{"id":20252,"date":"2010-02-01T04:40:51","date_gmt":"2010-02-01T04:40:51","guid":{"rendered":"http:\/\/a-desk.org\/2010\/02\/01\/a-vueltas-con-el-tiburon\/"},"modified":"2017-09-26T00:45:29","modified_gmt":"2017-09-26T00:45:29","slug":"a-vueltas-con-el-tiburon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/a-desk.org\/ca\/magazine\/a-vueltas-con-el-tiburon\/","title":{"rendered":"A vueltas con el tibur\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p class=\"post_excerpt\">Damien Hirst, el mercado, el rol que desarrollan las instituciones y el papel de la cr\u00edtica se conectan mediante imposibilidades y elementos al margen para seguir en la discusi\u00f3n sobre la legitimaci\u00f3n en arte.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nLa reciente publicaci\u00f3n en castellano de &#8220;El tibur\u00f3n de 12 millones de d\u00f3lares&#8221;, de Don Thompson, ha provocado (cierto) revuelo en el (min\u00fasculo) sistema del arte espa\u00f1ol. El libro ha reavivado el debate sobre el maridaje entre arte y contempor\u00e1neo y mercado, y ha dado pie a que algunos comentaristas arremetan de nuevo contra determinados aspectos de la creaci\u00f3n actual. Es el caso de Rafael Argullol quien, en <strong><a href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/opinion\/Arte\/tiburones\/elpepiopi\/20091218elpepiopi_4\/Tes\/\">un art\u00edculo publicado el pasado 18 de diciembre en El Pa\u00eds<\/a><\/strong>, se lamentaba de la creciente trivialidad de la creaci\u00f3n art\u00edstica de nuestros d\u00edas, causada por su sujeci\u00f3n a intereses comerciales. Haci\u00e9ndose eco del libro de Thompson, el escritor barcelon\u00e9s denuncia la irrupci\u00f3n de un nuevo tipo de arte, desarrollado al amparo de la especulaci\u00f3n mercantil y las maniobras publicitarias, que, en las \u00faltimas d\u00e9cadas, ha ido ocupando un lugar preponderante en bienales, museos y colecciones p\u00fablicas y privadas. Es un arte anodino y superficial, pero que, gracias a la habilidad de sus promotores, ha adquirido un car\u00e1cter can\u00f3nico, al grado de condenar a la irrelevancia toda propuesta que no encaje en su prototipo. Argullol no escatima palabras para denostarlo y llega a calificarlo de \u201cacomodaticio y servil\u201d. Con ello parece sumarse al cada vez m\u00e1s nutrido batall\u00f3n de detractores de la creaci\u00f3n contempor\u00e1nea, que cuenta entre sus filas a personalidades tan variopintas como Jean Baudrillard, Robert Hughes, Paul Virilio y Eric Hobsbawn, entre otras.<\/p>\n<p>Debemos alegrarnos por el hecho de que &#8220;El tibur\u00f3n de 12 millones de d\u00f3lares&#8221; de pie a art\u00edculos como el de Rafael Argullol. Despu\u00e9s de todo, m\u00e1s interesante que el libro en s\u00ed, es el debate que este puede suscitar. De hecho, quien quiera leer el libro de Thompson como una teor\u00eda del arte, no dejar\u00e1 de sentirse defraudado. Economista de profesi\u00f3n, el autor muestra escaso inter\u00e9s por dilucidar las condiciones que permiten establecer la artisticidad de los productos creativos: su verdadero prop\u00f3sito consiste en estudiar las estrategias que determinan el precio de todo aquello que reconocemos como arte. As\u00ed, por ejemplo, cuando trata el caso de &#8220;La imposibilidad f\u00edsica de la muerte en la mente de alguien vivo&#8221;, de Damien Hirst, no pretende esclarecer su pertinencia art\u00edstica (es decir, si puede consider\u00e1rsela una obra de arte o no) o de enjuiciar su calidad art\u00edstica (es decir, si como obra de arte es buena o mala). Lo que desea es analizar, simplemente, los mecanismos que posibilitan que un tibur\u00f3n tigre sumergido en un tanque de formaldeh\u00eddo pueda llegar a venderse por varios millones de d\u00f3lares.