Aprovechamos que Manifesta 8 termina para aproximarnos a algunas preguntas que cierran la primera década del 2000. El tiempo vuela y es necesario repensar figuras, modos de actuación y descubrir otros ángulos para observar lo que nos rodea: ¿Qué ha pasado con el comisariado? ¿A qué se está jugando desde el campo institucional? ¿Podemos hablar sin tapujos del branding y el arte? tres preguntas, entre otras muchas, que deja la segunda edición -de ocho- de Manifesta en la península ibérica.
Montse Badia se pregunta sobre la figura del comisario, Marti Manen sobre las formas institucionales y Cecilia Martín sobre el co-branding en el caso de Murcia y Manifesta.
Economía, política, relaciones sociales.... casi todos los aspectos de nuestro presente están viviendo un proceso de redefinición. Y el arte no queda al margen. Las instituciones, las exposiciones y también el comisariado están en crisis. Reinventarse o morir, esa es la cuestión.
Manifesta, convertido en una fecha más del calendario artístico, ha terminado por rendirse a la mentalidad conservadora que rige el sistema institucional del arte. Manifesta se presentó como otro modo de actuar, como otra aproximación al arte contemporáneo, un lugar para otras emociones, hallazgos y fracasos. El giro hacia la seguridad elimina mucho de lo primero y lo segundo.
¿Qu¡én se beneficia más en las estrategias de branding urbano? Manifesta y Murcia logran mantener una relación temporal con unos objetivos de visibilidad importantes así como manejando cifras millonarias. Toca preguntarse quién sale ganando y qué pasa a un segundo plano, ya que a lo mejor el arte en sí dejó de ser lo importante en este tipo de relaciones.








