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El inglés como árbitro: El peso del centro

Magazine

07 abril 2026
Tema del Mes: El inglés minoritario: política y cultura de una lengua globalEditor/a Residente: John Holten
Inglés como Árbitro

El inglés como árbitro: El peso del centro

Latronico en conversación con Holten

&

La novela Las perfecciones de Vincenzo Latronico (publicada en Italia por Bompiani como Le perfezioni  en 2022) se ha convertido en un éxito de ventas en inglés a ambos lados del Atlántico y ha sido finalista del Internacional Man Booker Prize. La novela sigue a una joven pareja procedente de un país mediterráneo sin nombre mientras se adentran en el vibrante Berlín, «cool pero sexy», logrando narrar una historia colectiva sobre la existencia millennial posterior a 2008 que le ha valido al autor tanto elogios como premios y críticas. Latronico, que es traductor, representa al novelista contemporáneo europeo, es decir, a un artista que debe destacar en una lengua concreta, al tiempo que busca verdades universales o reconocibles, de modo que puedan existir en la actualidad. Esta tensión es un buen punto de partida para reflexionar sobre el poder discursivo del inglés en la actualidad.

John Holten: Me gustaría saber tu opinión sobre el papel de la lengua inglesa como hablante no nativo, novelista y traductor. Para citarte en tus propias palabras, terminabas un artículo que leí en The Guardian diciendo: «Nuestras periferias están más cerca entre sí de lo que parece el largo camino hacia ellas a través del centro». Me preguntaba si ese «centro» es el inglés y si es la lengua franca de la literatura europea.

Vincenzo Latronico: La respuesta es sí. Estamos manteniendo esta conversación en inglés como lengua franca, ¿verdad?

Te pondré otro ejemplo. Hoy he estado hablando con una escritora, Ana Schnabl, a quien admiro mucho. Es eslovena y nunca la han traducido, pero ahora acaba de salir uno de sus libros en inglés y la han invitado a Milán para reunirse con algunos posibles editores italianos. La publicación en inglés está teniendo un gran impacto porque actúa como puerta de entrada.

La mayoría de mis editores tienen editoriales muy pequeñas. Incluso Fitzcarraldo, que es extraordinariamente exitosa, solo tiene once empleadas y empleados; y mi editorial griega son tiene dos personas. ¿Cómo podrían estas editoriales leer libros en húngaro, esloveno, o tailandés? Por supuesto que pueden confiar en un asesor de confianza, pero si eres pequeña, ¿gastarías dinero solo porque un asesor de confianza ha dicho que el libro es bueno?

Holten: En el artículo que escribiste celebrabas que la literatura en lengua inglesa no fuese la principal referencia para ti y tus contemporáneos.

Latronico: La idea de la que partía mi artículo era que, durante mis años de formación, en los noventa y principios de los dos mil, la literatura contemporánea que leía era casi exclusivamente en inglés. Autores como por ejemplo David Foster Wallace, Thomas Pynchon, Philip Roth, Zadie Smith o Joan Didion. Lo interesante es que esto no se consideraba literatura estadounidense, sino que se consideraba literatura internacional. Mientras que hoy, diría que los jóvenes lectores de literatura son más propensos a leer a Roberto Bolaño, Han Kang o Emmanuel Carrère.

La literatura en lengua inglesa ha perdido de alguna manera parte de su protagonismo. Pero, por otro lado, si se mira un poco más de cerca, uno se da cuenta de que todos estos libros tienen éxito internacional porque han triunfado en inglés. Sus traducciones, por ejemplo al italiano, solo han sido posibles tras su traducción al inglés. Así que, aunque la literatura anglófona ya no es tan central, la edición anglófona sigue siéndolo, paradójicamente, quizá incluso más que antes, porque ahora actúa como árbitro entre periferias cercanas. Eslovenia está a dos horas en coche de donde estoy, entonces ¿por qué la literatura de Ana tiene que pasar por Londres antes de llegar a mí?

Holten: El escritor yugoslavo Danilo Kiš es una figura importante para mí cuando pienso en la «periferia» de Europa, en ese estar de alguna manera al margen del centro de metrópolis como París o Londres, y en que eso resulte positivo para su literatura.

Latronico: Es interesante porque, al releer un ensayo de Milan Kundera incluido en su colección El telón, dice que es una abstracción considerar que la historia de la novela se desarrolla únicamente en el seno de una sola lengua. De hecho, la traducción es una parte integral de la historia de la novela como disciplina, algo que no ocurre con ninguna otra forma de arte.

Holten: En la cultura contemporánea existe una paradoja en torno al idioma inglés, y es que los escritores quieren ensalzar el lenguaje, pero al mismo tiempo desean comunicarse más allá de la comunidad cerrada de un Estado-nación. Así pues, el nacionalismo como proyecto político rara vez resulta atractivo, es cierto, pero al mismo tiempo no queremos decir que debamos trascender el etnonacionalismo y escribir todos en inglés, pues eso sería un sacrilegio.

