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Habitar la distopía

Magazine

16 marzo 2026
Tema del Mes: NeutopíasEditor/a Residente: Oscar Guayabero
distopías tecnológicas - Imagen correspondiente a la pieza Machine Biography

Habitar la distopía

Las distopías tecnológicas constituyen una de las formas más influyentes y persistentes del imaginario colectivo contemporáneo. Surgen como respuesta crítica a la confianza en el progreso científico y a la idea, presente desde la modernidad, de que la tecnología ayudaría a conformar sociedades más avanzadas y libres. Frente a esta narrativa optimista, las distopías tecnológicas suscitan debates en un contexto tan complejo como el actual: qué sucede cuando los sistemas técnicos dejan de servir a las personas e imponen sus lógicas forzando una reorganización económica y social.

Recordemos que este proceso no surge de la nada. Las esperanzas depositadas en el internet colaborativo y aparentemente democrático de los 90 se trunca tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Gobiernos y grandes empresas desplegaron conjuntamente su potencial revisando y clasificando cualquier actividad o hecho existente en la red. Se impone la censura y el control sobre los ciudadanos. Proyectos como Blacklists (2015-2017) del colectivo multidisciplinar DISNOVATION.ORG (2015-2017) reflejan el retroceso en nuestros derechos recopilando una lista de páginas censuradas, que pueden consultarse en formato web y enciclopédico de 13 volúmenes de 666 páginas cada uno, con.  Su contenido permite recrear el modelo cultural y sociológico de lo que no es accesible.

Durante la pandemia de la COVID19 en 2020 se implantan masivamente herramientas digitales asociadas a las grandes empresas del sector. Lo que parecía que sería un impulso que reduciría drásticamente la brecha digital, y mejoraría nuestra comunicación, se convierte en una trampa gestada previamente. Se aceleran los planes de expansión e implantación de determinadas metodologías, formatos y estáticas que homogeneizan aspectos fundamentales de nuestra vida social y profesional tal como los entendemos en la actualidad. 

En este periodo cobran especial relevancia iniciativas innovadoras y sin ánimo de lucro, basadas en herramientas de código abierto, en el ámbito cultural (que ayudaron a difundir debates, contenidos y eventos) Tras el periodo de excepción, muchas de ellas fueron abandonadas o relegadas por opciones comerciales, debilitando el movimiento de la cultura libre.

Autores como Shoshana Zuboff, Eric Sadin o Kate Crawford analizaron y nos advirtieron sobre los recovecos oscuros del poder tecnológico, sus metodologías, y estrategias, diseñadas por los que hoy son parte de su oligarquía. Sus textos desmenuzan como estas estructuras algorítmicas logran imponer sus modelos en la organización social. Actuando fuera de principios éticos sobre la política y la economía global, sin respetar el poder de los estados y sus leyes, llegando a socavar democracias aparentemente representativas y estables. Crawford, junto a Vladan Joler, representan este vasto entramado en Calculating Empires (2023), representación de la evolución de las conexiones entre tecnología y poder desde 1.500 hasta nuestros días. Evitan la simplificación y el solucionismo imperante a la hora de gestionar la información, e invitan al público a ver, reflexionar y plantear nuevas propuestas de futuro.

A la concentración del poder tecnológico se une la creciente inversión en inteligencia artificial. El uso intensivo de datos ha derivado, aunque resulte paradójico, en la necesidad de aumentar tanto su capacidad de captura y análisis. Su empleo está presente en nuestras aplicaciones a través de recomendaciones, asistentes de voz, chatbots o sistemas de reconocimiento facial. Esta evolución está presente en propuestas como Machine Biography (2019-2022) de Clara Boj y Diego Díaz, en el que los autores generaron una biografía predictiva para 2050 a partir de toda su actividad digital recopilada durante 2017 mediante una app comercial destinada a espiar teléfonos móviles. La cantidad de datos obtenidos daba lugar a dos proyectos previos: la publicación de 365 libros impresos (Data Biography (2017)), y un relato visual de 24 horas de duración (Data Biopic (2018)). Machine Biography, cuestiona la capacidad predictiva de la inteligencia artificial y su repercusión social.

distopías tecnológicas - "machine biography"

Machine Biography, de Clara Boj y Diego Díaz. Cortesía de los autores.

