{"id":20534,"date":"2011-04-11T12:51:07","date_gmt":"2011-04-11T12:51:07","guid":{"rendered":"http:\/\/a-desk.org\/2011\/04\/11\/pep-duran-vs-lua-coderch-o-viceversa\/"},"modified":"2011-04-11T12:51:07","modified_gmt":"2011-04-11T12:51:07","slug":"pep-duran-vs-lua-coderch-o-viceversa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/a-desk.org\/ca\/magazine\/pep-duran-vs-lua-coderch-o-viceversa\/","title":{"rendered":"Pep Dur\u00e1n vs. L\u00faa Coderch o viceversa"},"content":{"rendered":"<p class=\"post_excerpt\">Dos exposiciones en dos edificios con significados parecidos -ambos han sido espacios dedicados al culto religioso- aunque con valores distintos en la actualidad art\u00edstica de la ciudad de Barcelona: Pep Dur\u00e1n en la Capella del Macba y L\u00faa Coderch en la Capella en el Antic Hospital de la Santa Creu.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nLa casualidad he permitido que la coincidencia de las exposiciones de Pep Dur\u00e1n y L\u00faa Coderch en dos espacios otrora sacros de Barcelona, nos indujera a reflexionar en torno a dos exposiciones desde una perspectiva no tanto comparativa como desde el cuestionamiento del hecho expositivo y sin que implique poner en duda el enorme potencial de este formato, afirmar que lo que se lleva son propuestas alejadas de las dictadas por la voz de la tradici\u00f3n aunque s\u00ed poniendo de relieve algunas de las piezas de la estructura a partir de la cual se articula una exposici\u00f3n. <\/p>\n<p>Porque no debemos olvidar que una exposici\u00f3n no es s\u00f3lo cosa de uno.<\/p>\n<p>Volviendo al inicio de nuestra reflexi\u00f3n, diremos que la coincidencia en el espacio y el tiempo de dos exposiciones tan distintas como sus autores, nos ha llevado a formular una serie de preguntas que, por bien que se vinculan a lo que se conoce como hecho expositivo \u2013es decir, en torno a una exposici\u00f3n- creemos que la mejor manera de desgranarlas es abord\u00e1ndolas una a una. Es decir, por separado y al margen de supuestos alegatos en favor de ese tipo de exposici\u00f3n entendida no tanto como la confluencia de varias voces individuales como de aquel tipo de canto coral cuya ausencia de singularidades nos permite escuchar la voz de cada int\u00e9rprete como parte integrante de un esfuerzo colectivo. <\/p>\n<h2>Los artistas<\/h2>\n<p>Siempre he considerado la obra de Pep Dur\u00e1n (Vilanova i la Geltr\u00fa, 1955) como paradigm\u00e1tica de la capacidad expansiva y desbordante de un artista y del modo en que su maestr\u00eda en particular, salvo en las contadas ocasiones en las que se ha podido manifestar en su total plenitud, le ha permitido mantenerse entre los m\u00e1rgenes de una ortodoxia escult\u00f3rica de la que no son pocas las veces que hubiera preferido no o\u00edr hablar. De modo que no es de extra\u00f1ar que, el hecho de haber lidiado con un lenguaje escult\u00f3rico a menudo m\u00e1s inflexible de lo que parec\u00eda, a la vez que le fue apartando de sus propios postulados, le acerc\u00f3 a otro tipo de lenguajes que, como el del teatro, no solo le invitaron a transitar por ese espacio que tanto domina si no que, en el marco de una obra tan objetual como la suya, le permitieron incorporar el ser humano para que cumpliera una determinada misi\u00f3n: dar vida a lo inanimado. Primero, a trav\u00e9s de objetos relacionados con su propia cotidianeidad, luego a trav\u00e9s de fotograf\u00edas que, a la manera de un collage, se suman como un elemento m\u00e1s a sus colecciones infinitas de objetos y, para terminar, movi\u00e9ndose entre esculturas y ante a la mirada de un espectador que, atento a lo que ocurre mientras todo pasa, permanece sentado en su butaca. Con el recuerdo de una obra que, como la de Pep Dur\u00e1n, fue y es indispensable para entender el arte en Espa\u00f1a durante las d\u00e9cadas de los 80 y 90, nos acercamos a la Capella del Macba para ver &#8220;Una cadena d\u2019esdeveniments&#8221;, es decir, su propuesta m\u00e1s reciente, tras demasiado tiempo alejado de la escena art\u00edstica local, y constituida por dos enormes retablos \u2013 o Iconos laicos, como le gusta denominar al artista- construidos con recuerdos de su propia memoria, fragmentos de textos con los que se identifica y objetos que le han acompa\u00f1ado a lo largo de su existencia. Ahora bien, si esta suerte de amalgamas objetuales es justamente por lo que se le conoc\u00eda, el hecho de que ahora los realice en cer\u00e1mica y de tan grandes dimensiones, al tiempo que lo privan de aquellas frescura, vitalidad y riesgo tan caracter\u00edsticos, le acercan demasiado a ese artista mallorqu\u00edn o paradigma contempor\u00e1neo de la apolog\u00eda de lo ilimitado. De modo que, frente a una exposici\u00f3n cuya aportaci\u00f3n se ve impelida a tener que luchar para asomar la cabeza e impedir que el hilo de su voz se acalle entre el fango que la configura, tendremos que esperar otra ocasi\u00f3n para ver de Pep Dur\u00e1n algunos de los s\u00edntomas m\u00e1s convincentes de aquella fuerza con que sal\u00eda a escena.