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Magazine

02 April 2007
“Un pez le dice a otro: tu padre, ¿qué hace? Nada”

David G. Torres

El Macba recoge treinta años de trabajos de Carlos Pazos en la exposición “No me digas nada”. Una exposición que no pretende ser una antología de obras convencional sino subrayar el ligamen de Carlos Pazos con lo que llama “poética del silencio” y su transversalidad o incomodidad para situarlo tanto en la órbita del conceptual como del pop-art: un “estorbo” en las coordenadas del arte contemporáneo.


Parece que después de ciertas dudas sobre si era su función o no (y pasado el fallido tanteo con fórmulas acción política directa reemplazada por una reflexión sobre el papel intelectual del arte), el Macba se ha puesto manos a la obra en una cierta revisión del panorama local: recientemente, Ignasi Aballí (que trajo consigo un valioso periplo européo y que estará presente en la próxima selección oficial de la Bienal de Venecia); los guiños en la presentación de la colección con la importante presencia de la Galería Cadaqués y, por ejemplo, la pieza de Mabel Palacín, sin que aparezcan en un aparte dedicado al arte local, como había sido habitual; y, ahora, Carlos Pazos. Sin duda es su función, una cierta revisión de lo que aquí pasa y ha pasado, dándole contexto de lectura, sobre todo ahora que parece afianzada su dimensión o eco europeo.

Esa dimensión contextual es especialmente significativa en el caso de Carlos Pazos: por su paso disidente por el “Grup de treball” y por esa especie de pulsión negativa que inunda su obra, que tiene que ver con la crisis de la representación y que tanta huella ha dejado en artistas catalanes más recientes (no en vano era el protagonista del vídeo de Jordi Colomer, “Pianito”). Así que, en la exposición que ahora le dedica el Macba hay un intento por señalar su constante actualidad. De ahí la intención por superar la exposición antológica (recorre treinta años de su trayectoria) evitando, en momentos, una explicación cronológica de su trabajo. Aunque haya sido inevitable empezar ese recorrido con los primeros dibujos del artista. Extraño, porque quedan demasiado lejos de la célebre serie “Voy a hacer de mi una estrella” que les habrían dado un contexto de explicación menos hagiográfico y más sarcástico y cruel, empezando por si mismo. Al fin y al cabo, esa es una de las líneas de lectura que quiere establecer la exposición sobre su obra: como esa pulsión negativa (de “poética del silencio” hablan los textos de la exposición) en Carlos Pazos toma como objeto a sí mismo o explicitado en una declaración del artista, “Yo quería ser nada”. O como Martí Peran en el texto del catálogo recuerda que decía Andy Warhol: “Si se quiere saber todo acerca de Andy Warhol simplemente miren la superficie de mis cuadros y mis películas y a mí, y ahí estoy. No hay nada detrás”. En todo caso, una lectura en consonancia con la línea programática de las exposiciones del Macba (de nuevo, Ignasi Aballí) y explícita en el título de la exposición, con una doble negación: “No me digas nada”.

Quizá para insistir en esa “poética del silencio”, aplicada en la desaparición del artista, el museo ha optado por una multiplicación de trabajos en la exposición. Pero el efecto, en las dos primeras salas, de la multiplicación de trabajos, de ready-mades, de pequeñas bromas sarcásticas, de fotografías de Carlos Pazos como estrella cinematográfica (Cindy Sherman avant la lettre) y de Lola de Huelva, de los gadgets para su club de fans, etc. vienen a desarticular un tanto uno de los elementos fundamentales en su obra: no ya ironía, sino directamente, sarcasmo.

Sarcasmo presente en su colección de objetos, desde Mickey Mouse, a lámparas terroríficas, pasando por guitarras eléctricas de juguete. Parece que ese deseo acumulativo y coleccionista de Carlos Pazos inunde la primera parte de la exposición, como si lo uno fuese reflejo de lo otro y viceversa. Hay también ahí un deseo del Macba por cuestionar las nociones de autoría, originalidad, cultura, obra de arte y coleccionismo. Un deseo que no es ajeno a lo museológico, al fin y al cabo, el Beaubourg de Paris exhibe como parte de la colección la abigarrada estantería de objetos diversos que poseía André Breton.

Sin embargo, la actualidad de la obra de Carlos Pazos y su dimensión sarcástica es plenamente efectiva en la segunda parte de la exposición, justamente desde la muestra de sus colecciones. Probablemente sea así, porque a partir de ahí se ha huido de la acumulación de obras y objetos subrayando los proyectos del artista: “Ni se compra ni se vende”, un corazón de neón acompañado de postales románticas en diapositivas; el bodegón hecho con una cabeza de cerdo y una de cordero dándose un beso (con lengua), “All you need is love”; o las “Diez estampas de mártires y pecadores” hechas con muñecos infantiles como protagonistas. Y, sobre todo, la serie de cortos realizados para la ocasión expuestos como una programación de cine en la que regresa al uso de muñecos infantiles en historias tórridas, lo abyecto y el sarcasmo sobre iconos culturales: atención especialmente a las evoluciones de un chimpacé (en la película los colores están virados, así que es blanco como Copito de Nieve) sobre una reproducción de la escultura de la Moreneta. Ahí se denota uno de los mecanismos de Carles Pazos, que lo acercan a la mecánica del chiste, en todo lo que puede tener de irreverente, incorrecto y sarcástico. No en vano es una mecánica inserta en esa explosión de sentido que debía provocar el ready-made, en el ruido provocado por dos objetos disímiles, en la carga de humor sobre la que el mismo Marcel Duchamp insistía. Y tampoco es casual que ese sarcasmo coincida con la pulsión negativa que recorre su obra, al fin y al cabo, Ernst Lubitsch decía que el auténtico sentido del humor surge de un profundo existencialismo. Lo dicho: “yo quería ser nada”.

O, mejor aún, como señala la hoja de sala del Macba, un “estorbo”. No es poca reivindicación la idea del artista, si no como “estorbo”, sí como molesto. Quizá por eso se hacía difícil dedicarle una exposición antológica: por la necesidad de reivindicar su actualidad, la actualidad de un determinado papel del artista;. Y quizá por eso cuanto más se parece a una antológica (repasando sus obras) menos interesante es la exposición o, a la inversa, cuanto más se subraya una dimensión proyectual del trabajo de Carlos Pazos más evidente es su contemporaneidad.

http://www.davidgtorres.net

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