{"id":19359,"date":"2006-06-12T03:11:00","date_gmt":"2006-06-12T03:11:00","guid":{"rendered":"http:\/\/a-desk.org\/2006\/06\/12\/sobre-complicidades-musico-artisticas\/"},"modified":"2006-06-12T03:11:00","modified_gmt":"2006-06-12T03:11:00","slug":"sobre-complicidades-musico-artisticas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/a-desk.org\/en\/magazine\/sobre-complicidades-musico-artisticas\/","title":{"rendered":"Sobre complicidades m\u00fasico-art\u00edsticas"},"content":{"rendered":"<p class=\"post_excerpt\">\u201cDespu\u00e9s de escuchar m\u00fasica psicod\u00e9lica me volv\u00ed un forofo de la m\u00fasica rock y fui a muchos conciertos. Dos conciertos me cambiaron la vida: uno fue el concierto de Sun Ra en el The Ann Arbor Blues and Jazz Festival, y el otro fue un concierto de Iggy and the Stooges en un bareto de moteros de Wayne, Michigan\u201d (Mike Kelley)<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nFusiones, hibridaciones y puntos de interactuaci\u00f3n entre contexto musical y art\u00edstico. \u00c9ste es el tema que pretendo abordar. Para ello, parto de la relaci\u00f3n emotiva de Mike Kelley con la m\u00fasica, para m\u00ed, uno de los artistas m\u00e1s representativos del contacto entre estos dos campos de producci\u00f3n cultural. Recurro a un ejemplo ya hist\u00f3rico, en lo que a incorporaci\u00f3n de elementos musicales en el arte contempor\u00e1neo se refiere precisamente por la complejidad que supone relacionar m\u00fasica y pr\u00e1cticas art\u00edsticas en la actualidad. De entrada, y aunque desde el \u00e1mbito art\u00edstico se est\u00e9n explorando esquemas de presentaci\u00f3n sensibles a desdibujar sus fronteras, ambos contextos plantean canales de recepci\u00f3n con el p\u00fablico claramente diferentes.<\/p>\n<p>La sala de exposiciones, el museo, la galer\u00eda, la bienal&#8230; en la caso del arte contempor\u00e1neo; el local de conciertos, el disco, el sello discogr\u00e1fico, el festival, incluso la tienda&#8230; en el de la m\u00fasica popular. En definitiva, circuitos espec\u00edficos claramente bien organizados (al menos esa es la intenci\u00f3n) para un consumo efectivo por parte del usuario. Un escenario de presentaci\u00f3n distinto, una v\u00eda de acceso distinta, un ritmo y temporalidad tambi\u00e9n distinta&#8230; \u00bfsignifica esto que existe por lo tanto un p\u00fablico distinto? Me gustar\u00eda pensar que no tiene por qu\u00e9, pero&#8230;<\/p>\n<p>Plantear el binomio m\u00fasica-arte desde Mike Kelley permite situarse en el \u00e1mbito art\u00edstico, puesto que la visibilidad de su trabajo se sit\u00faa en el formato cl\u00e1sico de exposici\u00f3n y su esquema de relaci\u00f3n visual-objetual. No obstante, gran parte de su obra mantiene una interesante proximidad con la cultura musical. Su participaci\u00f3n en la escena underground de los sesenta con Destroy All Monster, banda ruidista cercana a la cultura punk o The Poetics, proyecto musical desarrollado (junto a otros artistas como Tony Oursler) durante su \u00e9poca de estudios en el California Institute of the Arts (Cal Arts), entendido como una especie de colectivo perform\u00e1ntico desde el esquema popular de canci\u00f3n &#8211; disco \u2013 concierto, son algunas de las conexiones con la m\u00fasica que presenta su extensa producci\u00f3n art\u00edstica.