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Magazine

12 March 2008
El sarcasmo

David G. Torres

De momento el nuevo proyecto de la galería dels Àngels, Àngels Barcelona, parece no sólo lleno de buenas intenciones, sino de aciertos en la programación. Después de exponer a dos figuras consolidadas, Pep Agut y Harun Farocki, le toca el turno a dos apuestas jóvenes (aunque ya están en la treintena o rayando la treintena, ya se sabe de la dificultad de emancipación por estos lares), Efren Álvarez y Mireia C. Saladrigues.


Y está bien que una galería tome la iniciativa de exponerlos. Hace tiempo que se detecta un cierto tapón para el paso de jóvenes artistas a las galerías. Así quedan rondando por santandreus y terrassas, que siendo buenas iniciativas provocan excesivas dinámicas de dependencia institucional, de concentración en lo proyectual y menos en la obra. Sobre todo en un momento en el que, en el contexto internacional (o global o sea lo que sea), el mercado vuelve a arrasar. Sólo hay que ver el protagonismo que ha vuelto a tener ARCO y la euforia que se respiraba por Miami Art Basel. Desatascando el tapón de la emancipación más allá de las dinámicas institucionales para la promoción de jóvenes artistas (ambos han pasado por Sant Andreu, Terrassa, la Sala d’Art Jove…) tal vez sea posible saltar ese paso utópico que nos cierra bajo los Pirineos y sobre el Ebro.

Justamente sobre la tan llevada y traída cuestión de la internacionalidad, del “salir fuera” y del contexto local versus contexto global, reflexiona la propuesta de Mireia C. Saladrigues. A partir de entrevistas a diversos críticos, comisarios y artistas, Mireia C. Saladrigues ha realizado un vídeo en el que tres personajes reproducen algunos de los tópicos de esas entrevistas, en una conversación de ficción. “Projecte E/F” (título del vídeo) retrata una realidad en la que reconocernos. Reconocemos todos esos tópicos, los lugares comunes que repetimos sobre ese anhelo de internacionalidad: que si el lastre que el franquismo nos ha dejado, que si la falta de ayudas, que si el panorama barcelonés está desarticulado… En fin, una imagen bastante triste y un retrato vergonzante. Enfatizado por la puesta en escena: los tres personajes que manejan la conversación parecen estar en un estudio en el Raval o Poble Nou, pero el acento y la dinámica de la conversación recuerdan más ese tonillo, irreproducible en escrito, de la zona alta de la ciudad.

Me quedará la duda de si el objetivo de Mireia C. Saladrigues era utilizar el sarcasmo como fórmula para retratar un panorama que a la vista del vídeo, insisto, se ve bien pobre e incapaz de ponerse en marcha más allá de discutir con un té sobre la mesa. Y esa duda aparece básicamente por los parones que hacen en la conversación, mirando a cámara, para explicarnos quienes son Dora García o Alicia Frámis o que es el Premi Miquel Casablanques de Sant Andreu. Por cierto, un premio que parece recuperado después de unos meses en la cuerda floja. El problema es que el vídeo se rodó en esos días de duda y, así, se habla de Sant Andreu como un proyecto finiquitado. Ya no lo está, y por tanto, Mireia C. Saladrigues ha corrido el riesgo de, al introducir ese tema, dejar el vídeo caducado ya en su salida. Por otra parte, no queda claro si errores como decir que Dora García vive en Rotterdam, cuando en realidad vive en Bruselas, es intencionado o no, de si en realidad es un error de uno de los interlocutores con los que se entrevistó para realizar el proyecto o es simplemente mala información.

En todo caso, tampoco hay que rasgarse las vestiduras por el retrato vergonzante que hace “Projecte E/F”. En todas partes cuecen habas, y seguramente lo contextual de la conversación no sólo refleja el tipo de tópicos a los que aquí nos dedicamos con tanta devoción, sino que son aplicables en cualquier otro contexto, se llame Berlín, París o Lisboa. Y así volvemos a la internacionalidad.

Más claramente ácido es el trabajo de Efrén Álvarez. Sólo cuatro dibujos en la entrada de la exposición (hay que destacar la contundencia con la que están expuestos los trabajos de ambos, uno entrando a la izquierda y la otra al fondo a la derecha, sin más soporte y más acompañamiento que la confianza en los trabajos). Como si de dibujos de esos que se hacían durante las aburridas clases de la universidad (en realidad, ese es origen de algunos de ellos), retratan la evolución del partido comunista ruso, como afectan a la monarquía las teorías de Adam Smith o, más actual, las políticas de emigración de ZP o las relaciones de Convergencia y Pujol. Todo en caricaturas grotescas e irreverentes (la mano de ZP atraviesa varios culos hasta romper la cabeza de un niño, mientras otro se alimenta de los restos). Hace poco en CaixaForum exponían la obra de William Hogarth, en la que retrataba los excesos de su época, desentrañando una falsa moral que recubría prostitución o alcoholismo. Algo de esa tradición irreverente, crítica, ácida y suelta hay en los dibujos de Efrén Ávarez, evidentemente, en una revisión en clave contemporánea. Se echaba en falta algo de frescura en el panorama, algo menos de “el proyecto social en el Besos en el que estoy trabajando” y más tener algo que decir, algo más de gamberrada y de trabajo propio. Sobre todo si, como en este caso, las referencias desde las que leer el trabajo y con las que entroncarlo se superponen: desde Hogarth hasta Mark Lombardi, pasando por Robert Crump o las tiras cómicas. Y la cosa va más allá de la moda del dibujo de la que se habla tanto, porque lo que se revela bajo la irreverencia, acidez y frescura de los dibujos de Efrén Álvarez es una actitud.

http://www.davidgtorres.net

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