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30 abril 2014
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Ordenar la crítica. Take it or Leave It

Paloma Checa


Viena, 1994. Andrea Fraser hablaba de la necesidad de un tipo de práctica artística que analizase los escenarios y las situaciones donde ocurre el trabajo del artista. Quería describir las condiciones económicas y la red de relaciones sociales bajo las que dicha noción de trabajo tenía lugar.

Esta primavera el Hammer Museum de Los Ángeles abre las puertas de Take It or Leave It: Institution, Image, Ideology. La exposición quiere ofrecer al público una mirada a los orígenes de la crítica institucional y las prácticas apropiacionistas, un maridaje que no siempre queda claro en el planteamiento expositivo.

Las curadoras Anne Ellegood y Johanna Burton traen a la comunidad trabajos de más de 36 artistas, casi todos realizados en las décadas de los 80 y los 90. Las categorías registro público, el archivo, la identidad americana, la interacción, el lenguaje, los mass-media, la política, el museo o la representación articulan un diseño espacial basado en la sucesión de salas organizadas. No entiendo esta clasificación. ¿Acaso no reside el poder de la crítica institucional precisamente en su capacidad de interpelar a esas y otras categorías a la vez, apuntando a la desactivación de parte de las políticas que las configuran en el presente, así como a las relaciones de poder que estas escriben? La autoridad institucional del museo para echar mano de la catalogación y las etiquetas en su afán por ordenar una visión del mundo determinada es aquí rescatada.

A pesar de todo esto, la muestra nos da la oportunidad de disfrutar de nuevo de piezas tan potentes como Museum Highlights. A Gallery Talk (Andrea Fraser, 1989), Proximity to Power, American Style (Silvia Kolbowski, 2003-2004), o (Gingerbread) Feeder 2 (Nayland Blake, 1998). No falta el trabajo de Félix González-Torres, Matt Mullican, o Judith Barry, entre otros.

Si el museo recurre a la ordenación temática para afianzar una visión de la historia reciente de prácticas políticas todavía vigentes, ¿cómo media esta ordenación entre el potencial de esas prácticas y nuestra experiencia como público? ¿Qué faceta de nuestra experiencia es entonces activada por tal dispositivo? Como siempre, los irresolubles problemas de la traducción y la historización…

Paloma Checa-Gismero dedica su tiempo a leer, visitar exposiciones y ver películas. A veces escribe. A veces se involucra en proyectos de gestión, de producción o de educación, pero siempre cerca del arte. En una terraza oteando el Pacífico escribe su tesis doctoral en el programa de Teoría del Arte de la Universidad de California en San Diego.

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