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Spotlight

06 febrero 2018
Intervenir el futuro. Sobre “Después del fin del mundo” en el CCCB

Ana Llurba

Inaugurada por un prólogo escénico a cargo del referente de la Climate Fiction, Kim Stanley Robinson, y un ensayo-instalación dividido en cinco episodios del filósofo Timothy Morton, fundador de la Dark Ecology y uno de los teóricos más relevantes para abordar la actual crisis ambiental, Después del fin del mundo consiste en ocho instalaciones inmersivas en sala que animan a intervenir en temas como la salud ambiental, la producción y el consumo, la transformación de las superficies terrestres y marítimas, la alimentación, el diseño especulativo o la biodiversidad.

En estos tiempos en que se ha asignado a nuestra edad geológica el nombre de Antropoceno, donde la especie humana ha dejado su huella irreversible en los ecosistemas terrestres, y asumiendo que esto también implica la creencia hegemónica en la inevitabilidad del capitalismo como forma de progreso histórico y esencialismo biológico y cultural, las instalaciones de esta exposición funcionan como “intervenciones” en el sentido que le asignara a este concepto la filósofa Isabelle Stengers. En su ensayo En tiempos de catástrofes. Cómo resistir a la barbarie que viene (2015) Stengers presenta su perspectiva sobre la relación capitalismo-naturaleza como “intervenciones”: una forma de tomar parte en un asunto sin tratar de convencer sino de provocar un breve momento de pausa, de detención, inaugurando así un espacio nuevo para un posterior desplazamiento en la manera de plantear toda la cuestión. De esa manera, gran parte de las instalaciones de esta exposición oscilan entre el diagnóstico del presente (la alarmante desertización de la superficie terrestre en Overview de Benjamin Grant o el magnético viaje hacia la infraestructura invisible de la producción y el consumo del colectivo Unknown Fields Division) y el deseo utópico (el diseño ficción de Superflux, el proyecto Aeroceno de Tomás Saraceno o la clínica de salud ambiental de Natalie Jemijenko) augurando nuevas formas de recomposición sostenible de la comunidad.

La tensión dialéctica con las especies no humanas, subyacente en la premisa de la Dark Ecology de pensar la ecología sin la naturaleza, se manifiesta en una de las instalaciones: Win-Win, de la compañía alemana Rimini Protokoll. Una experiencia de teatro interactivo que especula, en su doble sentido de reflejo y conjetura, con las especies “ganadoras” y “perdedoras” de la “batalla por la vida”, extrapolando las posibilidades de supervivencia de la especie humana desde la lente irónica de la historia natural darwinista. Una puesta en abismo posthumanista que invita a relativizar la escala “humana” de la actual crisis ambiental. Una experiencia en la que el Antropoceno deviene frontera, zona liminar, donde deberemos aprender, como señalara Haraway en Staying With The Trouble: Making Kin in the Chthulucene (2016), a “convivir con el problema”:  la actual catástrofe como condición irreversible, donde lo humano y lo no humano están involucrados de manera inseparable, presagiando otras formas de eso que llamamos “vida”.

 

 

A Ana le fascina zambullirse en libros y películas, acercarse con precaución a esos tentáculos que yacen en las profundidades y volver para contar lo que ha visto. Estudió Teoría Literaria y Literatura Comparada en la UAB. Actualmente trabaja en el medio editorial, colabora con algunas revistas y fanzines y coordina el proyecto Honolulu Books.

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