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Magazine

02 julio 2018
Manifesta 12 en Palermo. El Jardín Planetario. Cultivando La Coexistencia

María Muñoz

“Asumamos que la Tierra es un pequeño jardín”. Esta afirmación del paisajista y filósofo Gilles Clément, de su libro Le Jardin Planétaire (1999), parte de la idea de que vivimos en una especie de Edén, cuyos guardianes somos los humanos, que debemos cuidar su diversidad y sostenibilidad. Ahora hagamos zoom y situémonos en el Mediterráneo, entre África, Europa y Oriente próximo, en Sicilia, su isla más grande. Sicilia ha sido a lo largo de la historia dominada por fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, españoles, austriacos o franceses, dejando sus marcas culturales y arquitectónicas.

Los flujos de pueblos trajeron consigo religiones, culturas, idiomas y semillas de plantas que han generado una vegetación híbrida domesticada por el suave clima mediterráneo y que se plasma en la pintura romántica de Lojacono Veduta di Palermo [foto 1]. En ella, ninguno de los elementos naturales representados es autóctono[i]. Incluso los cítricos, hoy tan típicos, fueron introducidos durante la dominación árabe. Todo esto, junto con obra del radical Clément —de la que toma el título— ha inspirado la doceava edición de Manifesta, la bienal nómada europea que se celebra esta vez en Palermo. Será difícil de olvidar, en sus vicios y sus virtudes, esta Manifesta, modulada sobre un tema tan elusivo como fascinante: la idea de una ciudad como un jardín planetario que da la bienvenida a todos. Metáfora —o utopía, vistas las políticas migratorias del “primer mundo” y en concreto de Salvini, nuevo ministro del interior italiano[ii]— de nuestra sociedad global, y de la palermitana en particular, crisol cultural sincrético.

En Palermo, oratori y palazzi, con sus cicatrices causadas por el abandono , vendados y apuntalados, han puesto a prueba a artistas de todas partes. Me pregunto si el heterogéneo equipo curatorial, que aquí pasa a llamarse “mediadores creativos”, dirigido por el siciliano Ippolito Pestellini, arquitecto y socio de OMA -del que también forma parte Andrés Jaque, habían imaginado que la ciudad respondería con tanta generosidad a la propuesta de abrirse a lo contemporáneo. Me pregunto también si habían previsto que la “grande bellezza” de Palermo pondría a prueba nuestra capacidad de concentrarnos en las piezas contemporáneas, aturdidos por la luz y la arquitectura. Que la lánguida magnitud de los lugares escogidos corría el riesgo de oscurecer los rigurosos mensajes sociales que muchos artistas han confiado a sus filmes (fantásticos como los de U. Orlow, L. Poitras, Masbedo, Y. Ancarani o Alterazioni Video), requiriendo el sacrificio de sentarse en la oscuridad y ponerse auriculares para pensar en migración, tráfico humano, cambio climático, mafia o control tecnológico de fronteras.

Precisamente, la invasión de contemporaneidad decepciona escandalosamente en el Oratorio di San Lorenzo, donde Nora Turato ha situado una horrible jaula de metal negro. En este lugar tan delicado, con estucos de Serpotta del siglo XVIII donde santos y putti hablan ya de por sí de cuerpos frágiles y torturados, la croata realizó su performance sobre mujeres maltratadas, rompiendo el silencio con una letanía en inglés. Esta pieza forma parte de la sección “City on Stage”, el escenario es la ciudad, y que, a pesar de esta pieza, cuenta con algunos de los trabajos más convincentes de la bienal, los de gestos moderados como Da Quassù È Tutta Un’altra Cosa del colectivo belga Rotor [foto 2]. En el parque nacional Monte Gallo, a finales de los 1970 y a la sombra de la Cosa Nostra, se emitieron permisos de construcción en Pizzo Sella, apodada “colina de la vergüenza”. Se comenzaron unas 170 villas, luego abortadas por la Municipalidad en 1997, pero nunca demolidas y desde entonces objeto de batallas legales. Visibles desde la carretera, los esqueletos de hormigón han sido el objeto de la intervención: Rotor ha apuntalado una de esas estructuras convirtiéndola en un mirador. A un lado vemos el ondulante Mediterráneo; al otro, la expansión urbana de Palermo. Legalidad, posibilidad, función y ocupación de elementos naturales y sociales en torno a ideas de planificación y escenario. La pieza me recuerda a Chantier Permanent (1993) de Pierre Huyghe[iii], proyecto sobre construcciones en la costa mediterránea italiana que permanecen inacabadas y con su esqueleto abierto incluso después de su compra, como una forma de fraude.

