{"id":19379,"date":"2006-05-08T02:46:00","date_gmt":"2006-05-08T02:46:00","guid":{"rendered":"http:\/\/a-desk.org\/2006\/05\/08\/buscando-otros-lugares\/"},"modified":"2006-05-08T02:46:00","modified_gmt":"2006-05-08T02:46:00","slug":"buscando-otros-lugares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/a-desk.org\/ca\/magazine\/buscando-otros-lugares\/","title":{"rendered":"Buscando otros lugares:"},"content":{"rendered":"<p class=\"post_excerpt\">La defensa de la autonom\u00eda del arte como valor absoluto y despolitizado no puede sostenerse con la impunidad de que disfrutaba hace unos a\u00f1os. Hoy, el an\u00e1lisis cr\u00edtico de las conexiones entre pensamiento est\u00e9tico e ideolog\u00eda econ\u00f3mica ha puesto en evidencia que la autonom\u00eda del arte se materializaba mayoritariamente en pa\u00edses capitalistas y en obras creadas por varones occidentales de raza blanca. La &#8220;calidad&#8221;, como dijo un artista negro, era un concepto para la exclusi\u00f3n.\n<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nDurante la \u00e9poca de la Guerra Fr\u00eda, uno de los m\u00e1ximos defensores de la pureza del arte fue el famoso cr\u00edtico estadounidense Clement Greenberg. Greenberg colabor\u00f3 de forma continuada con la CIA en un amplio proyecto para potenciar el &#8220;arte por el arte&#8221;, la abstracci\u00f3n y el genio individual del artista &#8220;libre&#8221;, en detrimento del servilismo de los artistas oficialistas del bloque socialista, los cuales estaban obligados a representar los programas simb\u00f3licos de sus gobiernos, usando, generalmente, la figuraci\u00f3n. El Pop americano descubrir\u00eda poco despu\u00e9s el poder de la figuraci\u00f3n para transmitir la ideolog\u00eda del consumo. En el siglo XX el arte ha gozado de una inusitada libertad para la experimentaci\u00f3n formal pero, al igual que el psicoan\u00e1lisis lacaniano, ha magnificado tanto el significante que lo ha convertido en significado. Para limar el narcisismo exacerbado y el ensimismamiento que ese delirio ha producido, el psicoan\u00e1lisis exclusivamente  ling\u00fc\u00edstico ha tenido que admitir que otras terapias de tipo gest\u00e1ltico o humanista consegu\u00edan obtener mejores y m\u00e1s r\u00e1pidas curas al integrar la sensaci\u00f3n, el contacto f\u00edsico o la teatralizaci\u00f3n de las emociones reprimidas. En el terreno del arte, muchos creadores han buscado una relaci\u00f3n m\u00e1s equilibrada entre forma, contenido y funci\u00f3n social; han ido m\u00e1s all\u00e1 del objeto y han utilizado el arte con fines terap\u00e9uticos, comunicativos o claramente pol\u00edticos, reclamando una participaci\u00f3n activa del espectador en la configuraci\u00f3n de las obras. Sin embargo, concebir las artes visuales como medios para paliar el dolor o para promover y mejorar las relaciones sociales molesta mucho a los puristas,  especialmente a los que reverencian las vanguardias del siglo XX, cuyas rupturas y avances formalistas satisfacen sus fantas\u00edas peque\u00f1o- burguesas de \u00e9xtasis y revoluci\u00f3n. Los artistas que han intentado acortar las distancias entre la obra y el p\u00fablico, para hacer del arte no un becerro de oro sino un instrumento \u00fatil para la vida, son en muchos casos calificados &#8220;de segundo orden&#8221;. El hermetismo, la jerarquizaci\u00f3n  y la prepotencia han sido rasgos comunes a la institucionalizaci\u00f3n compartimentada de los saberes y poner en cuesti\u00f3n esas fortalezas tiene sus riesgos. <\/p>\n<p>El an\u00e1lisis cr\u00edtico de las conexiones entre pensamiento est\u00e9tico e ideolog\u00eda econ\u00f3mica ha puesto en evidencia que la autonom\u00eda del arte se materializaba mayoritariamente en pa\u00edses capitalistas y en obras creadas por varones occidentales de raza blanca.