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Spotlight

21 junio 2018
Melanie Smith. La historia como palimpsesto

Marla Jacarilla

Al entrar en la exposición de Melanie Smith Farsa y Artificio, deberíamos dejar que este idóneo título nos advirtiera de aquello que vamos a ver. Estructurada a partir de siete palabras clave (abstracción, urbano, color, cuerpo, naturaleza, arqueología y escala), la muestra realiza un recorrido por su obra desde principios de los noventa hasta el presente y aborda, mediante diversas formalizaciones (pintura, escultura, instalaciones, fotografía, vídeo), una serie de tensiones presentes en la sociedad mexicana en relación con la británica (nacida en Poole, Inglaterra, Smith ha desarrollado su carrera en México durante los últimos 30 años).

¿Cómo se conforman las urbes? ¿Cómo se instaura la idea de modernidad? ¿Cómo se replantea? ¿Cómo se define la estructura de una megalópolis como Ciudad de México? ¿Puede el colapso estructural de una ciudad seguir generando vida? ¿Hasta qué punto está presente la abstracción geométrica en la configuración de las ciudades? Spiral City (2002) constituye una respuesta a la obra Spiral Jetty, creada en 1970 por Robert Smithson en pleno desierto de Utah. Y si esta última –una de las obras más representativas del Land Art–  estaba ubicada en plena naturaleza, allí donde la mano del hombre todavía no parece haber modificado el entorno, la obra de Smith muestra, por el contrario, la capacidad del ser humano para transformar el contexto y su inevitable necesidad de hacerlo constantemente, creando una serie de inabarcables entornos distópicos en los que intentar seguir adelante con su vida (o no). Una serie de lugares en los que la modernidad entra en diálogo (y conflicto) con la tradición, la identidad con la globalización, la naturaleza con la industrialización, el orden con el caos, la colonización con la resistencia y la muerte con la vida; convirtiendo todos estos espacios en una suerte de caóticos palimpsestos en los que el paso del tiempo superpone infinitas capas de realidad.

Uno de estos entornos distópicos es Fordlandia, ciudad ubicada en el corazón del Amazonas e ideada por Henry Ford en los años 30 para establecer miles de hectáreas de cultivo de planta de caucho. Una ciudad que en principio estaba destinada a satisfacer la demanda de caucho de la Ford pero que se acabó convirtiendo en su mayor fracaso y a día de hoy permanece “abandonada”. Smith, en Fordlandia, su obra homónima de 2014, sitúa allí su cámara y observa a través del objetivo todos aquellos pequeños gestos y evidencias que demuestran que la ciudad sigue (a pesar de este supuesto fracaso, o tal vez gracias a él) llena de vida. Un fracaso tal vez del capitalismo, pero no de la vida que se abre paso a través de las ruinas industriales.

Otra de las obras que mejor refleja está tensión entre caos y modernidad es Aztec Stadium (2010), en la que Smith llevó a 3000 estudiantes de escuelas públicas de México hasta el famoso estadio de fútbol para que compusieran, de manera comunitaria, descomunales mosaicos que en cierto modo servían para representar dicha tensión. Desde el Cuadrado rojo de Malevich pasando por diversas imágenes de la imaginería nacionalista mexicana o iconos de la cultura de masas, todas estas imágenes se construyeron ante las cámaras mediante un procedimiento algo caótico, orgánico y aparentemente “poco organizado”. La idea de convertir la reinterpretación de diversos elementos de la historia en una herramienta para analizar el presente constituye así una constante incuestionable en su obra. Durante este recorrido por los últimos 30 años de su trabajo aparecen reminiscencias a El Bosco o a Pieter Bruegel el viejo, pero también a los Monty Python, a David Lynch  o a Alice in Wonderland. Hablamos de obras como Obscuridades bucólicas (2017) o Bulto, en las que la alteración de la escala, la fragmentación del cuerpo, la comedia del absurdo, la importancia del ritual o la presencia del cuerpo grotesco están íntimamente relacionados. Este mismo cuerpo es construido, destruido y reconstruido en Irreversible, Illegible, Unstable (2012); obra en la que, durante dos semanas y junto con veinte personas más, Smith creó 3000 restos arqueológicos falsos a partir de moldes. 3000 restos que, en un ejercicio de absurda arqueología que niega su finalidad inicial, fueron ordenados y clasificados. 3000 restos que, al fin y al cabo, no son más que cuerpos inertes, cuerpos que podrían representar aquellos cuerpos que conforman la historia. Cuerpos que, después de todo, también podrían ser una farsa. Porque, ¿qué es la historia sino un palimpsesto, una superposición constante de farsas que a veces da como resultado la instauración de una cierta verdad? Dice Melanie Smith que “el sinsentido tiene el poder de deconstruir”. Y deconstruir, admitámoslo, es un paso imprescindible para poder seguir (re)construyendo.


A Marla Jacarilla le resulta difícil definirse, aunque lo intenta de modo obstinado desde que hace algunos años le explicaron que sería bueno que tuviese un statement. Hace arte (o al menos lo intenta), escribe sobre cine y reflexiona de vez en cuando sobre cosas que suelen pasar desapercibidas. En cierto modo, todo esto se sitúa a un mismo nivel: la obsesión por esas letras que forman palabras, que forman frases, que forman párrafos, que forman capítulos que nos cuentan historias.

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