 

Las empresas tecnológicas privadas han copado las infraestructuras en las que se basa la sociedad actual. Se han aceptado las reglas impuestas por las multinacionales del sector, y la vida digital ha fagocitado la vida real. Las dos dimensiones de nuestra existencia e identidad llegan a confundirse y fusionarse en todo tipo de decisiones, y limita considerablemente nuestras posibilidades de interacción social. 

Vivimos pegados a nuestros dispositivos para trabajar, socializar o contemplar contenido de dudosa procedencia.  Como se explica en un meme viral, “pasamos de estar conectados todo el día a una pantalla de 15 pulgadas, a descansar ante una de 55”. El acceso a contenidos gratuitos a costa de nuestra privacidad, y plataformas de coste accesible imponen su oferta frente a la cada vez más escueta competencia. Ante la avalancha de datos se ha propagado una actitud de falta cuestionamiento sobre los procesos, la veracidad y la ética detrás de aquello que consumimos. 

Artistas como Aram Bartholl o Dries Depoorter reflejan nuestra disposición ante el contexto a través de varias de sus obras. El primero, en Perfect Beach (2018) recurre a la performance (y a veces al Photoshop), utilizando tres grandes impresiones de playas tropicales para ocultar en imágenes la saturación real de las mismas.  Depoorter, por su parte, muestra en The Follower (2023) la manipulación de los influencers en Instagram cotejando sus publicaciones con capturas del momento exacto en que fueron realizadas las tomas. Las realidades en ambas propuestas difieren de lo mostrado en redes. En The Flemish Scrollers (2021-2026) utiliza inteligencia artificial y reconocimiento facial para etiquetar automáticamente a los políticos flamencos distraídos con sus pantallas durante las transmisiones en directo de sus reuniones. Las imágenes sobre ese control se publican etiquetadas en Instagram y en X. Con estas capturas consigue caricaturizar a la clase política, y por identificación, a todos lo que las contemplan.

Sistema de visión de inteligencia artificial que detecta la distracción con los dispositivos tecnológicos de los diputados de un congreso.

Imagen correspondiente a la pieza The Flemish Scroller de Dries Depoorter.

Imágenes de The Flemish Scrollers (2021-2026), de Dries Depoorter (Autor: Dries Depoorter).


Se ha logrado captar nuestra atención a costa de nuestros sentidos. Nada destaca, nada sorprende. El flujo algorítmico nos ofrece con más rapidez más productos acordes con nuestro etiquetado. No es de extrañar, pues, que la experimentación en diseño haya pasado a ser residual en todos los ámbitos. Incluso, en la creación digital: de la investigación presente hace dos décadas, ha mutado en un nuevo paradigma de homogeneización y a la repetición, en el que se invisibilizan propuestas críticas o no acordes con lo establecido. Ese es el motivo por el que es más necesario que nunca mostrar y difundir piezas que generan otras narrativas sobre los modelos establecidos. Acerquémonos, por ejemplo, a las de Estampa, enfocadas en comprender y mostrar al espectador el funcionamiento de la IA, generando nuevas narrativas poéticas sobre la inviabilidad de plasmar las palabras en imágenes y viceversa.  A las obras y textos de Hito Steyerl, denunciando la vigilancia y la precarización detrás de las tecnológicas. O a las interrelaciones entre lo real y lo artificial presentes en las colecciones de imágenes de Anna Ridler.    

Acercarse a la cultura digital crítica puede ser un estímulo ante el abotargamiento individualizado inducido. Pero previamente, debemos vernos, reconocernos para detener nuestra inercia. Utilicemos sus mismas estrategias: enfrentémonos a los hechos, y no confundamos información con opinión.

Es el momento de decidir sobre nuestros derroteros, y tal vez, sea necesario frenar en lo tecnológico para poder replantear propuestas transversales relacionadas con los cuidados y nuestro entorno. Es difícil, pero no imposible. 

[Imagen destacada: Machine Biography, de Clara Boj y Diego Díaz. Cortesía de los autores]

Paloma González Díaz es investigadora y docente en diseño, artes, y tecnología en la UOC. Centra su trabajo en enfoques críticos y multidisciplinares en la intersección entre arte, diseño, tecnología y sociedad. Especializada en creación digital, interacción y dinámicas de poder y control tecnológico, ha impartido docencia en instituciones como Escola Massana, BAU, Elisava, CITM y EINA. Desde 2007, escribe el blog Uncovering Ctrl, dedicado al arte digital, la vigilancia y la privacidad.

 

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