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Spotlight

28 febrero 2018
PIEDRAS, PALOS, CATEDRALES

Caterina Almirall

Un viaje a Madrid a finales de febrero de 2018.

A- Hola, ¿sabes? Siempre que voy a Madrid me siento como un anfibio de travesía por el desierto: con el frío y el sol, la piel y la garganta se me secan. Quizás soy un anfibio. Este año ARCO ha sido bastante normal, tranquilo. Recorrer la feria podría asemejarse a un paseo por un paisaje deconstruido: piedras, palos, bloques de cemento, minerales, plásticos y materiales orgánicos, manchas de líquidos extraños, sólidos y viscosos. La práctica artística como un intento de organizar y categorizar el mundo en el que vivimos a partir de los materiales y las formas que los contienen. O quizás de imaginar otros nuevos, sea lo que sea lo que esto significa. Como herramientas y estrategias, el misticismo, la cultura popular y la ciencia ficción. Fuera de la feria, en la ciudad, también resuena esta voluntad de establecer un diálogo plástico, material, orgánico.

P- Hola, yo soy una piedra, o tal vez una roca. He atravesado paisajes milenarios y he llegado hasta aquí. Hoy podemos sentarnos y hablar, tú me cuentas el futuro y yo te hablaré de un mundo imaginario en el que los lugares no tienen nombres porque no tienen límites.

L- Ey, hola, yo soy un líquido. No soy ningún líquido en concreto, soy la idea de un líquido. De hecho, ni siquiera soy líquido ahora mismo, me he quedado seco, sólido -como tú- para poder representar todos los líquidos. Soy de un color indefinido, tirando a amarillo pálido, y un poco viscoso, como si hiciera mucho tiempo que me he derramado aquí encima.

V- Mmmhhh yo, en cambio, soy un color… soy el color verde. Represento el mundo natural, pero también represento el futuro, represento todo en lo que os podéis proyectar para convertiros en otros. Represento la esperanza, represento la vida, la vida orgánica. Soy musgo, soy moco y soy árbol, soy croma, soy nada y soy hongos. Soy el esplendor, la selva y los transgénicos. Soy, en definitiva, el color de moda.

A- Los anfibios tienen la particularidad de que a lo largo de su vida siguen un proceso de metamorfosis. ¡También son los primeros vertebrados que se adaptaron a una vida semi-terrestre, la vanguardia de la vida terrestre! Dentro de la feria hay una sección que se llama el futuro… The Future. Chus Martínez, una de las comisarias, explica que el futuro no es lo que ha de venir, sino una propuesta para imaginar, a partir de lo que somos, qué podemos hacer y a dónde podemos ir. Cualquier intento de predicción del futuro revela el presente en el que vivimos. ¡Un trabajo de vanguardia, sin duda! Una vanguardia que quiere ser transversal, transgeneracional, transdisciplinar y quizás incluso transgénero.

L- Todo muy trans-, todo muy post-… ¿Verdad? Como si, en el fondo, no supiéramos reconocer los límites que cada forma verbal indica: ¿dónde termina el pasado y dónde empieza el presente? En Centro Centro también hablan de esto con la exposición Adverbios Temporales. Sí, el título es un poco básico, pero hay piezas muy chulas que desbordan en el espacio invadiéndose mutuamente. Muy líquido todo, aunque quizá poco fluido… Navegas entre obras que a veces se quieren fundirse en una sola, recorriendo mundos más o menos virtuales, más o menos reales. Grosse Fatigue es un vídeo fantástico de Camille Henrot en el que narra visual y textualmente una posible ordenación subjetiva del universo, una especie de enciclopedia, un derrame de imágenes a ritmo de spoken word muy seductor, de colores brillantes, pasteles, simultáneos y en todo momento conjuntados con las uñas pintadas de una mano que dispone objetos ante la pantalla. Esta visualización de objetos va en consonancia con How happy a Thing can be y, aunque son muy diferentes, se corresponden. Esta es la pieza de Cecil B. Evans, también un vídeo, en el que algunas cosas tienen una conversación y al final unas tijeras bailan hipnóticamente en medio de un solar abandonado, mmmm. En Mindplace Thoughtstream, la videoinstalación de Shana Moulton, los objetos, en cambio, sirven de portales para acceder a otros mundos, en un viaje interior y exterior a la vez, como si tuviéramos el océano dentro de la cabeza, y pudiéramos acceder recitando un mantra. ¿Podemos, tal vez? ¿Ya se ha intentado? ¡Quizás funciona! Regina de Miguel cierra la exposición como un golpe de aire frío con su película Decepción. Esta pieza no tiene nada de ciencia ficción, es el resultado de un viaje real a la Antártida, concretamente en la isla que da nombre a la pieza. Un nombre que es fruto de un malentendido, un engaño, pero no de una ficción. A mí me hace pensar en cómo la imaginación tiene siempre una relación directa con algún elemento real, conocido, tangible, material, borrando así los límites entre una y otra. Icebergs, volcanes, lava, océano y científicos que tratan de encontrar cosas donde parece que no vive más que organismos extremófilos y un presente abismal.

V- Yo que estoy en todas partes aquí y ahora, señalando el mañana, y dentro de vuestras mentes os puedo decir que hay un lugar donde puede ver realmente cuál es el color del futuro: el verde. Por eso la Antártida está en blanco y negro, porque todo parece muerto. En cambio, el verde conjuga muy bien con el estado general excepcional presente, un combinado entre euforia, agotamiento e hiperestimulación. Aunque, si realmente se desea dar paso al mañana, a lo posible, a lo post, a lo hiper… hay que volver al fondo verde croma de la exposición The Future.

