{"id":19324,"date":"2006-11-06T02:38:00","date_gmt":"2006-11-06T02:38:00","guid":{"rendered":"http:\/\/a-desk.org\/2006\/11\/06\/regreso-al-futuro\/"},"modified":"2017-09-25T23:36:27","modified_gmt":"2017-09-25T23:36:27","slug":"regreso-al-futuro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/a-desk.org\/ca\/magazine\/regreso-al-futuro\/","title":{"rendered":"Regreso al futuro"},"content":{"rendered":"<p class=\"post_excerpt\">Hace cinco a\u00f1os el anuncio de la apertura del Palais de Tokyo en Par\u00eds, compartiendo edic\u00edcio con el Musee de la Ville y dedicando un espacio inmenso al arte contempor\u00e1neo, llen\u00f3 de espectativas eso que se ha venido en llamar el panorama del arte internacional. <\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nPar\u00eds parec\u00eda que pod\u00eda recuperar algo del pulso perdido en las vanguardias. Despu\u00e9s de unos a\u00f1os sin demasiadas novedades desde Francia, una serie de artistas encabezados por Pierre Huyghe, Philippe Parreno y Dominique Gonzalez-Foester empezaban a destacar (por entonces, ya hab\u00edan empezado a trabajar en el vasto proyecto de Annlee). Tambi\u00e9n Thomas Hirschhorn se instalaba en Par\u00eds; Gabriel Orozco ten\u00eda galer\u00eda en la ciudad y desde all\u00ed parec\u00eda establecer su interlocuci\u00f3n con el continente; Pippilotti Rist hab\u00eda inaugurado una gran exposici\u00f3n en el citado Musee de la Ville en 1999; el mismo a\u00f1o que Harald Szeemann se encarg\u00f3 de la Bienal de Venecia ampliando la antigua secci\u00f3n Aperto a toda la bienal, donde de hecho desarroll\u00f3 parte de lo que ya hab\u00eda probado un a\u00f1o antes en una peque\u00f1a bienal, la de Lyon, que brevemente se situaba en el mapa. <\/p>\n<p>Y el Palais ser\u00eda la guinda del pastel. Nicolas Bourriaud, que con Jerome Sans se encargar\u00eda de una direcci\u00f3n compartida, acavaba de publicar el c\u00e9lebre \u201cLa est\u00e9tica relacional\u201d que, m\u00e1s all\u00e1 de sus contras, respond\u00eda a un intento de explicaci\u00f3n de una serie de trabajos en arte contempor\u00e1neo (como, los del propio Pierre Huyghe, Jens Hanning o Rirkrit Tiravanija): algo que llevaba tiempo sin suceder y que lleva tiempo sin que vuelva a ocurrir. Mucho antes de inaugurar editaron un libro fruto de una encuesta bastante amplia en la que preguntaban a artistas y otros agentes c\u00f3mo les gustar\u00eda que fuese el Palais (en el fondo recog\u00eda una lista de artistas que pod\u00eda estar en Cream, o sea, los 40 principales). En la rueda de presentaciones que tambi\u00e9n hicieron antes de inaugurar, insistieron en que deb\u00eda ser un lugar din\u00e1mico, capaz de reaccionar frente a fen\u00f3menos de actualidad, m\u00f3vil, la arquitectura deb\u00eda adecuarse a los artistas y no al rev\u00e9s&#8230; Resultado: la remodelaci\u00f3n (a pesar de lo cara) b\u00e1sicamente afect\u00f3 a las instalaciones, y si hac\u00edan falta muros blancos, pues ya se ir\u00edan pintando. Pero la vasta sala principal en forma curva y de altura desproporcionada implicaba que m\u00e1s que adaptarse a los artistas, eran estos los que deb\u00edan luchar frente a las descomunales dimensiones, algo quiz\u00e1 f\u00e1cil para Richard Serra pero tal vez no tanto \u201crelacionalmente\u201d y, sobre todo, \u00a1ai! \u00a1ai!&#8230; el presupuesto. No hay inauguraciones y las exposiciones no cambian al un\u00edsono, el Palais siempre est\u00e1 abierto, aunque sea a costa de sumar m\u00e1s espacios vac\u00edos subrayando el aspecto de semiabandono de la reforma. Como tiene que ser un lugar \u201crelacional\u201d no cierra hasta las 12 de la noche. Pero, como est\u00e1 en una zona residencial un tanto pija, el bar-restaurante, que deb\u00eda ser punto de reuni\u00f3n \u201cd\u00e9contract\u00e9\u201d, en seguida cambi\u00f3 sus mesas corridas por platos a la altura cremat\u00edstica de los vecinos, en un lugar en el que, por otra parte, hay poco m\u00e1s que el Palais. Aunque, eso s\u00ed, como sucede en el Macba, es punto de reuni\u00f3n de skaters.