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Esto no es underground

Magazine

19 enero 2013

Esto no es underground

Que los festivales de música están en gran parte patrocinados por marcas de ropa, zapatos y gafas de sol lo sabe cualquiera, pero a veces este patrocinio va más allá de lo monetario e interfiere en la propia concepción del evento, cosa que puede llegar a ser un problema para los grupos participantes, para el público y para la propia marca. Que la subida de los impuestos y la reducción del aforo de muchas salas tras los recientes acontecimientos trágicos están afectando de manera muy negativa a la programación de música en directo no se puede negar y, en este contexto, una salida posible puede ser una colaboración más estrecha con marcas patrocinadoras.

Converse se ha aliado con la promotora barcelonesa This Is Underground para crear una plataforma de apoyo a la escena musical local, a través principalmente de la organización de conciertos. Durante los próximos meses, Make Noise traerá a Barcelona a grupos extranjeros ya consolidados en el mundo indie que no estén de gira para que bandas noveles de la ciudad, elegidas por los organizadores o a través de votaciones en la página web que ha creado la plataforma, les hagan de teloneros. Estos eventos conservan el formato tradicional de concierto en sala pequeña y escenario bajo, de cercanía con el público, pero lo pervierten llenándolo de publicidad de la marca de calzado, presente también desde noviembre en las estaciones de metro de Barcelona.

En los tres últimos años se ha dado en Catalunya una gran efervescencia en el ámbito de la música independiente, no sólo a nivel de grupos musicales sino con la creación de numerosos proyectos como discográficas y festivales pequeños que, con pocos medios y mucha voluntad, han dado que hablar en medios especializados americanos como Pitchfork Media y en periódicos estatales de prensa general. Es evidente que Converse, con Make Noise, se aprovecha del trabajo ya hecho por estos jóvenes agitadores y de las malas noticias económicas para parasitar el circuito local y servirse de él, de una manera cuestionable cuanto menos, para dar una imagen joven, desenfadada y moderna, inventándose una nueva forma de patrocinio que va más allá del apadrinamiento de escenarios en grandes festivales.

El primero de estos eventos se celebró el pasado 18 de diciembre en La 2] de Apolo y contó con la participación de [No Age (USA) como grupo estrella. Con el omnipresente lema “Shoes are boring, wear sneakers”, se animó a los asistentes a hacerse fotografías durante el concierto para entrar en el sorteo de un par de zapatillas. Un montón de fotógrafos situados en las primeras filas se ocupaban de ello, retratando al público, y no a los grupos, pasándoselo muy bien, tirándose cerveza por encima a empujones y saltando como locos. El momento estelar de la noche lo protagonizaron No Age a mitad de su actuación: cambió el vídeo que estaba siendo proyectado en la pantalla del escenario, dejaron de tocar y se sentaron en el suelo.

De los videoclips se pasó a imágenes de las fábricas de Converse en Indonesia, con un texto en un español macarrónico que denunciaba las condiciones laborales de sus trabajadores. El público enmudeció primero, luego aplaudió, hubo un intento de parar el vídeo y, tras 15 minutos de parón reivindicativo, No Age tocaron algunas canciones más y se marcharon del escenario agradeciendo a Converse la invitación. Al parecer, el grupo aceptó todas las condiciones contractuales de la marca –básicamente referidas a la publicidad antes y durante el concierto- sabiendo que utilizarían esta plataforma para hacer esa denuncia.

Con esto, No Age no sólo no cambian el mundo, sino que tratan a todo el mundo de idiota ingenuo. De la misma manera que Converse se servía de ellos y de su imagen juvenil y alternativa para publicitar sus productos, No Age se quiso servir de la marca para enseñar una cara subversiva y comprometida que tiene el único objetivo de justificar ante sus fans su participación en este evento sin parecer unos vendidos, cuando en realidad lo son, como todos los demás grupos participantes. Más allá del contenido del vídeo, está claro que este intento de boicot resulta absurdo, por infantil, evidente y vacuo. Existen infinidad de canales a través de los que lanzar mensajes contra las multinacionales, probablemente mucho más efectivas que un concierto con 300 personas de público que ya saben quién manda ese día: la foto con más sudor y más moratones.

Si la coyuntura económica desfavorable y medidas como la ley de mecenazgo van a servir para suplir la falta de inversión pública en proyectos culturales, dejando que las marcas se apropien de iniciativas de particulares que funcionan y haciendo que éstas pierdan su esencia independiente y combativa y se conviertan en escenarios de reivindicaciones baratas, apaga y vámonos. Una cosa es depender de patrocinio privado para sacar proyectos adelante, otra es ceder la propia imagen para publicitar un producto y someterse a unas normas ajenas a la música, al arte o a lo que sea, dejando al público en una situación en la que nadie se siente a gusto, ni siquiera quien gana con ello, y ante la cuál algunos deciden erigirse en gurús de lo justo, convirtiendo su discurso en una mera justificación pseudo-reivindicativa demasiado superficial como para surtir algún efecto.

Glòria Guso es historiadora del arte e investigadora en ciencias sociales. Es de la periferia de Barcelona pero vive en París y su segunda casa es Alemania. Para su tesis doctoral en sociología estudia la movilidad internacional de los profesionales de las artes visuales. Escribe, coordina, edita, documenta y critica.

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