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Magazine

28 mayo 2014
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Resonancias y ecos de lo colectivo

Rosa Naharro


Playground. Reinventar la plaza es la nueva exposición «de tesis» del Museo Reina Sofía. La muestra continúa una línea ya iniciada en el museo y que busca definir lo común y repensar nuevas formas de institucionalidad. Pero de igual forma que el arte político no es aquel que presenta contenidos políticos, sino aquel que visibiliza o transforma los dispositivos, las instituciones deben comenzar por explorar y cuestionar su propio funcionamiento interno. En un tímido ensayo de proximidad y apertura hacía el exterior, en paralelo a la muestra, se ha organizado, en colaboración con agentes independientes, el taller La imaginación política y una serie de seminarios abiertos al público.

La exposición no sigue un esquema histórico secuencial, sino que presenta acontecimientos, resonancias y ecos de los intentos, siempre frustrados, de la lucha por la emancipación colectiva, el empoderamiento ciudadano y la apropiación del espacio público, desde finales del siglo XIX hasta mayo de 2011 y el estallido del 15M. Lo lúdico y el activismo, el juego y la lucha, a menudo entrelazados, cruzan y articulan todo el conjunto expositivo. El proyecto arranca con la proyección de La Commune (Paris, 1871) del director Peter Watkinses, mito fundacional moderno de la insurrección ciudadana y primera conquista del espacio público. Si en el siglo XIX los ciudadanos exigieron la ciudad frente al poder imperial y la burguesía, en el siglo XXI la ciudadanía exige su derecho a la ciudad frente a los poderes financieros.

La muestra parte del dispositivo creado en 1968 por Palle Nielsen, el playground- parque de juegos-, en el interior del Museo Moderno de Estocolmo, y que estaba basado en los cientos de parques infantiles que Van Eick diseñó por toda Holanda en los años sesenta para el ocio de los niños. Los playground fueron concebidos como una potente herramienta pedagógica y liberadora, y su introducción en el contexto de un museo cuestionaba entonces, a través de lo lúdico y su apertura hacia la calle, al museo como institución disciplinaria. Años antes, Constant, miembro del movimiento Situacionista -hasta que fue expulsado por Guy Debord-, comenzó lo que fue su gran proyecto, New Babylon, una ciudad donde arquitectura y juego estaban relacionados y cuyo habitante debía ser el homo ludens, inspirado en las teorías del historiador Johan Huizinga.

Del playground y juegos infantiles saltamos a la extensión del ocio en la sociedad, «el derecho a la pereza» y el creciente hedonismo popular, a través de obras de Fernad Leger, los juguetes del escultor Ángel Ferrant, las playas artificiales de Martin Parr, Henri Cartier-Bresson y sus Primeras vacaciones pagadas (1936- 1946), el ocio dominguero de Xabier Ribas, o las fotografías de gente ociosa en plazas públicas de Jorge Ribalta.

El segundo hilo conductor de la exposición es el activismo político y su cruce con lo que Marcelo Expósito denomina “la imaginación radical de la política”, es decir, la acción directa y la ocupación festiva y lúdica de las calles, así como la parodia de las jerarquías sociales y políticas. Lo carnavalesco en la actualidad lo encontramos en la pieza de vídeo de Marcelo Expósito La imaginación radical (carnavales de resistencia) donde se visibilizan nuevas formas de organización de la protesta, a través de la acción del grupo activista Reclaim the Street en el transcurso de una manifestación en Londres en 1999. El carnaval como transvaloración de todos los valores y “mundo al revés”, ya fue retratado por Goya, Ensor, Maruja Mallo o Gutiérrez Solana, también presentes en la exposición.

Hacia el final del recorrido encontramos un espacio que lleva por nombre Activist Club, una especie de stand, como si de un club deportivo se tratase, donde podemos leer a distintos teóricos vinculados con el activismo, desde textos situacionistas y de Walter Benjamin a ensayos de Manuel Castells y Gerald Running. En las mismas salas podemos ver vídeos de Flo 6×8, colectivo que ocupó distintas sedes de Bankia con baile y cante flamenco o el documental de Oliver Ressler Take the square, sobre las protestas en Sol, en Syntagma y en Wall Street.

En la actualidad, el playground como herramienta educativa ha perdido parte de su potencialidad, en tanto que la comercialización del juego se ha extendido a toda la sociedad. Recuperar la risa, la parodia, el juego y la diversión como transgresión puede ser una estrategia como método de activación de la utopía, así como la re-significación de conceptos y la invención de nuevos lenguajes paródicos,-confinados hoy, casi en exclusividad, a las redes sociales-, y ser capaces con ello de generar una micropolítica de los afectos, necesarios para reinventar la plaza.

Rosa Naharro intenta pensar el presente, así como sus distintos contextos, a través de la cultura y el arte contemporáneo. Ver exposiciones, escribir, leer, el cine, la música y hasta las conversaciones con amigos pasan a ser herramientas. Entender e interpretar “ algo” de esto que llamamos mundo se convierte en una autoimposición, así como tomar cierto posicionamiento, que no distancia, ante él. Compagina escribir en A*Desk con su tesis doctoral en la UCM, y trabaja en proyectos desde la gestión cultural

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)