<\/p>\n<p>A la vez que sigue vendiendo sus fetiches como \u00eddolos sagrados en la sociedad del espect\u00e1culo, el arte hegem\u00f3nico ha necesitado huir de las ideas gastadas y de los significantes huecos, y para ello ha buscado renovarse con las energ\u00edas de sus periferias. El multiculturalismo ha servido como pantalla para paliar un relativo sentimiento de culpa en la \u00e9poca poscolonial, pero ha ayudado tambi\u00e9n a descubrir que hay otras formas de producir sentido y belleza no determinadas por los paradigmas occidentales. Sin embargo, la globalizaci\u00f3n promovida por el capitalismo transnacional  busca que &#8220;los otros&#8221; hablen s\u00f3lo de su exotismo para convertir en estereotipo cualquier gesto de sus diferencias. El vertiginoso consumo de im\u00e1genes incrementa su obsolescencia y obliga a desbrozar continuamente la hiperproducci\u00f3n del mercado con el fin de encontrar creaciones que nos devuelvan el placer de sentir que la cr\u00edtica, la incertidumbre y la fuerza po\u00e9tica pueden renovar los lenguajes y el sentido. <\/p>\n<p>Hay obras que son r\u00edgidamente herm\u00e9ticas y que requieren la decodificaci\u00f3n regulada por las instituciones que las protegen. Hay otras creaciones que, aunque son concebidas como autosuficientes y cerradas en el propio mundo del artista,  irradian de tal forma su poder que se convierten en significantes porosos a los que el espectador puede inocular sus propios significados. Son  &#8220;textos&#8221; que el lector puede conectar con otras \u00e1reas de su saber o de su experiencia y en esta interpretaci\u00f3n intertextual radica la posibilidad de una creatividad compartida.  Hay por fin otras obras que nacen con la voluntad fundamental de ser un medio y no un fin en s\u00ed mismas: no tienen vocaci\u00f3n de eternidad sino que sirven como puentes para conectar realidades distintas. Son a menudo parte de un ritual, de una puesta en escena temporal en la que el artista act\u00faa como oficiante de una serie de acciones dirigidas a transformar la conciencia de los espectadores. El artista quiere provocar una catarsis y son las actitudes  las que se convierten en formas. Este dinamismo ha acercado las artes visuales al teatro: las obras son condensadores de energ\u00edas que (siguiendo a Artaud cuando comparaba el teatro con la peste) liberan conflictos y fuerzas escondidas (y, como \u00e9l bien dec\u00eda, &#8220;si estas fuerzas son negras no es culpa del teatro sino de la vida&#8221;). <\/p>\n<p>Cuando Arist\u00f3teles teoriz\u00f3 la catarsis -como purga terap\u00e9utica para el espectador- constat\u00f3 que se basaba en la m\u00edmesis proyectiva, que  transformaba la conciencia y el comportamiento al poner en marcha energ\u00edas f\u00edsicas y ps\u00edquicas que liberaban las emociones reprimidas. El arte, como el lenguaje, no s\u00f3lo da forma a lo real sino que puede cambiarlo. En nuestra \u00e9poca, el poder terap\u00e9utico de la palabra ha sido ampliamente explorado por el psicoan\u00e1lisis. La fuerza de las im\u00e1genes como condensadoras de significado y como motores de conducta es evidente desde Lascaux hasta la publicidad contempor\u00e1nea. En el contexto de la historia del arte, hay una figura finisecular, Aby Warburg (1866-1929),  que inici\u00f3 un ambicioso proyecto de recolecci\u00f3n de im\u00e1genes &#8220;actuantes&#8221;, dotadas de un alto poder orgi\u00e1stico y simb\u00f3lico. &#8220;Mnemosine&#8221; era una especie de atlas enciclop\u00e9dico en el que Warburg estudiaba las migraciones y conexiones entre im\u00e1genes de diversas zonas culturales. Pero este investigador no fue s\u00f3lo un bibliotecario obsesionado por la arqueolog\u00eda historiogr\u00e1fica sino que compagin\u00f3 ese trabajo de archivista con viajes a