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Magazine

15 marzo 2010
Minuto y resultado

David G. Torres

La exposición como proceso; la exposición como espacio de trabajo; la exposición como acontecimiento; la exposición como lugar de relación y lugar de creación; la exposición como un intento de hacer una exposición; la exposición invisible… De todo ello hay en el “Espai de l’intent” en Can Felipa comisariada por el ex-director de Hangar, Pedro Soler.


En palabras de Pedro Soler: “La funció d’Hangar és generar i recolzar la producció i la de Can Felipa donar espai a l’experimentació artística; així era lògic de decidir de posar l’èmfasi sobre l’ús productiu de l’espai.” Así, “Espai de l’intent” es un proyecto en Can Felipa como reflejo del trabajo realizado en Hangar. Para llevar a cabo ese intento, Pedro Soler recogía varias fuentes: por un lado, unas declaraciones de Francis Alÿs en las que habla de que todo proyecto artístico está hecho del intento y, por otro, el texto de Suely Rolnik Geopolítica del chuleo. Y además ponía un sólo impedimento: no exponer fotografía ni vídeo. Esta última traba, sin duda, responde a un cansancio frente a lo comúnmente repetido en las exposiciones de arte contemporáneo y ejemplifica el deseo de encontrarse con algo más auténtico, más directo, en términos de creación y, también, de compartir.

Bajo estas premisas la exposición se inauguró sin obras, estas irían apareciendo poco a poco fruto de las jornadas de trabajo, de los intercambios, de las performances programadas cada miércoles o de los cursos de dibujo que también se organizaban en el espacio de Can Felipa. Resumiendo: experimentación, proceso e intercambio.

Sorprende que no aparezca como cita ninguna referencia a la tan cacareada hace unos años estética relacional. Porque de hecho el proyecto (no habría que llamarlo exposición) suena inevitablemente a aquellos proyectos que auspiciados por una interpretación libre del libro de Nicolas Bourriaud inundaron buena arte de las instituciones artísticas ávidas por estar a la moda y manifestar su experimentalidad (comidas para todos, performances y mucho cartón y celo incluidos). Evidentemente, un espacio como Can Felipa también precisa dejar claro su carácter experimental y para ello una exposición que no lo es, que está hecha de eventos, clases de dibujo, performances y gente haciendo cosas en general le va como anillo al dedo.

Es cierto que la exposición en tanto que dispositivo necesita encontrar su espacio. O sencillamente necesita definirse: como espacio de comunicación; como lugar de producción; y directamente como estructura de exhibición frente a las tecnologías de distribución de la información libre. De ahí que sea loable el esfuerzo de pensar la exposición como un espacio de lo posible; que también sea consecuente contemporáneamente apostar por el intento antes que por el resultado cerrado y firme. Pero, todo ello no nos aparta de algunos peligros que pueden encerrarse en, por ejemplo, la renuncia a la fotografía y el vídeo. En primer lugar, porque implícitamente vuelve a poner el acento en la cuestión de los lenguajes artísticos y sus divisiones: vídeo y fotografía frente a pintura y escultura y todos frente a aquella etiqueta de arte relacional. En segundo lugar, porque planteado como “una aposta per les arts plàstiques, el cos i la matèria” más bien suena a un regreso a valores reaccionarios en arte propios de las interpretaciones más formalistas de Tàpies.

Finalmente, una última cuestión. Sí, Can Felipa es un espacio para la experimentación o, tal vez, sólo para artistas jóvenes; y, sí, en ausencia de otros espacios ha devenido uno de los lugares de visita obligada porque es el que más (o el único que) apuesta por programar exposiciones con nuevos comisarios, con nuevos artistas y con nuevos intentos. Sí, el “Espai de l’intent” pretende aunar el “espíritu” experimental de Can Felipa con la vocación de espacio de producción de Hangar. Y, sí, una exposición es un intento. Pero también una exposición es un espacio de visibilidad, y propone un relato, es un texto que se ve. El problema ante tanto proceso es que el espacio está lleno de rastros, pero es imposible leer ningún relato, es imposible ver o reconstruir ninguna lógica que vaya más allá de reconocer que lo que vemos son los restos de algo que pasó y que seguro tuvo sus momentos de intensidad en la relación, en las risas o en lo creativos que somos todos.

Con todo ello llegaríamos a una cuestión, simple, pero que creo que a estas alturas es lícito plantearse: ¿para quien se hace una exposición?

http://www.davidgtorres.net

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