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Magazine

24 abril 2015
Hannelore Van Dijck, Untitled. 2014. Foto cedida por la Fundació Miró
Profecías son, promesas por cumplir

Marina Vives

Llevo unos días dándole vueltas al concepto de la decepción. A lo amplio, nada personal. ¿Acaso el error fundamental se encuentre en el esperar algo de una promesa? Todavía en estos términos, ciertamente deprimentes, puede que la consecuencia más probable de una exigencia o expectación previa sea la decepción. Porque si bien es claro que pedir lo que uno merece es algo positivo y necesario, más aun lo es (claro) que no siempre se consigue.

El punto del que parte Imma Prieto, comisaria de Prophetia en la Fundació Miró, Barcelona, se encuentra precisamente en el análisis de una promesa; en ese contraste entre una idea primigenia, original de Europa -altamente demandante, y romántica, en sus propios términos- y la realidad actual, en la que, quizás por la grandeza de la expectación que llegó a contener la idea de “Europa” (que abarcaba economía, geopolítica, etc.) solo ha llevado a la consecución, extendida, de la decepción. Una decepción que por falta de herramientas (intelectuales y políticas), puede todavía desembocar en frustración y desmantelamiento.

Prophetia es un proyecto complejo, compuesto por la exposición que podemos visitar en Montjuïc hasta el 7 de junio (recomendable) y una publicación que lleva el mismo nombre (todavía más recomendable) que incluye textos de Cécile Bourne-Farrell, Olga Bryukhovetska, José Luis Corazón Ardura, Ingrid Guardiola, Srecko Horvat, Bojana Kunst y Piedad Solans. Además, cuenta también con un programa de actividades paralelas con los que profundizar y compartir las reflexiones que Prophetia ofrece.
Tanto en la exposición como en la publicación, el punto de partida de la comisaria es la “constatación de la separación o abismo existente entre una idea de Europa, casi romántica, ligada a una supuesta identidad colectiva, y el actual proyecto político-económico que no nos permite hablar de una Europa unida”. Para hacerlo, estructura la alineación de las narrativas a partir de tres conceptos igualmente determinantes: “rapto, correspondencia y responsabilidad”. Estas tres ideas enmarcan, a su vez, el alcance potencial de Prophetia.

Rapto remite por un lado al sentido mítico original: el secuestro de una mujer fenicia, Europa, por parte de un toro blanco, Zeus, quien la llevó por mar hasta Creta para violarla. Por otro lado, se refiere la situación de sometimiento a la que los ciudadanos europeos nos hemos ido habituando. Interesante, en cualquier caso, raíz etimológica que arrastramos. Con correspondencia entenderemos, como bien explica Bojana Kunst en su capítulo, “la paradójica capacidad de los cuerpos de organizarse libremente” (Prophetia. p.39), capaces de realizar las coreografías más dispares entre sí. La responsabilidad indicaría la capacidad de los ciudadanos de formar parte, de tomar partido en sus raptos cotidianos, como parte de una ciudadanía que se corresponde y responde. En un sentido parecido, Marina Garcés apuntaba en una reciente entrevista publicada en el Periodico Diagonal que todos estamos ya “comprometidos”: tenemos una responsabilidad de base que debemos asumir e identificar para llevar a cabo.

Así que, llegados a este punto, preguntarse por cómo pensar Europa, o desde dónde hacerlo, es indispensable para entender los límites de Prophetia. En este sentido, son muchas las promesas de partida que el ciudadano europeo ha ido asimilando, puede que equivocadamente, desde que Europa dejó de ser únicamente un continente, como concepto, para pasar a ser un conjunto subjetivo de nociones variables, que incluye a menudo un cóctel de institución, políticas socio-económicas, gobierno y en menor medida, geopolítica y ciudadanía.

Precisamente, es desde este punto de vista interno, fragmentario y subjetivo, desde dónde se concibe Europa en Prophetia, y es esta orientación la que compone en gran medida, su acierto. Hablamos de una exposición sobre Europa hecha desde Europa. Desde una Europa del sur, periférica, empobrecida, lastrada, decepcionada.

La historia, el rapto, la frustración del devenir desde una promesa original entendida de forma equivocada, el reconocimiento de la decepción o las ganas de huida son materia en las obras de Jimmie Durham, Anri Sala, Núria Güell, Chus García-Fraile, Bassanos, Nygard o la implacable CEE de Antoni Muntadas, que recalca el verdadero origen de la UE.

La dislocación actual, la perplejidad ante la deriva socio-política y económica de los últimos tiempos, la denuncia, son el tema de las obras de Simoes y Simon, AK Dolven, Filipa César, Pelayo Varela, Peter Schrank, Daniel G. Andújar o Avelino Sala. Especialmente atinada en mostrar este susto en el que estamos, poniendo de relieve esta falta de orientación, es la obra sin título de Hannelore Van Dick, una clara alusión a la génesis de la unión (el carbón) que dialoga con el negro de la crisis de valores de la actualidad.

La responsabilidad, la autocrítica, la percepción de los límites de nuestra subjetividad y nuestros errores son materia del llamativo neón Blinda (Post Optimism), de Jorge García, Devastated y Plaga de Eugenio Ampudia, las obras de PSJM, Renata Poljak, Jordi Colomer y de Marco Fedele di Catrano, también de Área restringida, de Mateo Maté o History Zero, de Stefanos Tsivopoulos.

En definitiva, Prophetia es una exposición en la que lo que es, es lo que se representa; sin condiciones, sin apenas capas de lectura. Asume el peligro intrínseco en toda obra y muestra de arte político, en toda representación: el del agotamiento, la banalización o la estetitización de situaciones que no pueden ser menospreciadas, esterilizadas o reducidas en su paso museístico. Por el contrario, Prophetia es una exposición valiente. Pedagógica de una cierta ideología. Fragmentaria, subjetiva, y en definitiva, en los términos más honrados que puedan quedarle a esta denostada palabra, política.

Marina se pasó los primeros dos años de su vida sin hablar: les dijeron a sus padres que estaba interiorizando. Y aunque hace ya un tiempo que habla, sigue necesitando interiorizar. Y luego sacudir, dudar, ordenar y desordenar, celebrar. Encuentra política en muchos lugares y tiene un especial interés en lo subalterno, el "commons" y en los puntos donde todo impacta con la expresión creativa.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)