional. Las piezas redefinen el espacio y la interacción pasando, por mucho que le pese a Michael Fried, a una dimensión teatral, en donde el espectador se incluye como co-productor, eso es como “beholder” en un eco transatlántico al concepto situacionista de “viveurs”.

En este sentido, el trabajo de Franz Erhard Walther supone un exquisito ejemplo en la expansión hacia la experiencia. Sus primeras obras de finales de los cincuenta a principios de los sesenta, manipulan el papel y el cartón en busca de una tridimensionalidad infringida por la cola, el corte o el envoltorio. A partir de ahí sus obras se propagan con la aparición de la tela, cosida a mano por su pareja, y llegan a sus más conocidas cuotas con el Primer Equipo de Trabajo (1963-1969), una serie de telas-objetos que deben ser activados por los visitantes. Aquí el objeto se convierte en un medio, donde su uso comporta una experimentación en comunicación, meditación y movimiento. La equivalencia entre la recepción y el momento de la creación, pasa por agrupar al cuerpo en el espacio/tiempo con un gesto, una actividad que se constituye como situación de uso. Las condiciones de la acción, se desarrollan en estas dimensiones, donde la distancia, la proporción y la intensidad son las coordenadas de la experiencia. Las múltiples posibilidades del devenir, la potencialidad escondida en cada uno de estos instrumentos, reflejan nuestras propias existencias y actividades cotidianas, abriéndonos a la reflexión infinita sobre las mismas. Y sí, hay quien ha querido ver en esto una traducción germánica de los Parangolés de Oiticica. Igual de características son las Formaciones de Pared, donde cuerpo y muro, se encuentran gracias a una tela que nos enmarca y en donde podemos reseguir en propia carne los límites entre el assamblage y el environment.

Para Walther tan importante es el momento de la activación como el momento del almacenamiento, el desplegar y plegar la tela, no sólo facilita la apreciación del tacto suave, sino también sugiere un cierto carácter único, de expectación, y respeto por un material que aunque seamos nosotros quien lo activa, guarda en su naturaleza íntima una objetualidad viva y antropomórfica.

Así como el almacenamiento, la documentación y la investigación se mueven entre el arte y el no-arte, por medio del dibujo y la acuarela, se hacen explícitas las instrucciones y los detalles de la instalación. A partir de estos planos, vistas y anotaciones se descifran las fuentes del pensamiento y el proceso de trabajo.

Igual de especial es el interés que Walther ha tenido desde sus inicios por la tipografía. Uno de los primeros ejemplos es la impresión a color de una serie de palabras como museo, donde la palabra busca alimentar ya una expansión corporal, donde el lenguaje se transforma en acción, o mejor en posición del cuerpo, evidenciando la vertiente performática del diseño.

Si en 2011 las obras de Walther se pudieron activar en el DIA:Beacon, estos días están disponibles en el WIELS de Bruselas, donde deberían funcionar también como un pabellón anexo al Museo de Arte Útil que ocupa a pocos kilómetros de ahí el Van Abbemuseum. Si bien la utilidad de las piezas de Walther, no tienen esa voluntad transgresora, si recalcan el aspecto vivo, que toda Social Power Plant se merece. Y además, se posicionan como un perfecto momento intermedio entre la interacción del Abstract Cabinet, del energético duo El Lissitzky- Alexander Dorner y la utilidad militante de la línea Eduardo Costa-Tania Bruguera.

Xavi Acarín está fascinado con la experiencia como motor de la cultura contemporánea. Ha trabajado para centros de arte y organizaciones culturales tanto en Barcelona como en Nueva York, con especial atención a la performance y a la instalación.

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