close

En A*DESK llevamos desde 2002 ofreciendo contenidos en crítica y arte contemporáneo. A*DESK se ha consolidado gracias a todos los que habéis creído en el proyecto; todos los que nos habéis seguido, leído, discutido, participado y colaborado. En A*DESK colaboran y han colaborado muchas personas desinteresadamente, con su esfuerzo y conocimiento, creyendo en el proyecto para hacerlo crecer. También desde A*DESK hemos generado trabajo para casi un centenar de profesionales de la cultura, desde pequeñas colaboraciones en críticas o clases hasta colaboraciones más prolongadas e intensas.

En A*DESK creemos en la necesidad de un acceso libre y universal a la cultura y al conocimiento. Y queremos seguir siendo independientes y abrirnos a más ideas y opiniones. Si crees también en A*DESK seguimos necesitándote para poder seguir adelante. Ahora puedes participar del proyecto y apoyarlo.

Magazine

02 junio 2015
Entrevista_Marti.jpg
Entrevista a Martí Manen, comisario del Pabellón de España en la Bienal de Venecia (2/2)

Manuel Segade

Es curiosa la presencia de cuatro comisarios ibéricos en los pabellones nacionales: Chus Martínez en el catalán, María de Corral en el portugués, Katia García-Antón en el nórdico y tú en el español. En ningún momento he visto a la prensa patria defender esto. Me hubiese encantado leer un diálogo entre los cuatro.

A mí también me habría encantado, pero es que ahora desde algunas posiciones de la crítica están como muy contentos diciendo lo malos que son los comisarios, así que no debe interesar que hablemos ni que comentemos nada. En cualquier otro lugar del mundo estarían celebrando esta presencia curatorial pero en la península se ningunea. Tres pabellones nacionales y uno de evento colateral oficial y con presencia importante. Cuatro modos de entender el comisariado y una opción para hablar constructivamente de lo internacional, de los contextos, de qué se podría hacer.

Existe una tónica habitual de denigración del Pabellón Español. En vuestro caso ha sido desde que los artistas realizan lo que hacen habitualmente; que es cutre, que si Dalí no merece ser llevado a un pabellón… ¿Por qué no se habla de arte?

No se habla de arte y no se habla en profundidad ya que es mucho más fácil hablar de otras cosas y, al mismo tiempo, quejarse de la falta de crítica y del espacio para la crítica precisamente desde los últimos lugares que quedan del espacio tradicional para tal menester. Entrar en contenidos implica primero estar atento, estar abierto a observar y jugársela a dar una opinión. Veo realmente muy poca opinión real y muy poco análisis. Como bien dices el pabellón de Dora García fue eliminado directamente, con Lara Almarcegui lo mismo. El de Santiago Sierra recuerdo que en su momento también generó un interesante silencio precedido por el desprecio al artista por su vinculación con el mercado. Ahora sí, 15 años después era un pabellón buenísimo (cuando lo era ya en su momento).

Del nuestro creo que aún están intentando encontrar cómo disparar. Están, desde posiciones distintas, muy de acuerdo en que hay que destrozar, pero de momento los argumentos reales brillan por su ausencia. Interesa un ataque al comisario, aunque evidentemente esto estaba más que previsto. Espero que lleguemos al siguiente paso y se pueda hablar sobre contenidos. Me encantará leer una crítica bien formulada a los problemas del pabellón, pero decir que hay una pantalla de televisión demasiado grande no es decir nada cuando no sabes qué se muestra en esa pantalla ya que no lo has mirado; y hablar de bares y de cosas de la movida, pues es escapar y perder una oportunidad de escribir en serio cuando lo que se propone es precisamente un debate. A ver, que tenemos a un sujeto complicado y paradójico como Dalí y tenemos un replanteamiento genealógico; tenemos una voluntad de acercarnos a problemas y tenemos tres posiciones artísticas divergentes y complejas. Entra en ello y empieza a hablar, pero entra. Y, de verdad, yo encantado de recibir críticas negativas. Uno ya sabe que aparecer públicamente significa aceptar esta posibilidad y, además, espero aprender con ello. Estoy tranquilo con el proyecto pero soy consciente de que es una posibilidad frente a muchas otras.

Está claro que cuando se nos etiqueta a los comisarios de una generación que compartimos colegueo como secta poderosa, no se tiene en cuenta que incluso respetándonos sanamente unos a otros, también sanamente nos discutimos en nuestros proyectos los unos a otros de manera que ocupamos posiciones incluso antagónicas. De repente, parece que sólo se nos valore por las posiciones que se nos otorgan en un sistema dado, como si sólo hubiera unas casillas que hay que llenar. ¿Es un problema de la escena española?