<\/p>\n<p>De todos modos, uno de los momentos de interactuaci\u00f3n m\u00fasico-art\u00edstica m\u00e1s significativos en la trayectoria de Mike Kelley se encuentra en la colaboraci\u00f3n con Sonic Youth, grupo fundamental dentro de la evoluci\u00f3n y redefinici\u00f3n del rock contempor\u00e1neo. Un ejemplo claro: la emblem\u00e1tica pieza de Kelley Plato\u2019s Cave, Rothko\u2019s Chapel, Lincoln\u2019s Profile culmin\u00f3 en 1986 con una performance en el Artist Space de Nueva York en la que Sonic Youth acompa\u00f1aba con sus guitarras el\u00e9ctricas los textos recitados por el artista. Me imagino la performance, el spoken word, el evento&#8230; \u00bfqu\u00e9 tipo de p\u00fablico hab\u00eda en tal auditorio?, \u00bfestaba el seguidor del trabajo art\u00edstico de Mike Kelley? \u00bfestaba el interesado en la experimentaci\u00f3n sonora de Sonic Youth? Realmente no importa.<\/p>\n<p>Mike Kelley muestra en su obra un gran inter\u00e9s por la construcci\u00f3n de la identidad individual, explorando realidades como la infancia, la memoria, la religi\u00f3n y en este caso concreto la m\u00fasica. A mi parecer, lo que atrae a Mike Kelley de la producci\u00f3n musical es precisamente su postura y proximidad como actitud vital. Su capacidad de emoci\u00f3n, trasgresi\u00f3n o alteraci\u00f3n de los ritmos preestablecidos le llevan (al igual que a muchos otros) a una relaci\u00f3n de entusiasmo, confianza e incluso de fe respecto a la creaci\u00f3n y recepci\u00f3n musical. Por sus connotaciones populares, tradicionalmente, \u00e9sta parece haber encontrado v\u00ednculos de empat\u00eda m\u00e1s estrechos con su consumidor, formando parte activa en la definici\u00f3n de nuestra identidad (algo m\u00e1s complejo de afirmar desde el arte). Por este motivo, no es gratuito que Mike Kelley explore la cultura punk como actitud ante el mundo desde sus proyectos pseudomusicales o que Dan Graham, por citar otro ejemplo tambi\u00e9n hist\u00f3rico, vea en Rock My Religi\u00f3n (1982-1984) a Patti Smith como la primera profeta de una nueva interpretaci\u00f3n del entorno llamada \u201crock\u201d. En estas connotaciones de proximidad entre m\u00fasica e individuo reside uno de los puntos cruciales que define la vinculaci\u00f3n sonora desde el arte contempor\u00e1neo. Evidentemente, no siempre es este el motivo, pero algunas de estas fusiones reflejan una apropiaci\u00f3n de ciertas lecturas entusiastas sobre la producci\u00f3n musical para repensar as\u00ed otras estrategias de discurso y contacto social desde el \u00e1mbito art\u00edstico.<\/p>\n<p>Pese a su esfuerzo, tal confianza y repercusi\u00f3n popular, suele ser m\u00e1s compleja y distante cuando de pr\u00e1cticas art\u00edsticas visuales se trata, aparentemente m\u00e1s alejadas de los intereses y realidades cotidianas del usuario. La actual redefinici\u00f3n y evoluci\u00f3n del museo o centro de arte hacia una lectura m\u00e1s representativa dentro de la esfera p\u00fablica, ha ocasionado que el sonido, y en este caso concreto la m\u00fasica, se vaya convirtiendo lentamente en material de consumo desde las salas de exposiciones. Un repaso superficial por algunas muestras recientes en instituciones art\u00edsticas permite constatar este dato. Voices en la Witte the Witt de R\u00f3tterdam (1998) y en la Fundaci\u00f3 Mir\u00f3 de Barcelona (1998), Lost in Sound en el CGAC (1999), Sound and Files en el Massachussets Museum of Contemporary Art (1999), Sonic Boom en la Hayward Gallery de Londres (2000), Proc\u00e9s S\u00f2nic en el MACBA de Barcelona y en el Centro George Pompidou de Par\u00eds (2001), Volume: Bed of Sound en el PS1 del MOMA de Nueva York (2000-2001) o Raw Materials, archivo sonoro de Bruce Nauman en la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres (2003) son algunas propuestas expositivas vinculadas, en mayor o menor medida, al elemento sonoro. Tales propuestas implican interesantes cambios en los tiempos y f\u00f3rmulas de presentaci\u00f3n de lo expuesto, aunque con frecuencia, algunas de estas incursiones sonoras desde el espacio art\u00edstico, suelen detectarse como poco afortunadas. La relaci\u00f3n de dominio claramente visualobjetual, el recorrido f\u00edsico por las salas y cierta sacralizaci\u00f3n de la obra art\u00edstica condicionan todav\u00eda la recepci\u00f3n que las propuestas sonoras (ya sean musicales, cinematogr\u00e1ficas, perform\u00e1nticas&#8230;) tienen desde el museo. Volviendo a la comparaci\u00f3n y confrontaci\u00f3n concreta entre arte y m\u00fasica, parece que cuando se trata de producci\u00f3n art\u00edstica propiamente dicha, la relaci\u00f3n con el p\u00fablico deviene menos directa, menos evidente. Quiz\u00e1s esto se deba en parte a unos canales de distribuci\u00f3n m\u00e1s espec\u00edficos y a su centralizaci\u00f3n desde el espacio expositivo, algo que la industria musical soluciona de otra modo a partir del disco como objeto de consumo. Adem\u00e1s, la tradici\u00f3n hist\u00f3rica del arte, mucho m\u00e1s extensa que la de la m\u00fasica popular, ha potenciado una lectura m\u00e1s elitista y cultivada del hecho art\u00edstico que, aunque se cuestione por las mismas pr\u00e1cticas art\u00edsticas desde mediados del siglo pasado, frecuentemente dibuja una barrera respecto a la percepci\u00f3n (popular) del arte contempor\u00e1neo. Igual que pasa con registros como la performance, el formato audiovisual o incluso las intervenciones art\u00edsticas en el espacio p\u00fablico, la cultura sonora y musical funciona (o puede funcionar) como mecanismo de fisura y deconstrucci\u00f3n del propio contexto art\u00edstico. Y esto es algo que, aunque no acaba de mostrarse de manera efectiva, la instituci\u00f3n art\u00edstica parece haber entendido.<\/p>\n<p>Si repensamos ahora el mismo binomio pero desde el campo sonoro, vemos tambi\u00e9n como las propias estructuras musicales han necesitado en m\u00faltiples ocasiones fricciones y contactos con el hecho art\u00edstico, entendiendo el hecho art\u00edstico como la producci\u00f3n cultural centrada directamente en las artes visuales. Sin ir m\u00e1s lejos, algunos de los trabajos sonoros de Sonic Youth o de algunos de sus miembros, como Lee Ranaldo o Kim Gordon, no encuentran espacios de presentaci\u00f3n efectivos desde una estructura discogr\u00e1fica convencional. Buena muestra de esto es la creaci\u00f3n en 1997 de su propio sello discogr\u00e1fico (SYR), para as\u00ed poder explorar libremente, sin excesivos condicionantes comerciales, sus intereses m\u00e1s arriesgados y experimentales sobre el sonido. Un ejemplo significativo lo encontramos en Goodbye 20th Century, cuarta entrega del sello, claramente influenciada por inquietudes ajenas al rock, con versiones de piezas de George Maciunas, John Cage o Yoko Ono. En este caso, el esquema de recepci\u00f3n es el mismo: el disco, el concierto, aunque desde un producto y unos canales de acceso menos populares y medi\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Siguiendo este breve recorrido entre mutaciones e hibridaciones art\u00edsticas que desmoronan o desequilibran etiquetas preconcebidas, son destacables tambi\u00e9n algunos