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La reina de las Américas

Magazine

08 mayo 2012

La reina de las Américas

El Reina Sofía trabaja con varias líneas con el arte de los países de América Latina. El binomio España y Latinoamérica nunca ha sido fácil. Sangre, identidad, legitimación, dinero, transporte, economía, literatura y, también, arte forman parte de una relación, o la falta de ella, que sigue sorprendiendo.


La idea era hablar del Reina Sofía en relación a la creación artística en América Latina. La idea era destacar que el máximo museo público de arte contemporáneo de titularidad española estaba en un proceso realmente apasionante para lograr una posición adecuada, para generar sinergias interesantes y para convertirse en un nodo importante dentro de un pensamiento de red, no necesariamente horizontal pero red al fin y al cabo, en relación a la creación artística y la política en América Latina. Esta era la idea.

La tentación era, y sigue siendo, entender que lo que el museo está haciendo es aplicar, por primera vez, una política de exteriores inteligente en relación a los países latinoamericanos. Una política cultural bajo un criterio que supera la transición y puede significar un cambio importante. Pero en el proceso de definición del texto, algo pasó que conllevó que la maquinaria española de fabricación de mitos y enemigos se pusiera en marcha.

Superando el Franquismo, que como brutal dictadura no tiene sentido pedirle un buen hacer, el momento de la transición -que nunca termina- ha mostrado una incapacidad alta para plantear la relación de España con América Latina. La conquista sigue presente y no hay necesidad de pedir perdón. El pensamiento colonial, desde la posición de colonizadores, sigue marcando el paso. El nacionalismo español tiene en su ADN ese talante conquistador, ese «todo lo bueno es lo mío y que se jodan los demás» que tantos beneficios da en forma de camiseta de la roja, periódicos enteros dedicados a Fernando Alonso, el recordar constantemente que Messi es argentino y, por tanto, no de «los nuestros» y toda esa gente molesta con el inglés, ese idioma del diablo. Idioma, a esos iletrados les dimos un idioma, les dimos cultura, les llevamos al futuro. Así que a qué pedir perdón. Esta es la base.

Y así seguimos. En un nivel económico existe el mismo patrón. La colonización tiene en sus nietos la actuación de Telefónica, Dragados, Planeta, Repsol y demás empresas que ven en América Latina el espacio natural en el que sacar tajada de un modo salvaje. Una vez destrozado el 90% de las playas de España y multiplicadas las periferias de las ciudades por un número estúpido, los maestros del ladrillo «descubrieron» que podían hacer la misma jugada en, por ejemplo, Argentina. Los grandes grupos editoriales españoles vieron que si controlaban los mercados latinos tendrían un número de lectores (beneficios) impresionante gracias a la muchedumbre de por esos lares. Pues se controla el mercado y se busca el sistema para dominar los contenidos: en su mayoría, los escritores latinoamericanos que quieran vivir de la escritura, necesitan pasar por una editorial española para que les meta en su mercado local, mercado local cargado de versiones b de los grupos editoriales con sede en España.

Pero bueno, lo de la economía es así ya que estamos en el super-capitalismo y entonces no hay ética ni política que valga y bla bla bla. Pero cuando Argentina decide nacionalizar la petrolera YPF de Repsol (que sí, que seguro que hay populismo y muchas más cosas) la respuesta que se da desde España es en clave política y Repsol es Español y saltamos directamente al grado superior de la filosofía del nacionalismo español que se representa perfectamente en las palabras «a por ellos, oe, a por ellos, oe».

Si hablamos de políticas culturales y de exteriores en relación a América Latina parece mentira que la evidencia de algo tan significativo como que el Instituto Cervantes está únicamente en Brasil no conlleve problema alguno. Sí, perdón, el supuesto buque insignia de la exportación cultural no está presente. Aunque la cultura, y menos el arte, no son su campo real de trabajo. El Cervantes va de vender cursos de idioma y la cultura no es más que una tapadera así que ¿qué sentido tendría que estuviera en países de habla hispana?, ¿verdad? Lo de siempre, cultura española es idioma, es poderío lingüístico y es hacer caja con esto. Y, como que la cultura es algo secundario, aparecen programas culturales esporádicos, chanchullos varios, incapacidad para la evaluación y, además, nos encontramos con una red paralela con el mismo nivel de autoritarismo y situaciones raras como los centros culturales de la AECID. También es cierto que en ocasiones ambos han realizado buenos proyectos, pero no como resultado del interés o el deseo de sus mandos. Básicamente los buenos proyectos nacen de la desorganización, del caos y de personas en específico que no tienen porqué ser los de los sueldazos ni vinculadas a los nombramientos directos, que aquí no hay concurso que valga ni buenas practicas. Different countries, different rules. El presupuesto del Instituto Cervantes es más del doble que el del Reina Sofía, así que sería hasta lógico exigir el doble de profesionalidad y resultados, y una política de exportación e intercambio cultural con un mínimo sentido.