Desde el mirador se pueden ver los bloques de color arena de la Zona Espansione Nord (ZEN), un suburbio de viviendas sociales diseñado por Vittorio Gregotti e inspirado en la ciudad amurallada. Más bien parece una fortaleza, o una prisión. A pesar de las aspiraciones utópicas del arquitecto, rápidamente se convirtió en pasto del crimen organizado, desempleo y pobreza. El colectivo inglés Coloco, junto con el ya mencionado Clément, han creado un jardín comunitario. Lo bueno de este proyecto site-specific es que incluye a los residentes. Un dispositivo de activación en el complejo marco legal, social y ecológico, de esta dilapidada parte de la ciudad.

De vuelta a la ciudad, delante del puerto, en el Istituto Padre Messina, se encuentra la videoinstalación de Jordi Colomer New Palermo Felicissima. En pantalla, un pequeño grupo de personas visita en barco la Costa Sud de la ciudad, antes paraíso turístico, ahora contaminado. Una guía joven, interpretada por una actriz, repite textos del escritor Roberto Alajmo dictados a través de un pinganillo. Ficción, historia oral y comunidad bajo la perspectiva ondulante de los que miran la tierra desde el mar.

El Palazzo Ajutamicristo, construido alrededor de un patio de rosas, higos y palmeras en el siglo XV, alberga obras centradas en redes transnacionales, donde todo (finanzas, información o combustible) se puede mover, excepto las personas. Un zumbido emana de la pieza The Third Choir de la jovencísima argelina Lydia Ouhramane. Son barriles de gasolina en cuyo interior se encuentran teléfonos móviles —quizás como remanente del negocio ilícito de trafico de personas— sonando a modo de coro. Los bidones son la primera obra de arte que exportó Argelia en 40 años debido a las estrictas leyes postcoloniales que rigen su patrimonio cultural. Este trabajo forma parte de la sección “Out of Control Room”, como el de la sala adyacente Connected by Air, del holandés Richard Vijgen. Él, como varios otros, abordan el tema de la vigilancia global. En este caso, una proyección en el techo recuerda a un planetario en el que, en lugar de constelaciones, se muestran datos en tiempo real de señales inalámbricas, aviones y satélites  recordándonos que nos observan constantemente.

En el morisco Palazzo Forcella De Seta, Forensic Oceanography investiga la creciente militarización del Mediterráneo y el impacto de sus necropolíticas[iv] mediante la sobresaliente y extensa videoinstalación Liquid Violence. Continuando con el trabajo de Forensic Architecture[v]—nominados este año al premio Turner— muestran cartas de navegación, movimientos de barcos y remolques de embarcaciones abandonadas. En una de las paredes, hay un gráfico que muestra las muertes en el mar desde 2011. El detalle es devastador y la información a procesar abrumadora. Al lado, más sufrimiento humano fuera de control en el filme Untitled (Near Parndorf, Austria) del irlandés John Gerrard, quien utiliza tecnología de videojuegos para reconstruir el sitio en una carretera austriaca donde en 2015 se descubrió un camión abandonado con los cuerpos sofocados de 71 inmigrantes. El propio recuerdo del artista nos muestra la muerte como abstracción cuando las fortunas políticas están en juego.

Si muchas de las obras antes mencionadas pecan de excesiva literalidad y presentación cinematográfica de estilo documental, recordándonos realidades oscuras, la tercera de las secciones “Garden of Flows” tiende a una posición más utópica, celebrando la esperanza, la posibilidad y, por qué no, la belleza. Una de sus sedes es el exuberante Orto Botánico, proyecto ilustrado y colonial fundado en 1789 y hogar de miles de especies exóticas, entre ellas el gigantesco ficus macrophylla, una especie de edificio vegetal que también está en la Piazza Marina. La relación del hombre con la naturaleza, el antropoceno, aparece en el delicado trabajo de Michael Wang: carbón, un bosque encantado y un ataque de bacterias que produce colores extraños en una fuente situada en medio de la vegetación del jardín botánico.

En frente Foreign Farmers, el huerto de Leone Contini, muestra la cohabitación de vegetales traídos por poblaciones migrantes a Sicilia, un proyecto correcto pero bastante simplista para ser el resultado de diez años de investigación… Mucho más interesante es la propuesta What Is Above Is What Is Below del dúo Cooking Sections [foto de portada]. Utilizando materiales de construcción, repiensan las técnicas de riego en seco inspiradas en los tradicionales giardini panteschi (Isla de Pantelleria)[vi]. En Sicilia, donde durante mucho tiempo el control del agua ha estado ligado al crimen organizado y cuya economía, mayoritariamente agrícola, está ahora amenazada por las sequías del cambio climático, estas tres estructuras propuestas, ubicadas en Spasimo, Giardino dei Giusti y Volpe Astuta, imaginan diferentes formas de avanzar.