proyectos independientes de Lee Ranaldo, como su disco Amarillo Ramp (for Robert Smithson) (1999), dedicado a la obra de Smithson , o sus instalaciones sonoras, como \u201c6 minutes and 5 seconds\u201d (1997) presentada en el Williamsburg Art &#038; Historical Society de Brooklyn o HWY SONG, pieza audiovisual expuesta en diferentes espacios dedicados al arte contempor\u00e1neo, como el Copenhagen Museum of Contemporary Art (1999) o Sonic Boom en la Hayward Gallery de Londres (2000). Lo mismo ocurre cuando profundizamos en la producci\u00f3n individual de Kim Gordon, claramente vinculada a las artes visuales (de hecho, su formaci\u00f3n acad\u00e9mica es art\u00edstica), y no s\u00f3lo des de la creaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n desde otras posiciones como el propio comisariado. Un ejemplo: el proyecto Kim\u2019s Bedroom (2000) presentado por Kim Gordon en el MU Space de Eindhoven, propuesta expositiva definida como punto de encuentro entre videoartistas, performers, artistas pl\u00e1sticos o m\u00fasicos con el objetivo de fomentar los v\u00ednculos entre ellos y el propio p\u00fablico.<\/p>\n<p>En definitiva, se podr\u00eda decir que al igual que Mike Kelley es atra\u00eddo por el rol de la producci\u00f3n musical y su repercusi\u00f3n desde las culturas populares, Sonic Youth es seducido por la mayor libertad y capacidad de experimentaci\u00f3n que (desde la m\u00fasica) parece ofrecer el \u00e1mbito art\u00edstico. Le\u00eddos desde la posici\u00f3n del otro, ambos campos ofrecen a su p\u00fablico otras f\u00f3rmulas de conexi\u00f3n y debate, traspasando as\u00ed los m\u00e1rgenes de sus espacios de presentaci\u00f3n para abrir as\u00ed nuevas posibilidades de comunicaci\u00f3n entre individuo y producci\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>De todos modos, y como apunt\u00e1bamos anteriormente, no siempre este intento de interactuaci\u00f3n y fusi\u00f3n entre ambos contextos es planteada y entendida de manera adecuada. Err\u00f3neamente, es frecuente que el sistema arte busque el contacto con circuitos musicales m\u00e1s bien desde un intento de popularizaci\u00f3n innecesaria, la cual cosa implica el peligro de ofrecer programaciones de calidad inferior a la l\u00ednea expositiva del museo o centro de arte. A su vez, el contexto musical parece aliarse con lo art\u00edstico cuando precisa fomentar cierto elitismo en sus esquemas de presentaci\u00f3n. De estas fusiones mal planteadas surgen graves consecuencias y confusiones que acaban repercutiendo, como no, en el p\u00fablico. Quiz\u00e1s, la tarea verdaderamente interesante y compleja ser\u00eda redefinir la funci\u00f3n del centro de arte, incluso del museo, para que la producci\u00f3n sonora no suponga as\u00ed un complemento menor en su l\u00ednea de trabajo, un hecho aislado o simplemente una ausencia. Ampliando las l\u00edneas de actuaci\u00f3n de los espacios art\u00edsticos, el sonido y la m\u00fasica se convierten en elemento de discurso y debate desde los espacios dedicados al arte contempor\u00e1neo, al igual que lo son dentro de la producci\u00f3n cultural contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Si pensamos en el \u00e9xito medi\u00e1tico de S\u00f2nar, Festival Internacional de m\u00fasica electr\u00f3nica y arte multimedia celebrado anualmente en Barcelona, vemos que la escena electr\u00f3nica ha sido capaz de generar un marco de recepci\u00f3n m\u00e1s flexible, en el que lo musical y lo art\u00edstico no se presentan