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The New Spirit

Magazine

10 noviembre 2008

The New Spirit

”Modernidad Americana” explora el surgimiento del arte moderno en los Estados Unidos, las cuestiones que contribuyeron a determinar y a impulsar su desarrollo y futura hegemonía. La exposición nos sitúa, de hecho, en los albores de un recorrido que muchos desconocen o creen arbitrario, y lo hace a partir de las obras de la Corcovan Art Gallery de Washington, uno de los centros más importantes y antiguos dedicados al arte histórico y contemporáneo de este país.


La capitalidad del arte ha venido itinerando junto con el devenir de los grandes acontecimientos políticos e históricos: Roma, París, Nueva York… Serge Guilbaut describe así la nueva hegemonía americana a partir de los ’40: Estados Unidos tenía “todos los triunfos en la mano: la bomba atómica, una economía fuerte, un ejército poderoso, la supremacía artística y la superioridad intelectual”. Sin embargo poco se sabe de las décadas precedentes, y cómo a lo largo de éstas se fueron generando estructuras de mercado, corrientes artísticas y líneas de opinión que desembocarían en instituciones, movimientos y críticos por todos reconocibles. La exposición nos sitúa, de hecho, en los albores de un recorrido que muchos desconocen o creen arbitrario. También pone en evidencia el importante papel que jugó la iniciativa privada de galeristas y coleccionistas visionarios como William Wilson Corcoran (1798-1888), una tradición muy arraigada en América y que dibuja en mapa artístico muy diferente al de nuestro continente.

Desde el 1 de noviembre y hasta el 25 de enero la Fundación Joan Miró presenta una muestra de más de 100 obras de la Corcoran Gallery de Washington. La selección de piezas se ha hecho conjuntamente entre Sarah Newman, Sarah Cash y Philip Brookman –conservadores de la institución prestadora- y Martina Millà, coordinadora de programas y proyectos de la Fundación. La exposición guía al espectador a través de un recorrido cronológico que abarca de finales del siglo XIX hasta pleno siglo XX pero, sobre todo, la exposición se estructura en base a siete apartados temáticos: “Bajo la influencia de París”, “Paisajes”, “El impacto de la Vanguardia”, “Fotografía” –con diferencia la más numerosa- “Realismo”, “Abstracción de posguerra” y “Entre la abstracción y la figuración”.

Este guión curatorial quizá resulte demasiado clásico y dirigista, pues propicia un acercamiento en exceso didáctico y lineal a la historia del arte, a la vez que corre el riesgo de crear compartimentos estancos. Se echa en falta una mayor elaboración del contenido en el espacio de las salas. Pese a ello sí se consiguen trazar algunas líneas de discurso que problematizan dinámicas tanto intrínsecas como extrínsecas al primer arte moderno americano. Intrínsecas, como la experimentación estética entre los dos polos imperantes, la abstracción y la figuración. Extrínsecas, como la del todo inevitable lectura en paralelo entre los cuadros expuestos y el arte coetáneo europeo. Se justifica, pues esta decisión curatorial si uno de los objetivos es poner de relieve cómo los artistas estadounidenses beben de los referentes europeos (franceses) para luego desvincularse, crear su propio lenguaje visual y exportarlo al resto del mundo.

Así pues, la identidad estética norteamericana anterior a la irrupción del Expresionismo Abstracto y del Pop Art se debatía entre las principales líneas de fuerza que hacían referencia tanto a ideas estrictamente americanas como a nociones universales sobre el arte y la cultura. Discusiones sobre el academicismo vs. modernismo, representación vs. abstracción, y el gran dilema del momento: la creación de un arte nacional norteamericano vs. un arte internacionalista influenciable por las corrientes que llegaban de Europa. Son evidencia de ello las obras de la primera sección “Bajo la influencia de París”. Alfred Maurer, William Glackens o Cecicila Meaux reproducen motivos, temáticas y estilos deudores del impresionismo y el simbolismo.

Sin embargo, será en la pintura paisajista donde se podrá empezar a apreciar una apropiación del medio y el progresivo desarrollo de un lenguaje específicamente norteamericano. Por un lado la referencialidad a lugares concretos, y por el otro la progresiva desfiguración de la pintura –germen de la abstracción- permitieron el surgimiento de una identidad pictórica independiente. En este contexto fue sin duda decisiva la celebración del Armory Show, muestra itinerante entre Nueva York, Boston y Chicago, que tubo lugar los días 15, 16 y 17 de febrero de 1913. De las 18 secciones de que constaba 10 se dedicaron a pintura, escultura y artes decorativas americanas. De hecho, el Armory Show –cuyo lema era The New Spirit- tomó el relevo a las grandes exhibiciones de arte independiente de Francia, Alemania, Italia o Inglaterra, y ahí se dieron cita artistas como Matisse o Duchamp, y junto con ellos la eclosión de las Vanguardias.

Pero si cabe destacar alguna sección esa es la de fotografía, el gran fondo y legado de la Corcovan Gallery. Como género a caballo entre lo documental y lo artístico, entre una tradición que entronca con la pintura realista y costumbrista, y la trasgresión más experimental. La muestra de fotografías expuestas en la Fundación Miró va desde 1909 a 1978 y comprende nombres tan reconocidos como Lewis Hine, Ralph Steiner, Walker Evans, Berenice Abbott, André Kertész y Gordon Parks.

Las obras presentadas en “Modernidad Americana” reflejan estos primeros años de eclecticismo, de ensayo y búsqueda de un lenguaje autónomo. A la vez, todas ellas naturalmente se benefician de una lectura retrospectiva de la historia, una mirada que añade a su valor estético una contextualización y un acercamiento social justificador. La mejor de todas, sin duda, la pieza de Vik Muniz que cierra el recorrido “Alfred Stieglitz”.

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