lugares tan remotos -a principios de siglo- como Nuevo M\u00e9xico, donde vivi\u00f3 de cerca los rituales de las serpientes de los indios Hopi. Warburg describi\u00f3 c\u00f3mo el danzante perd\u00eda su identidad a trav\u00e9s de convulsiones que lo integraban con las fuerzas de la naturaleza mediante la asociaci\u00f3n c\u00f3smica entre la serpiente, como habitante del interior de la tierra, y el rel\u00e1mpago, como energ\u00eda del cielo. El mismo hab\u00eda perdido su equilibrio ps\u00edquico en diversas crisis que le sobrevinieron despu\u00e9s de la primera guerra mundial y estuvo internado durante varios periodos en una cl\u00ednica. Por ello le interes\u00f3 profundamente &#8220;el dolor como ojo del esp\u00edritu&#8221; y las im\u00e1genes que pod\u00edan expresarlo. <\/p>\n<p>De hecho,  la enfermedad ha sido la causa de la dedicaci\u00f3n al arte de muchos pintores, que usan la expresi\u00f3n pl\u00e1stica como un  medio privilegiado para re- presentar o exorcizar sus males o los de sus contempor\u00e1neos. Alguien tan reconocido como Matisse empez\u00f3 a pintar durante un largo periodo de convalecencia y durante toda su vida prest\u00f3 sus cuadros a amigos enfermos para que la visi\u00f3n de sus formas sensuales y placenteras calmara sus angustias. Para \u00e9l la pintura era como un sill\u00f3n confortable en el que poder descansar. El hedonismo compositivo y la intensidad colorista son un ejemplo de c\u00f3mo las energ\u00edas visuales pueden conducir al espectador hacia la salud, el placer y el pensamiento positivo. Pero las im\u00e1genes tambi\u00e9n pueden desencadenar la locura. Es por eso que algunos &#8220;alienados&#8221; han intentado apu\u00f1alar a la Monalisa o destruir otros cuadros en los museos. <\/p>\n<p>El artista como curandero, como trabajador social, como catalizador que activa las relaciones sociales, que estimula la renovaci\u00f3n urban\u00edstica, o que se dedica a la terapia creativa.<\/p>\n<p>En el terreno escult\u00f3rico, Louise Bourgeois es sin duda la artista que a\u00fan produciendo &#8220;obras&#8221; ha sabido borrar las fronteras que separan las disciplinas. En sus &#8220;celdas&#8221; ha integrado la escultura, la instalaci\u00f3n y la arquitectura para crear espacios ps\u00edquicos en los que dar forma a sus fantasmas  y poner en cuesti\u00f3n la autoridad del Padre. Otro artista que bas\u00f3 su obra en la idea de curaci\u00f3n, tanto de s\u00ed mismo como de la tierra enferma, fue Joseph Beuys. Inspirado por las visiones cosmog\u00f3nicas del romanticismo alem\u00e1n, Beuys cre\u00eda que la enfermedad del hombre contempor\u00e1neo ven\u00eda de la alienaci\u00f3n que lo convert\u00eda en pura fuerza productiva para el capital y que lo desligaba de su conexi\u00f3n con la naturaleza. Su concepto de &#8220;escultura social&#8221; explicitaba la idea de que la escultura no necesitaba producir objetos, sino realizar acciones o comunicar pensamientos que moldearan la conciencia de la gente. Ese cambio tan inmaterial en la mente de los individuos era ya en s\u00ed la escultura social. La artista brasile\u00f1a Lygia Clark ha llevado a\u00fan m\u00e1s lejos la desacralizaci\u00f3n de la autonom\u00eda del objeto art\u00edstico y ha impulsado su uso como elemento de una &#8220;est\u00e9tica relacional&#8221;. Lygia Clark llamaba a sus obras &#8220;proposiciones&#8221; (propuestas que el espectador puede seguir o no)  y usaba materiales cotidianos, objetos precarios, sencillos (como lana, piedras, caracolas, pl\u00e1sticos, etc..) que aplicados sobre el cuerpo del espectador despertaban sus sensaciones. Los objetos no tienen ning\u00fan significado en s\u00ed mismos, son r\u00e9plicas que se construyen para cada exposici\u00f3n y que cada espectador podr\u00eda fabricar en su casa. Su  sentido nace cuando son usados como elementos para la interacci\u00f3n entre individuos en sesiones de terapia o en juegos colectivos. Su finalidad es estimular el intercambio y el entrelazamiento de energ\u00edas  que descubran y transformen el potencial psicosom\u00e1tico de los individuos o de los grupos para calmar el dolor, revivir traumas o sentir el potencial de placer del propio cuerpo.