<\/p>\n<p>Salvo por una exposici\u00f3n que, junto a Dar\u00edo Reina, L\u00faa Coderch organiz\u00f3 en el Cercle Art\u00edstic de Sant Lluc bajo el t\u00edtulo &#8220;El model absent: obres de la Col.lecci\u00f3 del Macba&#8221;, y consistente en una cuidadosa y delicada selecci\u00f3n en pro, no s\u00f3lo de una interesante mirada sobre las obras de una colecci\u00f3n, sino tambi\u00e9n, y sobre todo, de un discurso perfecta y honestamente hilvanado en torno a la elocuencia de un rastro o la presencia de una ausencia, apenas era nada lo que sab\u00eda de esta artista nacida en Per\u00fa en 1982. Y sin embargo, al ver &#8220;Estrategies per desapar\u00e8ixer&#8221;, su exposici\u00f3n m\u00e1s reciente pensada para las reducidas dimensiones del Espai Cub de la Capella, no he tardado en considerar -quiz\u00e1 equivocadamente, quiz\u00e1 no- que aquella muestra de hace dos a\u00f1os se podr\u00eda haber constituido en esa suerte de anclaje vital que siempre es necesario para el desarrollo de cualquier idea. Sea bajo la forma de una obra, un discurso o en torno a algo que se desconoce, no se sabe hacia d\u00f3nde va, en qu\u00e9 puede derivar ni la raz\u00f3n por la que tiramos de su hilo. Y es que si, como vimos en aquella ocasi\u00f3n, la artista se refer\u00eda a la ausencia de un modelo a trav\u00e9s de las obras de otros artistas, ahora tambi\u00e9n nos habla de la desaparici\u00f3n a trav\u00e9s de las suyas propias: al cabo de un tiempo; desde su propia imposibilidad; desde la presencia de una ausencia; a trav\u00e9s de un rastro.<\/p>\n<p>Si las muestras de Pep Dur\u00e1n y de L\u00faa Coderch no tienen nada en com\u00fan desde ninguna perspectiva, lo que nos lleva a vincularlas es la energ\u00eda que desprende la obra de un artista en distintas fases de una carrera tan llena de obst\u00e1culos como de buenos momentos. A saber: en una fase incipiente y hacia la mitad de su trayectoria. O, lo que es lo mismo, desde el inicio y consolidaci\u00f3n de un discurso complejo capaz de evidenciar que el paso del tiempo, a la vez que acalla los arrebatos de quien nada tiene que perder y s\u00ed mucho que ganar, obra en favor de la consolidaci\u00f3n de una obra cada vez m\u00e1s ensimismada y auto referencial como todav\u00eda v\u00e1lida. De modo que, desde la \u00f3ptica de quien en su d\u00eda no dud\u00f3 en trocear su producci\u00f3n para mostrar una rebeld\u00eda que nada tiene que ver con su reciente incursi\u00f3n en el universo de la cer\u00e1mica, entenderemos que la obra de L\u00faa Coderch existe -quiz\u00e1 o tambi\u00e9n- para reconciliar la necesidad de hablar del artista con la que tiene el espectador de responder activamente.<\/p>\n<h2>El comisario<\/h2>\n<p>Si la responsabilidad de una obra recae principalmente en la figura de su creador, -es decir, el artista- la del comisario que figura al frente de sus exposiciones, no se debe desde\u00f1ar. Por una raz\u00f3n muy sencilla: en ninguna parte se est\u00e1 porque s\u00edi. De modo que es muy normal que la lectura de una exposici\u00f3n comisariada, adem\u00e1s de depender de la obra del artista, tambi\u00e9n se vea intervenida por la figura del curador. Es decir, desde la perspectiva de quien, mediando entre el artista y el espectador, expresa la opini\u00f3n que le merece una obra desde tantas perspectivas como comisarios existen. Dicho esto que es de perogrullo, nos asaltan dos preguntas: \u00bfqu\u00e9 ha pasado \u2013o qu\u00e9 parece haber pasado- para que la muestra de Pep Dur\u00e1n, m\u00e1s que una investigaci\u00f3n sobre un artista y la deriva de su obra se nos antoje como un ejercicio de domesticaci\u00f3n sin que se oiga la voz de un artista que, como la de Dur\u00e1n, antes nunca dejaba de o\u00edrse?; \u00bfc\u00f3mo es posible que la obra de L\u00faa Coderch, estando donde se encuentra \u2013o quiz\u00e1 por ello-, evidencie lo mucho que tiene que decir tanto a trav\u00e9s del auricular de un tel\u00e9fono como de un espacio donde buena parte de las cosas que lo ocupan est\u00e1n para preguntarse si deber\u00edan estar all\u00ed? Y ah\u00ed una posible respuesta: quiz\u00e1 porque los curadores de seguir sendos proyectos, en su tarea de responder, tambi\u00e9n, a las aspiraciones de la instituci\u00f3n para las que trabajan, han acallado la voz de un artista y permitido que la otra se oyera. Al fin y al cabo, en eso consiste tanto una carrera de relevos como la de quienes fundamentan su misi\u00f3n en el arte sobre la base de su personalidad o la de una investigaci\u00f3n concienzudamente iniciada para desvelar lo que, pese a cualquier mediaci\u00f3n, siempre responde a la voz de un artista.