P- ¿Un futuro sin censura? ¿Cómo será la precariedad del futuro? ¿Moriremos en el futuro? ¿Ha venido algún coleccionista del futuro a comprar obra de los artistas que exponen en la feria? Una vez hablamos sobre pinturas que querían afectar al futuro, no sé muy bien qué queríamos decir con esto, supongo que tenía que ver con la idea de que el arte siempre se lee en presente y por lo tanto está siempre descontextualizado. Es precisamente en este desplazamiento que podemos aprender algo de la forma en que hacemos significativa nuestra relación con el mundo. Pero ahora, instalados en este presente tan futurista en imaginación y tan retrógrado en maneras de hacer, navegar por las propuestas del arte contemporáneo a finales del mes de febrero, en la ciudad de Madrid, puede ser como una bofetada seca a la cara.

L- ¿En la cara de quién?

A- Ya se ha propuesto muchas veces la idea de entender el “mundo del arte” como un ecosistema. En la exposición de Generaciones, en la Casa Encendida, hay una pieza que me ha hecho pensar en ti, la de Serafín Álvarez, que se llama Umbral y que tiene forma de roca gigantesca.

P- Sí, ya, pero es una roca artificial.

A- Bueno, sí, artificial, pero todos reconocemos una roca, oscura, negra, como de petróleo, como recién nacida de las entrañas de la tierra. Esta pieza propone entender el paisaje como una entidad en sí misma. Interroga así la relación con la idea de alteridad, a partir de una búsqueda en mundos de ciencia ficción y fantasía. Tienes que entrar en la roca que es una cueva para ver “el corazón” de la pieza: un videojuego creado por el propio artista y que es un paseo por todos estos paisajes animados. La roca-cueva indica por tanto un límite en el espacio. Un dentro y un fuera. Delimita un cuerpo del que formas parte cuando te adentras en la cueva. Cuando formamos parte de este nuevo cuerpo-cueva podemos pensar que nuestro propio cuerpo es un ecosistema; cuando nos alimentamos, o cuando respiramos, estamos en relación con otros organismos con los que intercambiamos bacterias, gérmenes, formas, sustancias, estados. Así podemos ver que estamos formados por otros organismos que, a la vez que viven en nosotros, son parte de nosotros, nos ocupamos y nos damos forma mutuamente.Regulación y desregulación, censura y libertad, belleza y fealdad, pasado y futuro, presente y ausente …

V- Mmmm… sí, claro. Pero hay alteridades que no funcionan bien cuando se encuentran, por ejemplo, futuro y censura… Junto, es como una indigestión, ¿no?

A- Sí, es que la característica principal de la idea del ecosistema es su complejidad: la hiperinformación, la posverdad, la hiperconectividad, la transdisciplinariedad conforman este ecosistema que llamamos “arte”. Por ello, aunque vamos a Madrid a ver “las últimas tendencias”, también buscamos las cañas de cerveza mejor tiradas y comemos las especialidades tradicionales que sirven en los bares, como el famoso bocata de calamares que, por cierto, aunque cortado en forma de aros no lo parezca, ¡es el animal más inteligente del mundo!

V- Vaya, pero aun así no acabo de entender lo que ha pasado con la obra de los presos políticos, que la han censurado.

P- Bueno, supongo que tiene que ver con esta complejidad. Con los límites de los efectos de este ecosistema, con los límites de la realidad y la ficción: los presos políticos son reales, existen, pero la obra de Santiago Sierra “sólo es arte”, ¿sabes? Bueno, eso dice su galerista.

V- Mmmm… No, realmente no hay quien lo entienda, es como si existiera en otra dimensión.A- Sí, si las dos dimensiones se tocaran, por ejemplo: el Rey mirando la obra de los presos políticos, se produciría una especie de cortocircuito, y algunos hacen lo que sea para evitar que esto ocurra, como censurarla y tal.

L- Bueno, ahora hablando de otras dimensiones, en el MNCARS se terminó una exposición que se llamaba Rosi Amor que también era como una especie de viaje entre la dimensión del lenguaje y la dimensión material. ¿La visteis?

P- Después de tanto futuro, que nos hables de algo del pasado me hace extraño.L- Quizás ayuda a entender un poco esta idea de la complejidad. David Bestué, el artista de esta exposición quiere hacer “poesía sin palabras” y por eso busca la dimensión física del lenguaje. Lo que hace David es pulverizar unos objetos viejos para darles una nueva forma, que es la apariencia de un nuevo objeto que, a su vez, está extraída, mediante un molde, de otro objeto viejo. David habla de la relación con la ciudad, con el país y con cómo relatar la historia (el pasado, el presente y el futuro) desde dentro, o desde abajo, y en constante transformación. No la historia proyectada, homogénea e institucional, sino la de la memoria popular que se explica desde el estómago de la ciudad.

A- Esta idea me gusta. Es frágil y menos pomposa que todo este futuro verde croma abrumador del que hablábamos antes. En todo caso, para pensar el futuro deberíamos pensar, también, desde esta historia diversa y compleja que crece bajo nuestros pies y en nuestra barriga. Que no queramos pulverizar una catedral para construir un museo.

Caterina Almirall acaba de nacer en este mundo, pero antes había vivido en otros mundos, similares y paralelos, líquidos y sólidos. De todos ha aprendido algo, y ha olvidado algo. Aprender es desaprender. En todos estos mundos le atrapa una telaraña que lo envuelve todo, algunos lo llaman “arte”... Envolver, desenredar, tejer y destrozar esta malla ha sido su ocupación en cada uno de estos planetas, y se teme que lo será en cada uno de los que vendrán.

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