Por su parte, Theatre of the Sun del dúo con base en Los Angeles Fallen Fruit, es el resultado de mapear todos los árboles frutales de la ciudad situados en espacios públicos. Poca gente repara en ello, porque la instalación también consta de un papel de colores brillantes estampado con dichas frutas —probablemente la pieza más instagrameada de la bienal—  que decora las paredes de una sala del espectacular Palazzo Butera, joya del barroco siciliano. De la exuberancia al minimalismo poético de Renato Leotta en Notte di San Lorenzo, evocación sutil de la tierra en su complejidad y disputa [foto 3]. Leotta, aunque turinés, es el único artista de la bienal residente en Sicilia. El artista ha cubierto de losas de terracota sin esmaltar una gran estancia del palacio. Las losas poseen marcas causadas por la caída de limones procedentes de un huerto de cítricos de su propiedad en las estribaciones del Monte Etna. Este suelo actúa como una especie de espejo para los frescos barrocos del techo derrumbado, recordándonos las economías agrarias sobre las que se construyó ese lujo urbano tal y como describe Giuseppe Tomasi de Lampedusa en su magnífica obra Il Gatopardo (1958), un fastuoso retrato de la Sicilia feudal del siglo XIX posteriormente llevada al cine por Visconti.

Manifesta ofrece además la posibilidad de visitar lugares desconocidos incluso para Palermo, como es el caso del Archivio di Stato, una especie de osario con historia de siglos plasmada en documentos notariales. Precisamente un documento datado en 1958, encontrado allí por el dúo de Milán Masbedo, que acusa al director Vittorio De Seta de actividad subversiva, da pie a la potente y efectista instalación Protocolo n. 90/6 [foto 4]. Los artistas iluminan ese documento en medio de los miles de volúmenes polvorientos y amontonados. Al fondo una gigantesca pantalla LED donde una marioneta de madera con ojos perforados, expresión desconcertada y un traje azul eléctrico se enfrenta en silencio al espectador. La marioneta representa a De Seta. Lástima que esta singular e inolvidable pieza solo esté abierta al público durante unos días, después el archivo se cerrará de nuevo.

Uno de los puntos fuertes de esta Manifesta en Palermo es que ha comisionado 36 nuevos trabajos. Muchos de ellos se han realizado en estrecha colaboración con personas de la ciudad y con atención hacia Palermo como un “algo” espacial, cultural, político e histórico. La bienal nómada que nos hace nómadas, una vez más ha alcanzado su objetivo: la confrontación, el enfrentamiento, la sorpresa, el viaje entendido como inmersión en la realidad contradictoria y multiforme que nos rodea. Otro de los excelentes literatos que ha dado la isla, Gesualdo Bufalino, describió Sicilia como “la luce e il lutto”. La ciudad de Palermo es eso, una cosa y justo lo contrario. La necesidad de equilibrio entre belleza y horror, racionalidad y delirio, la luz de la vida y la oscuridad de la muerte. Es refinada y decadente, miserable y soberbia, bulliciosa y resignada, es y ha sido ilusión y fatalidad pero, sobre todo, una ciudad libre del miedo a lo “diferente” que se abre al mundo. Definitivamente, en este jardín sí queremos meternos.

 

Manifesta 12 en Palermo (Italia), hasta el 4 de noviembre de 2018.

[i] “En la pintura de 1875 Veduta di Palermo de Francesco Lojacono, presente en la colección del Museo GAM en Palermo aparece el olivo de Asia, el álamo temblón del Medio Oriente, el eucalipto de Australia, la tuna de México o el níspero de Japón”. Palermo Atlas (Julio 2017), estudio urbano interdisciplinar de la ciudad realizado por OMA (Office for Metropolitan Architecture) previo a Manifesta 12 y que da base al concepto curatorial.

[ii] Matteo Salvini prohibió la entrada a los puertos italianos del Aquarius, un barco de una ONG que transportaba 629 inmigrantes el mismo día de la pre inauguración de Manifesta 12. El alcalde de Palermo, Leoluca Orlando, mientras tanto anunció que Palermo lo recibiría. El barco fue luego aceptado por las autoridades españolas en el puerto de Valencia.

[iii] http://artdaily.com/news/52410/You-have-been-there–Departures–bifurcations—A-proposition-by-Marie-Muracciole-at-Marian-Goodman-Gallery#.WzLRJRIzbBI

[iv] La “Necropolítica” se basa en la idea de que para el poder social y político unas vidas tienen valor y otras no. Achille Mbembe fue el primer pensador en explorar el término en su ensayo On the Postcolony, Wits University Press (2015).

[v] https://www.forensic-architecture.org/case/left-die-boat/

[vi] http://www.conoscerepantelleria.it/giardino-pantesco.html

Gestora cultural formada en Historia del Arte e Ingeniería de Telecomunicaciones, esa hibridez forma parte de su naturaleza. A caballo entre Berlín y Barcelona, colabora habitualmente en diferentes medios escribiendo sobre arte contemporáneo y haciendo hincapié en la confluencia entre arte, sociedad/política y tecnología. Le apasiona la imagen en movimiento y la música generada electrónicamente. Lo que más le gusta es compartir y dialogar a raudales antes de escribir, porque así, dice, no para de aprender.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)