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Spotlight

12 abril 2018
PROYECCIONES Y REVERBERACIONES EN POS DE UNA POSIBILIDAD

Marta Ramos-Yzquierdo

El sonido surge del choque de moléculas que producen un movimiento vibratorio. Sólo puede suceder en un contexto sustancial, nunca en el vacío. Concretamente en el agua, el medio líquido, el sonido acontece con menor pérdida de energía y con mayor rapidez que en el aire.

En las sucesivas visitas a La Virreina, siento que estoy buceando, sumergiéndome, pensando desde el estado líquido. No parecen casar con una idea de sequedad persistentemente presente en las imágenes de la exposición Máquinas de Vivir. Flamenco y arquitectura en la ocupación y desocupación de espacios: las modernas arquitecturas desnudas y fallidas, las cartografías utópicas de derivas, las fotografías de escenas de marginalidad, o los teatros de escenografías y gestos duros. Y a pesar de ello, la aridez de estas imágenes se percibe atravesada por la reverberación de un sonido, el del flamenco.

La muestra propone como punto de partida la relación entre música y espacio, entre ese sonido flamenco y la arquitectura. A través de ellos se plantea la investigación sobre cómo la producción simbólica del imaginario caló ha ocupado diferentes estructuras. Lo hace a través de la indagación en las formas constructivas, y en este análisis se entiende cómo la reverberación de un modo de vida, con más energía y más rápidamente que en al aire libre exterior, se expande para cuestionar el concepto occidental de organización social.

El medio líquido en el que nos situamos es el archivo que Pedro G. Romero ha convertido en núcleo de su proyecto Máquinas PH. Un aparato que desde 1995 le permite, en actividades de reflexión colectiva y sin autoría única, establecer coincidencias y relaciones entre forma y modo en distinto niveles, entre práctica artística y análisis sociológico, psicológico y filosófico, como un gran Atlas a la Aby Warburg. Su estrategia de trabajo se convierte así en una herramienta política a través de la expansión de categorías y subversión de sistematizaciones clásicas.

Lo flamenco, pensado hondamente, desborda el concepto de simple música o canto. Son muchos los teóricos y pensadores que encuentran en él cualidades que definen, tanto en su tradición como en su condición experimental, una relación temporal y espacial que escapa de los preconceptos de nuestra sociedad. Didi Huberman contaba en la conferencia “Tierra y conmoción o el arte de la grieta[1] que el flamenco golpea el suelo y en esta fricción los artistas “no cesan jamás de interrogar a la tierra sobre su capacidad de responder al cuerpo con choques devueltos”. Son cuerpos en movimiento, que recogen su origen nómada y que no pertenece a un lugar concreto, sino a un paisaje del tránsito que no se ata a un territorio cultural específico. Así, es “puro devenir sin medida”. En otro foro de reflexión, Giorgio Agamben[2] explicaría que el baile flamenco no es un acontecimiento, no es algo que “tenga lugar” sino una probabilidad, algo que “podrá, tal vez, ocurrir”. No es espacial sino temporal.  El propio Pedro G. Romero en su libro El ojo partido[3] describe a los gitanos como desterritorializados, situados al margen. Y es este estar en el margen lo que conecta directamente con la actitud vanguardista y lo posiciona como cualidad política que permite la posibilidad de un nuevo pensamiento de las formas de vida. De vivir más que de habitar.

La exposición de La Virreina sintetiza estos elementos en tres núcleos: la arquitectura social, en el que se reúnen diferentes experiencias de regulación arquitectónica sobre las poblaciones gitanas; la arquitectura radical, en donde se muestran múltiples propuestas realizadas desde la vanguardia, fundamentalmente situacionista, inspiradas en los modos y cultura romaní[4]; y las arquitecturas teatrales, y lo que en ellas se desarrolló en su momento de eclosión en la España de los años setenta, con una mezcla de tradición, innovación y vanguardia.

Si bien todos son reales, los espacios presentados en la muestra surgen siempre como proyecciones. La primera, la del movimiento moderno desarrollista, es una tentativa de imposición sobre un pueblo que escapaba de los canales en que el progreso debía suceder. La segunda, la artística, se nutre y adopta parte de sus modos y estrategias – nomadismo, rechazo al trabajo, usufructo del espacio urbano, predominio del juego, anomia delirante, la jerga como lengua, la baja producción industrial, la deriva o el détournement– para imaginar futuros alternativos, prácticamente todos dentro del campo de la utopía. Tanto la arquitectura como el arte contemporáneo son por tanto proyecciones imaginarias sobre una cultura, infravalorada o mitificada en cada caso. Por último, la proyección que la misma cultura gitana crea, en los intersticios espaciales donde le han dejado existir, en el campo híbrido del “lumpemproletariado”. A través de la asimilación de propuestas experimentales, y que también escapan de la norma de los espacios regulados, encuentran su campo de reflexión, su modo de existir, en la ficción.

En cada capítulo de la exposición nos enfrentamos a diferentes fricciones, a moléculas que chocan en su movimiento, a un sonido que quizá se diluye en nuestras ciudades, pero que aquí nos permite alcanzar su resonancia. Como dice Teresa Lanceta, artista que estuvo en contacto con la cultura gitana en Barcelona y de quien cuelgan tapices en la exposición: “El flamenco me crujió y descubrí que la excepción es la regla que nos hace posibles”.  

 

[1] Seminario La noche española. Flamenco, vanguardia y cultura popular. Georges Didi-Huberman, “Tierra y conmoción o el arte de la grieta”, http://www.pieflamenco.com/tierra-y-conmocion-o-el-arte-de-la-grieta/ (visto en 27/03/2018).

[2] Seminario Flamenco. Un arte popular moderno. Giorgio Agamben, “Creación de un lugar donde el baile puede ocurrir”, http://www.pieflamenco.com/creacion-de-un-lugar-donde-el-baile-puede-ocurrir/ (visto en 27/03/2018).

[3] Pedro G. Romero, El ojo partido: Flamenco, cultura de masas y vanguardias (Flamenco y cultura popular), Athenaica Ediciones Universitarias, Sevilla, 2016.

[4] Guy Debord decía sobre los gitanos: “el capitalismo los atraviesa de parte a parte y en nada cambia su forma de vida”. Cita en los textos explicativos de la exposición Máquinas de Vivir. Flamenco y arquitectura en la ocupación y desocupación de espacios, en La Virreina, Centre de la Imatge, Barcelona.

Marta Ramos-Yzquierdo está acostumbrada al cambio y a la adaptación. Por eso ha tocado los palos más diversos del campo del arte y la gestión cultural. Ha vivido en París, Granada, Madrid, Santiago de Chile, muchos años en São Paulo, y ahora en Barcelona. Habla y escucha mucho a artistas y otros seres para buscar muchas preguntas, sobre todo, sobre estructuras de poder, formas de percepción y modos de actuar, sentir y vivir.

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