<\/p>\n<h2>El espacio<\/h2>\n<p>Dedicado desde mediados de los a\u00f1os 90 a la promoci\u00f3n de artistas emergentes a trav\u00e9s de ciclos comisariados o exposiciones surgidas de un programa de producci\u00f3n que con el tiempo se ha hecho su hueco, la Capella acoge un bot\u00f3n de muestra de lo que justifica su precaria existencia: la producci\u00f3n consensuada de proyectos art\u00edsticos desde su fase m\u00e1s germinal hasta lo que el p\u00fablico acaba viendo. De forma que lo que pasar\u00eda por una exposici\u00f3n m\u00e1s pasa a tener que leerse como una suerte de una aventura o el resultado de un trabajo eminentemente coral consensuado, arriesgado e imprevisible. <\/p>\n<p>En el otro lado de la balanza est\u00e1 la Capella del Macba, un espacio destinado a la producci\u00f3n de proyectos art\u00edsticos susceptibles de engrosar la colecci\u00f3n del museo y puede que, quiz\u00e1 por ello, condicionando en demas\u00eda la libertad del artista. Algo que, si bien nadie ha dicho en ning\u00fan momento, es lo que se destila de las tres exposiciones que se han visto en este espacio desde que se puso en marcha este proyecto de producci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sea como sea lo cierto es que, dedic\u00e1ndose ambos a una finalidad muy parecida -es decir, a la producci\u00f3n de proyectos art\u00edsticos-, sus resultados son el reflejo del deseo de cada artista, las aspiraciones de su curador y lo que ambas instituciones, quiz\u00e1, esperan de su inversi\u00f3n. A saber: promover la obra de un artista en condiciones que, eventualmente, justificar\u00edan su inclusi\u00f3n en una colecci\u00f3n u ofrecer las condiciones para que un artista produzca la obra que desea realmente.<\/p>\n<h2>El p\u00fablico<\/h2>\n<p>Y en medio de este marasmo en el que cada uno quiere ser algo, aparece quien, la mayor parte de las veces, no tiene ni idea de lo que sucede a sus espaldas: el p\u00fablico. Es decir, aquel colectivo en pro del cual se pone en marcha esta maquinaria y al que casi nunca se le pregunta qu\u00e9 opina de lo que le dan. Al fin y al cabo, \u00bfpara qu\u00e9?, se preguntar\u00e1n, son tantos\u2026 En consecuencia, si nos dan a escoger entre las dos opciones creo que nos decantar\u00edamos por la de L\u00faa Coderch. Y no porque se pueda -o se deba- comparar con la de Pep Dur\u00e1n si no porque el discurso que, con todos sus aciertos y fallos, esgrime la obra de Coderch, nos remite a un modo de entender el arte que m\u00e1s que tender a la relajaci\u00f3n aboga por el mismo deseo imperioso de arder que, como dice Vila-Matas refiri\u00e9ndose a Bola\u00f1o, es el que facilita que las tinieblas se puedan volver alg\u00fan d\u00eda claridad. De forma que, lejos de quedar atrapados en el barro endurecido seguiremos la huella de una presencia cuya elocuencia e invisibilidad no amilana ning\u00fan discurso. Por joven que se sea su creador. O no.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos exposiciones en dos edificios con significados parecidos -ambos han sido espacios dedicados al culto religioso- aunque con valores distintos en la actualidad art\u00edstica de la ciudad de Barcelona: Pep&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1337,"featured_media":16688,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_relevanssi_hide_post":"","_relevanssi_hide_content":"","_relevanssi_pin_for_all":"","_relevanssi_pin_keywords":"","_relevanssi_unpin_keywords":"","_relevanssi_related_keywords":"","_relevanssi_related_include_ids":"","_relevanssi_related_exclude_ids":"","_relevanssi_related_no_append":"","_relevanssi_related_not_related":"","_relevanssi_related_posts":"","_relevanssi_noindex_reason":"","footnotes":""},"categories":[6782],"tags":[5596,5551],"coauthors":[],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v22.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Pep Dur\u00e1n vs. L\u00faa Coderch o viceversa &#8211; 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