<\/p>\n<p>Finalmente, todas las buenas intenciones del Palais quedaron sumidas en un halo de banalidad. Para colmo, Londres asumi\u00f3 con decisi\u00f3n convertirse en capital del arte en Europa y lleg\u00f3 la Tate Modern (para decomunal, su sala de las turbinas y su presupuesto) y Frieze&#8230; Con el Palais la propia est\u00e9tica relacional ha sido objeto de una cr\u00edtica feroz. Demasiados juegos de manos, cart\u00f3n-piedra y, finalmente, poca relaci\u00f3n (aqu\u00ed el aburguesamiento, gentrification les gusta m\u00e1s a algunos, es a la inversa, el pobre del barrio es el museo), pocas ideas fuertes, porque tampoco pasaron por all\u00ed los m\u00e1s destacados ni, los que lo hicieron, con grandes grandes apuestas. En el extremo, el a\u00f1o pasado dedicaron todo el espacio a Bruno Peinado, un joven artista, rayano en la treintena, y m\u00e1s bien sobrevalorado, que frente al horror vacui que provoca ese espacio lo llen\u00f3 de cachibaches, juegos inofensivos con objet-trouv\u00e9s (una moto de gran cilindrada sin motor y a pedales \u00bf?), en una especie de zoco imaginario que no lograba alejar ni el horror ni el vacui, pero por separado.<\/p>\n<p>El pasado febrero, Marc-Olivier Wahler tomaba el relevo de la direcci\u00f3n del Palais de Tokyo, despu\u00e9s de haber trabajado en el MANCO de Ginebra y dirigir las exposiciones del Swiss Institute de Nueva York. Quiz\u00e1 el mayor reto que tenga que asumir sea invisible: el Palais a\u00fan dispone del doble de metros cuadrados, ocultos y sin remodelar; adem\u00e1s, buena parte del presupuesto no viene por v\u00eda p\u00fablica sino que hay que encontrar esponsorizaci\u00f3n. La parte m\u00e1s visible del reto, parece que ya ha empezado a asumirla. \u201cCinc Milliards d&#8217;Ann\u00e9es\u201d es la primera exposici\u00f3n de la nueva programaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por lo menos parece que ha intentado recuperar una intensidad perdida. En la exposici\u00f3n algunas piezas se muestran con contundencia: la gran estructura, como de m\u00e1quina de mill\u00f3n ampliada, de Vincent Lamouroux recorre la gran sala y casi cruza una video proyecci\u00f3n colgada del techo de Gianni Motti \u201cHIGGS, A la rechereche de l&#8217;anti-Motti\u201d, en la que aparece el artista recorriendo el interior de los 27 kil\u00f3metros del acelerador de part\u00edculas de Ginebra. No hay horror vacui y se apuesta por una convivencia ligera y espaciada entre, por ejemplo, la bicicleta en perp\u00e9tuo movimiento de Jonathan Monk, \u201cConstantly moving whilst standing Still\u201d (que recuerda demasiado la que Andreas Slomisky expuso en Artficial en el Macba hace ya algunos a\u00f1os), y  el cubo que reproduce un goteo infinito de Ceal Floyer. Tal vez sea por los modos de exposici\u00f3n que exigen estos trabajos, se aprecia un cambio significativo no s\u00f3lo en la calidad de las obras, tambi\u00e9n en el recorrido, en el display, en c\u00f3mo se expone, en fin, en la exposici\u00f3n tratada como tal. Porque ahora el Palais ya no parece tanto el espacio semiabandonado de antes y el tratamiento escenogr\u00e1fico de la exposici\u00f3n e incluso la austeridad con la que est\u00e1n colocados los distintos trabajos ayudando a que respiren y al mismo tiempo establezcan cierto di\u00e1logo acerca el Palais a un aut\u00e9ntico espacio muse\u00edstico.<\/p>\n<p>La suma de los relatos de cada pieza insiste en un qu\u00e9, a lo mejor ya no banal, pero que de diferente manera a\u00fan mantiene los rasgos anecd\u00f3ticos que tanto lastraban la programaci\u00f3n del Palais.