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Magazine

23 diciembre 2013
Entierro, Burial
Sobre fetos y cuerpos

Paloma Checa

“El crepúsculo siguió a ese día luminoso, abriendo paso a las monótonas noches de la burguesía victoriana. La sexualidad fue encerrada, con cuidado. Se mudó a la casa. La familia conyugal tomó custodia de ella, y la confinó por entero a la seriedad de la función reproductora. En los asuntos del sexo, el silencio fue la norma. La pareja legítima y procreadora dictó la ley. La pareja se impuso como modelo, haciendo cumplir la norma, velando por la verdad, reservandose el derecho de hablar —velando por el principio del secreto.”[[Michel Foucault, La historia de la sexualidad: La voluntad del saber (Madrid: Siglo Veintiuno, 2009)]]

En 1999 la artista mexicana Teresa Margolles produjo Entierro, un bloque de cemento con un feto humano dentro. A primera vista, el trabajo de Margolles se articula sobre la pregunta que desencadena en el público acerca de la agencia del cuerpo muerto en el conjunto de definiciones legales que regulan no solo su propia legalidad, si no también la de la decisión de la mujer embarazada. Con la obra se subraya un tipo de violencia silenciosa y sostenida al que la población femenina se ve permanente sometida por parte del estado, la de la negación de su derecho a interrumpir un embarazo que ocurre en su propio útero.

Al insertar el cadáver en el bloque de cemento, la organicidad del feto se ofrece a la del material, todavía caliente y maleable. Ambos solidifican juntos, generando una analogía con la placenta e integrandose en una nueva unidad permanente. Esta segunda muerte del feto alude a la reclusión del aborto al anonimato –su silencio-, a la vez que lo vincula con los ritos funerarios al devolverlo a la tierra. Además, desencadena una serie de intercambios simbólicos que enlazan el cuerpo muerto con otros universos de significación marginales (el mercado del arte, la trata de personas, etc). Si alguien quiere trazar hoy las vidas que Entierro ha tenido, le animo a que lo haga. Entierro ha sido tentado por los centros de poder institucional; como el cuerpo que encierra su circulación ha sido siempre controvertida. Con Entierro, sin embargo, se generó una economía de circulación particular para la obra, en la que a partir de entonces ésta determina sus maneras de mostrarse a medida que contorsiona y renegocia su significación, su exhibición y su estatus de fetiche dentro del mercado del arte.

La lectura con la que yo me quedo de esta genial pieza de Margolles es cómo los cuerpos de los individuos, sí, son donde se libran las batallas entre ideologías; como sucede con las obras de arte, los relatos del poder determinan cómo y cuándo éstos son mostrados y ocultados. Las armas que se esgrimen son las palabras que se usan para llamar a las cosas y los marcos legales y éticos que se configuran, poco a poco, para que éstas signifiquen de un modo u otro. El índice tiene el poder de crear costumbre y naturalizar la violencia de estas regulaciones. Los cuerpos de las mujeres –no solo las embarazadas- son en este caso ese campo de batalla.

El nuevo marco legal se confunde con un marco ético y en una gris mañana de diciembre galopan juntos entre palacios herrerianos hacia 1953. Las mujeres que en su día decidimos libremente interrumpir nuestros embarazos ni siquiera sabemos hoy en calidad de qué nos interpela este nuevo régimen. Las que a partir de ahora decidan hacerlo habrán de hacer como Entierro y negociar con el poder las excusas que habrán de contar para habitar el marco dado de la manera que ellas quieran.

Qué triste es todo.

Paloma Checa-Gismero dedica su tiempo a leer, visitar exposiciones y ver películas. A veces escribe. A veces se involucra en proyectos de gestión, de producción o de educación, pero siempre cerca del arte. En una terraza oteando el Pacífico escribe su tesis doctoral en el programa de Teoría del Arte de la Universidad de California en San Diego.

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