Latronico: No, claro que no, pero es interesante que la ciudadanía literaria tenga que ver con el idioma en el que escribes y no con tu ciudadanía real. Sería una locura considerar a Kafka un escritor checoslovaco. Quiero decir que, si hubiera sido un escritor checoslovaco, su obra, desgraciadamente no habría tenido tanta influencia. De nuevo Kundera pone un ejemplo que es realmente revelador, si las sagas islandesas se hubieran escrito en francés antiguo, las consideraríamos el punto de partida del arte de la literatura moderna; en cambio, las consideramos una curiosidad pintoresca procedente de una isla lejana.

Holten: ¿Quizás se trate de ese viejo dicho sobre el inglés, uno se siente más amenazado por él si, para empezar, no crees en tu propia lengua?

Latronico: Si pensamos en Polonia y Francia, dos países de tamaño y población similares, la existencia misma de Francia nunca se ha puesto en duda. Francia da por sentado que siempre existirá, mientras que la existencia de Polonia ha sido mucho más frágil a lo largo de la historia. Y esto se puede ver, por ejemplo, en la forma en que entendemos a Gombrowicz, quien es indudablemente uno de los mejores escritores del siglo XX, y creo que, en muchos aspectos, su literatura es mucho más contemporánea hoy en día que la de Joyce. Pues bien, Gombrowicz no ocupa ni de lejos esa posición en el canon. Es como un interés de nicho. Por eso creo que ambas cosas están relacionadas.

Holten: ¡Sí. Es una observación muy acertada! Creo que también tiene algo que ver con el hecho de liberarse del yugo de las estructuras de poder del imperio. Los países más pequeños utilizaron la literatura, en un primer momento, para fomentar la independencia, buscando lo universal tras consolidar lo nacional. La literatura irlandesa, por ejemplo, es un ejemplo paradigmático de ello, ya que, por un lado, se utilizó para reforzar el proyecto nacional y contribuir a la liberación de la cultura y el dominio británicos. Sí, quizá no siempre encaja, quiero decir que Polonia, ese pobre país cambiaba constantemente de manos, pero la lengua siempre persistia.

Latronico: Pero el ejemplo irlandés me parece interesante. Se podría afirmar con legitimidad que la literatura irlandesa, a pesar de proceder de un país mucho más pequeño, goza hoy de mucho más esplendor que su homóloga británica. Y, en cierto modo, lo consigue al hacer suya la lengua como herramienta, aunque es también un instrumento de la misma ocupación. De todos modos, esta asociación es complicada porque, por supuesto, como escritor, uno tiende a no creer realmente en el nacionalismo. Sin embargo, tu herramienta está tan indisolublemente ligada al nacionalismo. Te cuento que el responsable de prensa de mi editorial italiana me dijo, cuando quedé finalista del Premio Booker Internacional, que me preparara porque, si ganaba, podría recibir una llamada del ministro, y el ministro es amigo de Meloni. Es un nazi en toda regla que habla de la mitología del sol.

Holten: Sí. De repente, la literatura y el lenguaje pueden verse arrastrados a una especie de baile a dos partes bastante restrictivo. La Academia Francesa es bastante conocida, ¿hay también un grupo de personas que cree nuevas palabras en italiano?

Latronico: Bueno, sí que las hay, pero no se toman tan en serio como en Francia. Sin embargo, el italiano es un idioma muy receptivo a las influencias extranjeras. Italia es un país un tanto peculiar. Antes de mediados del siglo XIX, ni siquiera existía como tal, solo era un conglomerado de feudos pequeños. E incluso antes de su unificación, ya existía un debate en los círculos académicos italianos sobre si debíamos acoger las influencias extranjeras o no. El mayor debate de este tipo tuvo lugar entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, después de que se importaran muchas palabras del francés.

Hay una académica cuya investigación sigo, Eleonora Gallitelli. Es lingüista computacional y realizó un estudio sobre el lenguaje de los jóvenes escritores italianos, por un lado, y por otro, el lenguaje de los jóvenes traductores italianos del inglés al italiano. Y analizó a esos dos grupos en busca de indicadores de la influencia del inglés. Es decir, palabras o construcciones adoptadas del inglés británico o del americano, o la longitud media de las frases, etc. Y lo que descubrió es que los escritores están mucho más influenciados por el inglés que aquellos que traducen del inglés.

Holten: Mmm. Vaya…

Latronico: No sé qué pensar de esto, pero me resulta muy interesante.

La conversación entre Vincenzo Latronico y John Holten continuará la semana que viene en la segunda parte: La autoridad del traductor.

(Imagen de portada: © Juliet Barbieri)

Vincenzo Latronico es escritor y traductor. Su última novela, Perfection, ha sido traducida a 43 idiomas; ha sido finalista del Premio Internacional Booker, preseleccionada para el Premio Nacional del Libro y el Premio Strega, y galardonada con el primer Premio Tom Wolfe Air Mail. Vive en Milán.
Retrat © Marcus Lieder

Retrato de John Holten

John Holten es un novelista y editor nacido en Irlanda y afincado en Berlín, cuya novela más reciente es The Trains of Europe (2024). www.johnholten.eu
Retrato © Juliet Barbieri

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