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Magazine

26 January 2009
De facto, el capo… O, ¡cuidado con las sonrisas cándidas!

David G. Torres

La Virreina presenta un recorrido por la obra de Joan Foncuberta. Una obra que toma como punto de partida la fotografía, marcada por el sentido del humor, que configura el recorrido de uno de los artistas más destacados de panorama y al que no siempre se le ha hecho justicia aquí. Sin duda, una revisión necesaria.


A falta de un premio con cara y ojos, con verdadera repercusión y generosidad (estoy pensando en el Turner Prize, ¡claro!) pareciera que a los artistas catalanes destacados les toca ser presidentes de la Asociación de Artistas de Cataluña. Basta echar un vistazo a los últimos: Sergi Aguilar, Francesc Torres, Ignasi Aballí y, ahora, Joan Foncuberta. Un flaco favor. En todo caso, respondería a una manera muy autóctona de premiar las trayectorias y el trabajo: más que la gloria, un castigo, un sacrificio y una diana sobre la que disparar.

Del último de los presidentes, el recientemente elegido, Joan Foncuberta, ahora la Virreina presenta un amplio repaso por su obra. En su caso, lo de la presidencia/premio es el último de los castigos, con una obra coherente, de altísima calidad, y tan olvidado por aquí como recordado por otros lares.

La de la Virreina es una especie de retrospectiva temática que enfatiza el sentido del humor (o la “retranca” que dirían algunas) presente en toda su obra. Y es, de entrada, una buena oportunidad para revisar su trabajo en los últimos años. Una retrospectiva temática porque cada serie está tratada como un tema: los Lactogramas y Hemogramas; las Constelaciones; los trabajos sobre Bin Laden; el proyecto Sputnik… Un acierto esa presentación temática, porque permite hacerse cargo de sus trabajos y su complejidad y no simplemente como gotas salteadas. Porque muestra que el trabajo surge de una coherencia y de una investigación, que lleva tiempo, desarrollo y seguimiento en cada caso y no es una mera ocurrencia (como tan acostumbrados estamos en otros casos: ahora toca el cuerpo, ahora toca el archivo, ahora me voy a la India, ahora me interesa el vídeo). Y porque permite tener un acceso más complejo y completo al conjunto de su trabajo en los últimos años. Así piezas que aisladas podrían mostrar demasiado lastre con las prácticas de la fotografía y los fotógrafos en los últimos ochenta (como la serie en la que los negativos eran frotados contra la superficie fotografiada, un cactus por ejemplo, y luego revelados con la imagen distorsionada por la propia imagen fotografiada) muestran su coherencia con trabajos más recientes (las constelaciones imaginadas o la imagen inventada de un astronauta del Sputnik).

En el lado de los haberes, entonces: el acierto de revisar la obra de Joan Fontcuberta y hacerlo de manera temática. En el lado de los déficits: el montaje.

Cada sección temática tiene un montaje de exposición peculiar y acorde con cada tema: los Hemogramas, como son fotos de sangre sobre blanco están en salas completamente blancas, moqueta incluida; el suelo en las Constelaciones es de un linoleo que reproduce, off course, constelaciones… Justamente, me da la impresión de que un trabajo tan cargado de sentido del humor, a veces sarcástico, como el de Joan Fontcuberta, y un trabajo tematizable en series, lo que precisa es un montaje de lo más seco y lo menos connotado. Para, precisamente, apartarlo de un humor más banal y para mostrarlo con contundencia. O porque, como dice Ivan de la Nuez (comisario de la muestra), ya es suficientemente literario. Y ese es el punto, es literario pero no literal. Precisamente, esa “literalidad” es en la que tanto cae el CCCB en todas sus exposiciones y, en especial, en las dedicadas a escritores. Y es ahí donde encaja el vídeo del artista en la exposición explicando su obra. Una obra suficientemente contundente por si misma, que no necesita tanta, tanta, literalidad.

Para volver a los haberes. A pesar de lo literal, lo temático muestra la actualidad del trabajo de Joan Fontcuberta y su compromiso. En el caso de Bin Laden de manera destacada y, de paso, mostrando el camino de lo que debería significar compromiso en arte más allá, o precisamente a causa, de los años de trabajo.

Un último pero o una última nota. Esa cosa temática que he calificado en la exposición de Joan Fontcuberta también responde a la idea de serie en fotografía. Es muy evidente que Joan Foncuberta es fotógrafo porque en su cabeza opera la idea de serie. Y, sin embargo, última alegría, esta exposición no es la exposición de un fotógrafo. Hay vídeos, hay instalaciones, incluso hay un vídeo de cuando Iker Jiménez (el heredero del doctor Jiménez del Oso, verdadero mete-miedos a los adolescentes españoles, por cierto ¿ese Jiménez suyo será un homenaje al del Oso?) tomó las fotos de Fontcuberta como testimonios reales. No es un fotógrafo, es un artista del que retenemos esa sonrisa entre cándida y maliciosa que recorre sus retratos disfrazado de astronauta o de Bin Laden: toda una declaración de intenciones.

http://www.davidgtorres.net

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26 January 2009

De facto, el capo… O, ¡cuidado con las sonrisas cándidas!

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