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Magazine

02 mayo 2010
Ponga un artista en su salón

Montse Badia

La zona de la cuenca del Ruhr, en Alemania, hace tiempo que está transformando su carácter industrial en una nueva identidad cultural. La capitalidad cultural para toda la zona y la primera edición de una bienal centrada en la luz son los ejemplos más recientes de este proceso.


Todas las ciudades intentan encontrar su plus de interés para atraer capital en forma de inversiones, producción, empresas o turismo. Desarrollo en definitiva. La cultura siempre ha jugado un papel destacado en este panorama y no solamente en tiempos recientes (no fue casual que la primera edición de Documenta tuviera lugar en Kassel), si bien ha sido en las últimas décadas en las que estas dinámicas se han intensificado. Y evidentemente, el formato bienal es ideal en este contexto. Un ejemplo claro es Manifesta, la bienal europea nómada que inició su andadura en Rotterdam para recorrer ciudades alternativas a las capitales principales, como Ljubljiana, Luxemburgo, Trentino y el Tirol y este año Murcia. En el caso de la zona del Ruhr ya no es una sola ciudad la que pugna por entrar en el listado de capitales culturalmente interesantes, sino toda un área geográfica en proceso de redefinición de su identidad. El contexto no es fácil, puesto que no hablamos de “ciudades con encanto”, ni “cool”, sino de lugares en los que el pasado industrial tiene un peso importante y que perfectamente podrían haber sido localizaciones de películas de Ken Loach. Los nombres de estas ciudades no son Colonia ni Düsseldorf, sino Bergkamen, Essen, Unna, Lünen o Hamm.

Si de lo que se trata es de poner en el mapa, no está de más centrarse en alguna especificidad que ya esté presente en el contexto. En el caso que nos ocupa, la Biennale für Internationale Lichtkunst, la luz es el tema. No es casualidad pues de alguna manera el tema de la energía y la luz forma parte del ADN de la zona, como elementos decisivos en el proceso de transformación de zona industrial a metrópolis moderna. Cerca de Oberhausen está uno de los logotipos luminosos más conocidos, el de los laboratorios Bayer. Asimismo recorrer la zona en fechas navideñas supone enfrentarse a una orgía de adornos navideños luminosos tanto en tiendas como en casas particulares. En este contexto, abrió sus puertas en el año 2001 el Zentrum für Internationale Lichtkunst en Unna y en ese contexto es en el que se ubica esta bienal centrada en la luz. Aunque la traducción literal sería “arte de la luz”, por suerte el tema está tratado de una manera nada fundamentalista, sino bien ambiguo. Es decir, no se trata de mostrar trabajos literalmente hechos con luz, sino que la aproximación es bastante más sofisticada.

El segundo aspecto a destacar, el que le confiere interés es el ámbito de trabajo y exposición, es que se muestran proyectos de artistas (60) en espacios privados. Sí, sí, en salones, habitaciones de niñas, trasteros, garajes o piscinas de casas particulares; consultas de médicos o capillas particulares, entre otros, de casas ubicadas en Bergkamen, Bören, Fröndenberg/Ruhr, Hamm, Lünen y Unna. Encontramos apartamentos modestos y también casas espectaculares, barrios mineros y otros residenciales, edificios históricos y otros ultramodernos. Y también encontramos distintos tipos de anfitriones, porque la gracia del asunto está precisamente en ir visitando lugares y que los propietarios (médicos, profesionales liberales, amas de casa, anticuarios, mecánicos, profesores, un político -¡qué buena operación de imagen!-…) muestren al visitante la obra que acogen. No sé si a finales de mayo cuando esté a punto de acabar la bienal, los anfitriones tendrán todavía tantas ganas de explicar cosas como al principio de ésta. Algunos de los propietarios de las “sedes de la bienal” estaban familiarizados con el arte contemporáneo, otros simplemente respondieron a un anuncio de un periódico. En algunos casos, hubo un verdadero trabajo in situ por parte del artista, en otros, la simple instalación de una obra cedida por un museo o en otros casos, hubo un trabajo más curatorial a cargo del responsable de la bienal, Mathias Wagner K. Wagner K es un comisario alemán, afincado en Berlín que, explícitamente ha manifestado su deuda con la exposición “Chambre d’amis” que tuvo lugar en 70 casas privadas y fue comisariada por Jan Hoet en Gante en 1986 (el proyecto que le puso en el trampolín para dirigir Documenta en 1992) y que impresionó a Wagner K cuando era estudiante.

Aún sin saber qué pasará con la segunda edición de esta bienal, si se celebrará en una sola de estas ciudades, si será nómada o cuál será el tema que tratará, la excepcionalidad de esta primera edición pasa por dos aspectos: primero, acercarse al tema de la luz de una manera bien amplia, que además de incluir en el listado de artistas a los “sospechosos habituales” como Michel Verjux o James Turrell apuesta por otros mucho menos obvios. El segundo acierto radica en ese deambular por entornos privados y las conversaciones que se generan, es decir, en que el arte se convierta en algo muy cotidiano.

Imposible comentar todos los trabajos, porque ciertamente el nivel es irregular, pero sí que vale la pena destacar diferentes casos. El artista islandés Heimir Björgúlfsson que habitualmente utiliza animales para referirse a comportamientos humanos convirtió el trastero del joven anticuario Jens Bartusch en un entorno lleno de cazadores y cazados, de depredadores y víctimas, utilizando animales disecados y otros elementos pertenecientes al propio Bartusch. Mathias Wagner K realizó un delicado trabajo curatorial al instalar la pieza de Bas Jan Ader con la frase “Please, don’t leave me”, en una capilla. Julius Popp realizó una espectacular instalación en la piscina de la señora Stahl en la que iban cayendo una serie de palabras extraídas de Internet, realizadas con agua y luz. Una instalación en formato salón de Jenny Holzer con mensajes escritos en led aludiendo a la fluidez público-privado, se presentaba en una esquina del salón de los Leithe. Maix Mayer presentó un vídeo en la habitación que la familia Brückner utiliza como sala de proyección. El vídeo consistía en el registro de una tradición tailandesa de año nuevo en el que la luz, el fuego, los petardos y los fuegos artificiales alcanzan un protagonismo que apela a la resistencia de los que la celebran. Y, finalmente, una escultura luminosa de forma geométrica de Sylvie Fleury se integraba tan bien en la habitación de dos adolescentes del apartamento de la familia Giering que nos dejaba con la sensación de estar irrumpiendo demasiado en una intimidad de la que no formábamos parte.

Así pues, grandes interrogantes en relación a futuras ediciones y también en relación al tema de la luz, pero esto no es óbice para resaltar la labor curatorial de Mathias Wagner K, que con su inteligente aproximación introduce un debate sobre temas como el espacio público, la vida urbana, la identidad de las ciudades (un temazo si pensamos en que alguna de ellas, como Bergkamen, fue fundada en el 1966 como resultado de la unión de seis comunidades) y el papel que el arte puede jugar en todo esto.

A Montse Badia nunca le ha gustado estarse quieta, por eso siempre ha pensado en viajar, entrar en relación con otros contextos y tomar distancias para poder pensar mejor el mundo. La crítica de arte y el comisariado ha sido una vía desde la que poner en práctica su convencimiento en la necesidad del pensamiento crítico, de las idiosincracias y los posicionamientos individuales. ¿Cómo si no podremos cuestionar la estandarización a la que nos vemos abocados?
www.montsebadia.net

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