de manera tan diferenciada, consiguiendo modelos de presentaci\u00f3n no-jer\u00e1rquicos desde espacios destinados principalmente a las artes visuales, como el MACBA, el Centre d\u2019Art Santa M\u00f3nica o el mismo CCCB (Centre de Cultura Contempor\u00e1nea de Barcelona). En cambio, desde otras manifestaciones musicales, en apariencia menos ligadas a las tecnolog\u00edas y a los media, como el rock, o el pop las cosas son m\u00e1s costosas, reflejando algunas de las confusiones apuntadas anteriormente. El uso poco riguroso por parte de la cr\u00edtica musical de la etiqueta de art-rock para definir aquellas propuestas de conceptualizaci\u00f3n excesiva, la banalizaci\u00f3n de t\u00e9rminos como paisaje sonoro, la proliferaci\u00f3n (a veces contraproducente) de recursos videogr\u00e1ficos en conciertos de rock, el a veces innecesario disfraz audiovisual del sonido desde la sala de exposiciones o la incorporaci\u00f3n superficial de muestras art\u00edsticas en eventos musicales son algunos ejemplos de fusiones y complicidades m\u00fasicoart\u00edsticas mal interpretadas.<\/p>\n<p>Para una buen uso de tal binomio, ambos campos han de situarse en posiciones de riesgo y desaf\u00edo (como la de Mike Kelley o Sonic Youth) con el objetivo de abrir sus \u00e1mbitos de actuaci\u00f3n e incorporar otras realidades significativas desde sus discursos y lugares de mediaci\u00f3n habituales. En este sentido, exploraciones expositivas como Volume: Bed of Sound en el PS1 del MOMA de Nueva York suponen un ejercicio de conexi\u00f3n entre m\u00faltiples \u00e1mbitos de producci\u00f3n cultural a partir de un esquema horizontal y plural planteado de forma pr\u00f3xima desde el museo. Tal muestra, presentada en 2000- 2001 en formato instalaci\u00f3n, con infinidad de auriculares, aunque perfectamente visitable actualmente desde su p\u00e1gina web, ofrece piezas sonoras de agentes tan dispares como Arto Lindsay, Laurie Anderson, Vito Acconci, John Cale, John Cage, Pan Sonic, Lou Reed, The Residents o los mismos Sonic Youth. En definitiva, algo casi ut\u00f3pico: producci\u00f3n art\u00edstica y producci\u00f3n musical expuestas en el museo sin diferenciaciones ni etiquetas preconcebidas.<\/p>\n<p>Recientemente, al comprar, ajeno a cualquier contacto con la noci\u00f3n de instituci\u00f3n art\u00edstica, un recopilatorio-resumen de la breve trayectoria musical de Peter Parker Experience (alter ego de Michel Cloup, miembro de los desaparecidos Diabologum y de Experience, a mi entender, bandas fundamentales en el desarrollo del rock europeo contempor\u00e1neo) descubro gratamente que Peter Parker Experience, en 1994 actu\u00f3 en el PS1 de Nueva York. Otro ejemplo de hibridaci\u00f3n m\u00fasico-art\u00edstica que abre v\u00edas de actuaci\u00f3n posibles para que dichas complicidades funcionen.<\/p>\n<p>Finalmente, me da la sensaci\u00f3n de que la relaci\u00f3n entre ambos contextos desde la producci\u00f3n cultural contempor\u00e1nea y sus diferentes canales de acceso no es tan complicada. Quiz\u00e1s simplemente hay que aceptar la alteraci\u00f3n de las parcelas de poder que tal encuentro supone. Pero claro, esto implica dejar de lado categor\u00edas y etiquetas de gran peso hist\u00f3rico, y esto siempre produce cierto temor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cDespu\u00e9s de escuchar m\u00fasica psicod\u00e9lica me volv\u00ed un forofo de la m\u00fasica rock y fui a muchos conciertos. 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