<\/p>\n<p>Ni las utop\u00edas de orden y sistema de la Modernidad -representadas en el trabajo de, por ejemplo, Mondrian-,  ni el r\u00edgido higienismo de los reg\u00edmenes totalitarios (que escond\u00edan la enfermedad y consideraban el arte moderno como un arte degenerado), consiguieron ocultar las zonas de sombra y el malestar de la cultura occidental. Es quiz\u00e1 por ello que el psicoan\u00e1lisis surgi\u00f3 en uno de los lugares m\u00e1s enfermos y m\u00e1s necesitados de Europa: en Austria y en la ciudad de Viena. Actualmente, una vez ca\u00eddo el muro de Berl\u00edn, el capitalismo transnacional ha extendido sus voraces tent\u00e1culos por todo el planeta, la dicotom\u00eda entre el artista libre y el oprimido ha desaparecido y todos estamos sometidos al nuevo totalitarismo del mercado. En este contexto vuelve a tener sentido el artista como curandero, como trabajador social, como catalizador que activa las relaciones sociales, que estimula la renovaci\u00f3n urban\u00edstica, o que se dedica a la terapia creativa.  Para los que buscamos nuevos modelos  para la producci\u00f3n del saber y la distribuci\u00f3n del poder es imprescindible la deconstrucci\u00f3n sistem\u00e1tica de las &#8220;verdades&#8221; del pasado, el cuestionamiento de los modelos impuestos por los medios de masas, as\u00ed como una nueva puesta en relaci\u00f3n entre disciplinas y esferas que se quer\u00edan separadas, porque, al aislar y tecnificar los problemas, el Poder segrega y reduce los espacios de intercambio cultural y pol\u00edtico.  El arte y el lenguaje nos sujetan a sus leyes y nos imponen sus c\u00f3digos pero pueden crear espacios de cuestionamiento y de reinterpretaci\u00f3n, de emoci\u00f3n y de belleza. Idealmente, la exposici\u00f3n deber\u00eda ser un lugar de intercambio simb\u00f3lico entre el artista y la comunidad, y el artista, un creador de propuestas que ayuden a construir ciudadanos cr\u00edticos y nuevos di\u00e1logos pol\u00edticos. Hoy es necesario fomentar nuevas relaciones de deseo, establecer transferencias con personas, objetos o sistemas simb\u00f3licos que permitan que se genere esa &#8220;plasticidad transferencial&#8221; que nos ayude a curarnos y a sanar el mundo en el que vivimos. Hemos de permitir que el arte ocupe otros lugares y que a veces sea un mediador tan c\u00e1lido, tan cr\u00edtico o tan doloroso como un\/a asistente social. <\/p>\n<p>\u00a9 Rosa Mart\u00ednez, 2000 Art\u00edculo publicado en la revista ARCHIPI\u00c9LAGO, n\u00famero 41 &#8220;De la muerte del arte y otras artes&#8221;. Madrid, 2000<\/p>\n<p>Rosa Mart\u00ednez es cr\u00edtica de arte y comisaria independiente. Ha sido co-curadora de Manifesta 1 (Rotterdam, 1996); directora art\u00edstica de la 5a. Bienal Internacional de Estambul (1997), de la 3a. Bienal SITE Santa Fe (Santa Fe de Nuevo M\u00e9xico, USA, 1999), y de la Bienal EVA 2000 (Limerick, Irlanda). En el a\u00f1o 2000 fue co- curadora de la 2a Bienal de Busan en el Museo Metropolitano de Pusan (Corea). Actualmente (2003) es comisaria del Pabell\u00f3n espa\u00f1ol en la 50 Bienal de Venecia y asesora internacional de la 2a. Trienal Echigo-Tsumari (Jap\u00f3n).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La defensa de la autonom\u00eda del arte como valor absoluto y despolitizado no puede sostenerse con la impunidad de que disfrutaba hace unos a\u00f1os. 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