<\/p>\n<p>As\u00ed, Thompson se dedica a repasar en su libro toda una serie de estrategias mercadot\u00e9cnicas bien conocidas por cualquier persona vinculada al sistema del arte: la creaci\u00f3n por parte de los artistas de una imagen de marca alrededor de su obra y su figura, la apelaci\u00f3n reiterada al prestigio de las galer\u00edas y salas de subastas, la inflaci\u00f3n desmesurada de los precios de los productos art\u00edsticos para crear una ilusi\u00f3n de valor, la utilizaci\u00f3n de los museos como elementos legitimadores y de distinci\u00f3n, la explotaci\u00f3n interesada de los medios de comunicaci\u00f3n para generar publicidad y la lucha por estimular la vanidad del coleccionista (privado o institucional), entre otras. Thompson se limita a explicar lo que (casi) todos sabemos, aunque, eso s\u00ed, ofreciendo abundantes datos y cifras para documentar sus tesis y relatando diversas an\u00e9cdotas y chismes para hacer m\u00e1s llevadera la lectura de su libro.<\/p>\n<p>El verdadero inter\u00e9s en &#8220;El tibur\u00f3n de 12 millones de d\u00f3lares&#8221; est\u00e1 en lo que solo sugiere o apunta de pasada. En su empe\u00f1o por describir el mercado, Thompson nos ofrece una visi\u00f3n del universo creativo que es, cuando menos, irritante. El autor nos describe un sistema del arte formado por artistas cuya obra, casi siempre superficial, oscila entre la irrelevancia y la comercialidad; es un sistema en el que la cr\u00edtica, domesticada por las galer\u00edas y museos o arrinconada en el mundo semisecreto del ensayo acad\u00e9mico, posee una nula influencia sobre p\u00fablico e instituciones y en el que las decisiones de los museos, dotados todav\u00eda de cierta capacidad para sancionar la pertinencia de las propuestas art\u00edsticas, se ven condicionadas por una tupida red de intereses pol\u00edticos y comerciales. Es el sistema que se ha rendido ante el \u201ctodo vale\u201d y que, despojado de un andamiaje conceptual que le permita establecer juicios sobre el arte, deja que el mercado decida de forma \u201cnatural\u201d el valor de los productos creativos.<\/p>\n<p>Libre de la carga que supone justificar la existencia del arte, Don Thompson puede tratarlo simple y llanamente como una (car\u00edsima) mercanc\u00eda. Desde su punto de vista, una pintura de Gerhard Richter y un bolso de Louis Vuitton son intercambiables, pues las reglas que gobiernan el arte contempor\u00e1neo no difieren demasiado de las que rigen el mundo de los art\u00edculos de lujo. Para el autor de&#8221; El tibur\u00f3n de 12 millones de d\u00f3lares&#8221;, el valor desmesurado del arte no proviene de un discurso trascendente, sino que viene condicionado por el \u00e9xito de ciertas estrategias comerciales. As\u00ed, en una \u00e9poca en que la que ya no puede apelar a grandes relatos legitimadores para fundamentar su superioridad frente a otros productos culturales, la obra de arte solo encuentra su raz\u00f3n de ser en tanto que objeto ofrecido a la codicia del coleccionista.