<\/p>\n<p>Pero, a vueltas con la antigua l\u00f3gica del Palais, \u201cCinc Milliards d&#8217;Ann\u00e9es\u201d no quiere ser exactamente una exposici\u00f3n, sino la primera etapa de una programaci\u00f3n, de una sesi\u00f3n de exposiciones bajo el mismo t\u00edtulo. La voluntad es esquivar la idea de exposici\u00f3n como hecho puntual y subrayar la idea de programa. De experiencia temporal se habla en el peque\u00f1o folleto, donde de nuevo aparecen palabras que remiten a un cierto dinamismo: \u201cmovimiento\u201d y \u201celasticidad\u201d. Todo para referirse a una tesis un tanto difusa: esos cinco mil millones de a\u00f1os aluden al tiempo que le queda de vida a nuestro sistema solar y as\u00ed parecen la excusa para plantear la capacidad del arte para asumir lo relativo de su posici\u00f3n, su capacidad para ser mutable y su fragilidad ontol\u00f3gica&#8230; \u00a1uf! Para retorcer un poco m\u00e1s la cosa, dentro de la exposici\u00f3n hay otras exposiciones que forman parte de ella: \u201cUn seconde ann\u00e9e\u201d y las propuestas de Renaud Auguste-Dormeuil, Zilvinas Kempinas y Joachim Koester. En fin, todo un poco liadillo y que as\u00ed, en abstracto, parecer\u00eda seguir la l\u00f3gica de continuidad, superposici\u00f3n y no saber muy bien qu\u00e9 hay ah\u00ed que hab\u00eda caracterizado al Palais.<\/p>\n<p>Aunque eso es sobre el papel. All\u00ed no se ve muy bien a qu\u00e9 viene tanto l\u00edo de si es un programa o no, de si hay proyectos dentro de otros (seguramente tenga que ver con aspectos consumo interno que al final no s\u00e9 si llevan a alg\u00fan sitio), porque \u201cCinc Milliards d&#8217;Ann\u00e9es\u201d es una exposici\u00f3n: se intentar\u00e1 esquivar program\u00e1ticamente, pero se asume con contundencia tanto en obras, en su disposici\u00f3n y en puesta en escena.<\/p>\n<p>El caso es que bajo la premisa de los cinco mil millones de a\u00f1os que nos quedan, bajo ese t\u00edtulo que remite al nada queda (demasiado cerca tenemos el d\u00eda de difuntos o de elecciones para saber hasta que punto nada queda), la elecci\u00f3n de las obras parece aquejada de demasiada evanescencia, juegos con el vac\u00edo y la ligereza: aqu\u00ed unas bombillas que se encienden y se apagan (Philippe Decrauzat reproduce las secuencias lunimosas de \u201cEl exorcista\u201d en una especie de l\u00e1mpara en forma de \u201cT\u201d), all\u00ed otra que s\u00f3lo se enciende una vez al a\u00f1o (Alighiero e Boetti), un vinilo que propone un encuentro en determinada fecha en la torre Eiffel (\u201cMeeting Piece\u201d de Jonathan Monk), una proyecci\u00f3n blanca (que remonta las fotograf\u00edas de un fallido viaje al al polo norte de Joachim Koester y que recientemente expuso el CASM), una cinta que se mantiene el vilo por el efecto de grandes ventiladores (Zilvinas Kempinas) o el citado cubo goteante de Ceal Floyer. <\/p>\n<p>Desde luego que la suma de los relatos de cada pieza insiste en un qu\u00e9, a lo mejor ya no banal, pero que de diferente manera a\u00fan mantiene los rasgos anecd\u00f3ticos que tanto lastraban la programaci\u00f3n del Palais. S\u00f3lo la aparici\u00f3n de un simio inanimado pero extra\u00f1amente humanizado de Tony Matelli parece contrarrestar ese exceso de literalidad, y pone un contrapunto frente a trabajos como el de Jonathan Monk o apoya el de Joachim Koester. Pero esa contraposici\u00f3n s\u00f3lo se da en ese caso y, levemente, en el del v\u00eddeo de Graham Gussim (en el que a\u00f1ade l\u00edquido a un gran lago) frente a la serie \u201cThe Day Before\u201d de Renaud Auguste-Dormeuil (la reproducci\u00f3n de los mapas estelares de las noches anteriores a famosos bombardeos que se expuso en la sala Montcada antes de su traslado). Sin esas contraposiciones, sin elementos que sit\u00faen trabajos como los de Koester, Gussin, Monk, Alighiero e Boetti y dem\u00e1s en un \u00e1mbito intrepretativo m\u00e1s amplio, existencial en unas ocasiones o cr\u00edtico en otras, es inevitable la ca\u00edda en lo anecd\u00f3tico cuando no en lo meramente formal, lo que no hace justicia a su valor. Y es que esa correcci\u00f3n de la presentaci\u00f3n est\u00e1 indisolublemente unida a cierta lectura en un plano exclusivamente formal de las piezas en la exposici\u00f3n: por el hilo argumental, ya se sabe lo evanescente; y, justamente, por lo vacuo del marco general, esa falsa o falta de tesis. Obras que, por otra parte, en otro contexto podr\u00edan revelar consideraciones m\u00e1s cr\u00edticas y no tan placenteramente amables sobre el devenir, la explotaci\u00f3n de lo curioso o lo placidamente ingenioso. No en vano ah\u00ed est\u00e1n los Gianni Motti, Tony Matelli, Jonathan Monk, Alighiero e Boetti, Graham Gussin o Fran\u00e7ois Curlet.