A mí me interesa dar opinión y entender los canales para, precisamente, pervertirlos. Me interesa un tipo de escritura también bastarda, a caballo entre la crítica, la teoría y lo vivido. Cada vez me muevo más hacia este campo (un campo que en el contexto español difícilmente se comprende). Me interesa aplicar otro tipo de referencias y referentes y no necesito citar a Baudelaire ya que no estamos en clase de primero de crítica todo el rato. Por otro lado, creo que vivimos en una etapa medial en la que la velocidad de interacción pide a veces una reacción. Si alguien dice algo a lo mejor es interesante dar una respuesta, aunque estés “rompiendo” los códigos asumidos. Como comisario del pabellón puedo responder en una conversación en Facebook y eliminar también así esas distancias que se aplican y que en realidad son inexistentes. Todos estamos cambiando de papel constantemente, así que mantener una lógica en la opinión y en el expresarla me parece hasta sano (dentro de lo insano de la red, que tiene un rato de maldad).

Sobre las diferencias entre los agentes, sí: se nos mete en un mismo saco de un modo generacional cuando ni somos la misma generación ni tenemos los mismos referentes. Pero sí que es verdad que en las diferencias podemos hablar. Con algunos más que con otros, también es cierto. Yo me encuentro bien con personas 15 años menores que yo y 15 años mayores que yo, es casi un tema de actitud y no tanto de edad, es algo así como comprender la situación desde un punto de vista global y proactivo (con lo inadecuado de esta palabra). No trabajo desde la amistad, entiendo los afectos como algo que participa del trabajo y creo que es clave comprender la parte emocional de la exposición y el arte como un elemento de conocimiento, pero no tomo decisiones por amistad. Tampoco por estrategia, que es algo que a veces ves que pasa. Personalmente tengo la sensación de que no ocupo ninguna casilla, de que más que una posibilidad soy un problema.

El conservadurismo de la política consolidada y su intervencionismo son modos de protección que, como historiador, me atrevo a interpretar como de fin de régimen, aunque eso no quiere decir que vaya a cambiar para mejor. Me da la sensación de estar inmerso en unas segundas Guerras Culturales. Y estas no son únicamente en España.

Estamos en un momento de incertidumbre, con lo que las posiciones conservadoras tienden aún más hacia el proteccionismo y el cierre de posiciones. Frente a esta situación creo que tenemos que ser muy claros y transparentes para aportar otro vocabulario. El vocabulario dominante es cerrado y las opciones se van eliminando, con lo que nos toca abrirlas de nuevo. Vuelve a ser necesario ganar cosas que ya se habían ganado y que hemos vuelto a perder. Y sí, no es únicamente España si no que es algo que pasa evidentemente en toda Europa. Por este motivo quiero insistir en la aportación lingüística si quieres, en el abrir campo para permitir otras posibilidades y otras realidades.

Desde el lado positivo: ¿cuál es el mayor apoyo que has tenido?

Venecia en sí es duro -no nos vamos a engañar. Es muy grande y hay esta sensación flotante de que te la estás jugando tanto que seguramente vas a fracasar y ya te puedes retirar después de esta caída. Ayuda a ello que exista este deseo nacional hacia el desastre, pero cuando ves que lo que realmente es interesante en Venecia es el posible intercambio internacional sacas peso a momentos que son menores.

Me gustaría saber sobre la relación con los demás países e incluso con el propio comisario general, Okwi Enwezor.

Okwui no puede opinar sobre los pabellones ya que no es su campo, así que la relación es cordial y marcadamente distante. Nos vimos con todos los comisarios de los pabellones y él para contarle los proyectos y a la inversa, pero ya cuando lo teníamos la mayoría todo decidido. Después, en montaje, depende de cómo vayas de stress y de los ritmos que se marquen en cada país. Hemos hablado con gente de otros pabellones, compartido momentos de post-montaje y spritz y hablado de todo y de nada. Lo hemos hecho con aquellos que estaban allí siguiendo los mismos timings que nosotros. En general no está prevista una comunicación y un trabajo en común ya que realmente no es un trabajo común. Hablas también con los artistas que conoces que están montando en la exposición central y ves lo solos que están. Ejemplo gráfico, y volviendo al pabellón: éste es territorio español y no italiano, con lo que la policía italiana no puede hacer nada dentro de sus muros. La distancia llega a este nivel.

Y, por último, ¿Qué te llevas a cambio? ¿Algún efecto inmediato?

Están ya pasando cosas con los artistas. Me llevo también el ver una máquina de este tipo por dentro, que no tiene nada que ver con analizarla desde fuera. Por mi parte, tuve la suerte de empezar a trabajar en Bonniers Konsthall el día siguiente de volar desde Venecia a Estocolmo, así que no he tenido tiempo para caer en la tradicional depresión post-Venecia.

Manuel Segade es un comisario independiente español que, a pesar de haber conseguido trabajar más fuera de España que dentro, sigue sin poder evitar pasar -al menos- un mes de arroz al año. Últimamente se interesa mucho por la manera en que performativizando el comisariado se pueden forzar nuevas formas de institucionalidad.

Publicaciones

02 junio 2015

Entrevista a Martí Manen, comisario del Pabellón de España en la Bienal de Venecia (2/2)

close
close
close
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)