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Magazine

09 May 2009
Un exposición, un relato

David G. Torres

“Al final la fusilan” recoge los esquemas de las películas de género como argumento para presentar las producciones de siete jóvenes artístas. Más allá de reproducir clichés la exposición pretende mostrar sus límites y usarlos como excusa. Con las últimas exposiciones Can Felipa parece apostar por la recuperación de las exposiciones autor.


Hemos discutido tanto sobre el papel del comisario; se ha criminalizado tanto la idea de un comisario que impone sus ideas en una exposición deformando las supuestas intenciones iniciales de los artistas; la exposición individual, el proyecto y la producción de obra nueva habían pasado tanto a un primer plano; el arte líquido, fluido, con el comisario acobardado en el papel de un gestor simpático ha ocupado tanto el espectro de las exposiciones; ha habido tanto de todo ello en los últimos años que nos habíamos olvidado que una exposición también es un lugar en la que un comisario (sea lo que sea ser comisario) expone ciertas ideas, escribe un texto con las obras de artistas o simplemente plantea un corte temporal desde el que intentar explicar algo, el famoso alto en al camino de Levi-Strauss, su negación pero condición sinequanon para seguir caminando. Sí, algunos echábamos de menos exposiciones como “Anys 90, distància cero”, “Artificial”, “Interzona” u otras. Exposiciones de tesis, comisariadas, con artistas, obras y en las que el comisario intenta explicar algo. Exposiciones que son un texto también, que recogen la herencia de aquel ojo privilegiado de Harald Szeemann (poco más tenía, lo que no es poco) cuando pensaba en los ángulos, los muros donde colocar las obras, los juegos entre ellas, los diálogos. Evidentemente, por dimensiones y por espacio, “Al final la fusilan” es una exposición mucho más modesta, pero es una exposición comisariada, en la que se intenta explicar algo, en la que hay un esfuerzo porque las obras establezcan algún tipo de diálogo, en la que los espacios están pensados y respiran, en la que la visita hasta Can Felipa vale la pena porque no se solventa de un plumazo… En fin, una exposición muy seria.

El título, “Al final la fusilan”, está tomado de una anécdota de Buñuel mientras veía una película de Hollywood que respondía a un cliché, una película de género, frente a la que el director español adivinó el final. Y sirve de excusa para apropiarse la idea de género en cine y buscar esos clichés en las obras de los artistas. En fin, cómo algunas producciones artísticas retoman elementos de los clichés cinematográficos y culturales como punto de partida para subvertirlos o cómo algunas de esas producciones son explicables en términos de cliché. Ahí, Tjasa Kancler respondería al género de intriga con una obra en la web sobre los miedos de la carrera armamentística emprendida por países como Iran o Corea del Norte; el melodrama romántico en una instalación sobre el amor de Luciana Lardiés y Sebastián Bandín; el absurdo o la tragicomedia de los dibujos de Ana García-Pineda, siempre a falta de un punto en el que encontrar una línea común que sobrepase lo anecdótico, explotar el sentido del humor o ser verdaderamente trágicos; Pablo Pérez Sanmartín sobre los esquemas juveniles en un vídeo que toma como referencia desde el manga a los videojuegos y una instalación que recrea los restos de una fiesta; lo gore en Thomas Reydellet; o Fito Conesa tomando la trayectoria de un grupo Punk en relación con la atmósfera social del contexto en el que se da, casi como un biòpic musical.

Quizá porque acabo de regresar de China donde he podido ver todos los clichés de la producción artística contemporánea (igual que copian ipods, iphones, bolsos de Prada o camisetas de Paul Smith, copian obras a lo Bruce Nauman, a lo Kiki Smith o a lo Bill Viola) no he podido sustraerme a ver de nuevo esos clichés aquí: el dibujo casual, la instalación más o menos guarrilla y decontracte, la página web… Sin duda el intento de Pilar Cruz al tomar como referencia los géneros cinematográficos pasaba por esa obligación intelectual que consiste en deconstruirlos, desorganizarlos, romper los clichés, cuestionarlos… Pero al mismo tiempo, al proponer esa relectura desde el campo de la producción artística, queda condicionada por otros clichés: los del arte contemporáneo, que trazan fronteras no sólo con otras producciones culturales, sino que esas fronteras están hechas a base de formatos preestablecidos sobre los que entendernos y que afirman (aun sin quererlo) cajones clasificatorios preexistentes. En otras palabras, en lugar de cuestionar el sistema de la cultura y de las artes, son fieles a los registros que conforman cada uno de los regímenes económicos que estructuran la producción cultural.

Sin olvidar que una buena exposición no depende de la calidad de las obras, sino del relato que ponga en marcha, hay una última cuestión de carácter sistémico a abordar. Justamente por tratarse de una exposición con relato. También hemos discutido mucho sobre instituciones artísticas y sería bueno empezar a plantearse cuestiones de calidad, de qué hablamos, de en qué consiste la producción cultural y artística que ofrecemos. Porque justo ahí, cuando miras al centro, por el rabillo del ojo, en el margen, en aquello con lo que no contábamos, más allá de presupuestos, reclamaciones y contextos de producción, es donde puede aparecer relato.

http://www.davidgtorres.net

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