<\/p>\n<p>Si, ahora, en su nueva etapa, el Palais parece querer recuperar un aspecto muse\u00edstico es b\u00e1sicamente porque frente a lo \u201crelacional\u201d parece que se ha apostado, no tanto por el contenido, como por la forma. Al fin y al cabo, no parece ofrecer otra lectura m\u00e1s all\u00e1 de que se trata de especulaciones sobre el misterio de determinados objetos. <\/p>\n<p>La cosa ha cambiado, pero \u00bfa qu\u00e9 precio? No se aleja la presencia de lo anecd\u00f3tico o del juego que, lejos de acabar en aquello de Lubitch para el que el m\u00e1s aut\u00e9ntico sentido del humor surg\u00eda de un profundo existencialismo, insiste en una cierta vacuidad o quehacer inofensivo; y para alejar el fantasma de la banalidad tal vez el precio a pagar sea caer en un renovado formalismo, menos exquisito y m\u00e1s popular seguramente. Claro que la pregunta podr\u00eda ser m\u00e1s hiriente: si las expectativas que abr\u00eda el Palais enseguida quedaron frustradas, \u00bfsu soluci\u00f3n pasa por el abandono del riesgo y la adopci\u00f3n de la correcci\u00f3n?; o \u00bfla crisis de los experimentos y las intenciones fallidas de renovaci\u00f3n implican un retorno al orden? En fin, \u00bftan gris es la etapa que estamos viviendo?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace cinco a\u00f1os el anuncio de la apertura del Palais de Tokyo en Par\u00eds, compartiendo edic\u00edcio con el Musee de la Ville y dedicando un espacio inmenso al arte contempor\u00e1neo,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1237,"featured_media":16522,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_relevanssi_hide_post":"","_relevanssi_hide_content":"","_relevanssi_pin_for_all":"","_relevanssi_pin_keywords":"","_relevanssi_unpin_keywords":"","_relevanssi_related_keywords":"","_relevanssi_related_include_ids":"","_relevanssi_related_exclude_ids":"","_relevanssi_related_no_append":"","_relevanssi_related_not_related":"","_relevanssi_related_posts":"","_relevanssi_noindex_reason":"","footnotes":""},"categories":[6782],"tags":[5605],"coauthors":[],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v22.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Regreso al futuro &#8211; A*Desk<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/a-desk.org\/magazine\/regreso-al-futuro\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"ca_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Regreso al futuro &#8211; A*Desk\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Hace cinco a\u00f1os el anuncio de la apertura del Palais de Tokyo en Par\u00eds, compartiendo edic\u00edcio con el Musee de la Ville y dedicando un espacio inmenso al arte contempor\u00e1neo,...\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/a-desk.org\/magazine\/regreso-al-futuro\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"A*Desk\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2006-11-06T02:38:00+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2017-09-25T23:36:27+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/a-desk.org\/wp-content\/uploads\/2006\/11\/arton690.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"400\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"300\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"David G. 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