Y es entonces cuando el intento por parte del Reina Sofía de trabajar sigilosamente para ofrecer una plataforma de producción y discusión desde posiciones latinoamericanas parece más necesario y, al mismo tiempo, más fuera de lugar. Fuera de lugar por el lugar, por el entorno, por tener otro ritmo, unos objetivos y un plan. Durante ya un buen periodo de tiempo, con Manuel Borja-Villel como director, el Reina Sofía ha participado activamente de la Red Conceptualismos del Sur. Una red que recupera la memoria política mediante el arte, que conecta situaciones hasta ahora distantes pero que comparten momento y procedimientos. La Red Conceptualismos Sur es la herramienta para cambiar la historia y debería ser algo que en un futuro se estudiara al lado de la Documenta de Szeemann, los devaneos de Pontus Hultén y las propuestas de Hans-Ulrich Obrist. Siempre y cuando nadie se lo cargue. Hasta el momento, que sea algo sin demasiada visibilidad, que se materialice en una serie de encuentros, textos, pequeñas producciones y, en definitiva, cosas nada sexys ha permitido un grado de libertad alto en cuanto a lo que se puede hacer, lo que se puede decir y el nivel político de la cosa.

Próximamente se presentará en el museo una exposición resultado de algunos trabajos de la red. Argumentos complejos, situaciones de marginalidad política, propuestas de redefinición del cuerpo, gestos hacia lo colectivo, lucha… elementos que tendrán frente a sí la lógica de «Repsol es español» y el maltrato habitual a los inmigrantes latinoamericanos convertidos en infraclase. Un momento de visibilidad en un contexto cargado que puede conllevar un deseo, por parte del estamento político, de acallar voces, de demostrar quién manda y que ok a lo de presentar exposiciones que no se entienden pero hasta aquí hemos llegado, que quién os creéis que sois haciendo política desde un museo.

Pero, como en todo buen plan, Borja-Villel no se lo juega todo a una carta. En paralelo al trabajo con la Red Conceptualismos del Sur, el Reina Sofía firmó un acuerdo con la Fundación Cisneros / Colección Patricia Phelps de Cisneros. Y sí, en Cisneros tienen lo que todo museo con pretensión de ser «el museo del arte latinoamericano» necesita. Una colección privada espectacular en número y calidad. También tienen su oficina central en Nueva York, con lo que los Estados Unidos vuelven a ser el lugar de definición de lo que es el arte de calidad producido en los países latinoamericanos. Como comentaba Sofía Hernández Chong Cuy de la Fundación Patricia Phelps de Cisneros, para ellos la relación con el Reina Sofía es estratégica y supone la mejor puerta para entrar en Europa. O sea, que aquí hay un eje interesante: Las teleseries que se producen en Venezuela y se consumen en Estados Unidos, y en todo el mundo, permiten las compras que se definen en Nueva York, que pasan a ser disponibles en Madrid para abrirse hacia París o Berlín.

Ejes, también teníamos el eje Madrid – Red de Conceptualismos Sur que vendría a ser algo así como un tejido sur prescindiendo de Estados Unidos y Europa, en un primer momento, para después presentarse a los vecinos de arriba con una redefinición de la historia que les encantaría. Ya les encantó «Tucumán Arde» así que la jugada viene entrenada y con algunos de los mismos jugadores y técnico -de lo mejor que hay- en el equipo.
Funciona. La apuesta de Borja-Villel en el Reina Sofía en relación a América Latina, ya testeada en el MACBA, funciona y tiene un enorme potencial. Y se hace desde otro planteamiento que el neocolonialismo que lo rodea. El problema es que el alrededor político del Reina Sofía roza el esperpento. Es verdad que no es algo nuevo, el esperpento, y que Borja-Villel sabe un rato de encandilarles, pero hasta ahora simplemente era el esperpento local. ¿Qué ocurre cuando los políticos en América Latina pasan a la acción en relación a España? Seguramente los resultados los veremos en el momento en que el Reina Sofía presente una exposición alrededor de las propuestas artísticas en América Latina. Aquí pueden saltar los pitbull. O se carga la exposición con discurso para que el aburrimiento les gane o alguien tendrá que ser extremadamente fuerte.

Aunque si la jugada del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía es redefinir el mapa general del arte, convirtiéndose en el punto central entre el pasado y el futuro, entre América Latina y Europa/Estados Unidos, entre la modernidad del norte y la contrapropuesta del sur, a lo mejor el museo nacional está superando la etiqueta de «nacional» para pasar a una definición mucho más global, superando así una posible aproximación nacionalista. Y, sorprendentemente, sin la necesidad absoluta de la visibilidad y los blockbusters que supuestamente piden los grandes buques internacionales del arte.

Director de Index Foundation en Estocolmo, comisario de exposiciones y crítico de arte. Sí, después de Judith Butler se puede ser varias cosas al mismo tiempo. Piensa que las preguntas son importantes y que, a veces, preguntar significa señalar.

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