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de que el sistema del arte ha ca\u00eddo en las garras del mercado resulta t\u00f3pica, pero no est\u00e1 lejos de la verdad. Es un hecho que, frente a la cada vez m\u00e1s notoria incapacidad de la cr\u00edtica para fijar criterios sobre la creaci\u00f3n, el mercado se ha revelado como un formidable instrumento para generar consenso sobre el valor de ciertos productos art\u00edsticos. En este sentido, resulta evidente que por mucho que algunos cr\u00edticos se empecinen en negar todo inter\u00e9s art\u00edstico a las propuestas de Damien Hirst, los altos precios que ellas alcanzan y el formidable estruendo medi\u00e1tico que se genera alrededor suyo contribuyen a consolidar el prestigio de su autor. \u201cEl valor tiende a seguir al precio\u201d, afirma Don Thompson con malicia. Frente a esta realidad, al cr\u00edtico no le queda m\u00e1s remedio que encogerse de hombros y admitir que, ante el relativismo imperante, carece de la autoridad suficiente no solo para determinar qu\u00e9 productos art\u00edsticos son valiosos sino ya ni siquiera para dictaminar qu\u00e9 obras de arte merecen ser consideradas como tales.<\/p>\n<p>Estas reflexiones pueden servir para clarificar el sentido de las cr\u00edticas de Argullol en su texto de El Pa\u00eds. En realidad, \u00e9l no pretende descalificar de forma gen\u00e9rica el arte actual: su intenci\u00f3n es denunciar una serie de pr\u00e1cticas, basadas en c\u00e1lculos mercantiles, que han acabado por desplazar a la especulaci\u00f3n filos\u00f3fica y a la cr\u00edtica como referentes para analizar la identidad y el valor de las obras de arte. Pero lo que m\u00e1s preocupa a Argullol \u2013y es ah\u00ed donde su an\u00e1lisis se muestra m\u00e1s agudo- es la capacidad del arte mercantilmente hegem\u00f3nico para aniquilar la diversidad creativa. El problema no es que exista un arte basado fundamentalmente en consideraciones econ\u00f3micas; el verdadero problema es que el consenso que dicho arte es capaz de generar alrededor suyo desplaza hacia la marginalidad las propuestas que no se ci\u00f1en a sus patrones. Tal como afirma Argullol: \u201cLo retr\u00f3grado de la concepci\u00f3n que toma como baluarte a los Damien Hirst o Jeff Koons no se fundamenta en la lluvia de millones que cae sobre las cabezas de los que acatan el sistema, sino en la exclusi\u00f3n de los que, con igual o mayor talento, no lo acatan.\u201d<\/p>\n<p>Al hilo de esta reflexi\u00f3n, la obra de Hirst adquiere un car\u00e1cter ejemplar. Simboliza a la perfecci\u00f3n el triunfo del consenso, capaz de erigirla en icono indiscutible de la creaci\u00f3n actual, y el fracaso de la cr\u00edtica, carente de autoridad para proponer y legitimar modos de creaci\u00f3n alternativos. Seguramente, como bien afirma David G. Torres en un comentario vertido en esta misma web, el tibur\u00f3n de Hirst no es un referente del arte contempor\u00e1neo. El problema es que la atracci\u00f3n que ejerce sobre p\u00fablico, coleccionistas, museos y centros de arte es tan intensa, que cuesta trabajo creer que no lo sea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Damien Hirst, el mercado, el rol que desarrollan las instituciones y el papel de la cr\u00edtica se conectan mediante imposibilidades y elementos al margen para seguir en la discusi\u00f3n sobre&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1256,"featured_media":16254,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_relevanssi_hide_post":"","_relevanssi_hide_content":"","_relevanssi_pin_for_all":"","_relevanssi_pin_keywords":"","_relevanssi_unpin_keywords":"","_relevanssi_related_keywords":"","_relevanssi_related_include_ids":"","_relevanssi_related_exclude_ids":"","_relevanssi_related_no_append":"","_relevanssi_related_not_related":"","_relevanssi_related_posts":"","_relevanssi_noindex_reason":"","footnotes":""},"categories":[6782],"tags":[5703],"coauthors":[],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v22.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>A vueltas con el tibur\u00f3n &#8211; 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