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Magazine

06 juliol 2009
Identidad nacional e identidad europea. O cómo meterse en un lío.

Martí Manen

Las novedades en la Bienal de Venecia, así como algunas exposiciones recientes, nos llevan a pensar sobre la relación entre la identidad nacional y el arte, así como qué papel puede jugar el arte contemporáneo en la definición de Europa.


Con la bienal de Venecia en marcha, y los pabellones catalán y murciano trabajando de modos muy distintos sobre ideas de diversidad e historia, con un pabellón español en el que el máximo beneficiario será un marchante suizo, con los Emiratos Árabes Unidos ocupando un espacio privilegiado porque al final si se paga estratosféricamente se queda uno con Benzema, Cristiano Ronaldo y los pabellones de lo que sea en Venecia, con la propuesta de Elmgreen & Dragset mezclando obras sin tener que justificarse para nada, y con el verano a la puerta con sus lecturas estivales y todo lo que no hemos podido pensar durante estos meses de hiperactividad, llega un buen momento para –otra vez- entretenerse en la relación entre arte contemporáneo y representación nacional, sin olvidar lo que significa la voluntad de definir una identidad nacional.

Volvamos atrás. En el cruce de siglo del XIX al XX artistas, poetas y escritores de distintos países trabajan, sin ironías, en la definición de un pasado o una identidad nacional. En Catalunya, el noucentisme define lo que será la base de la catalanidad que sigue en Venecia hoy: mirada abierta, un espacio mayor que el propio como referente y consciencia de una historia que, en algunos momentos, se convierte en más mito que historia. Cierto rigor y control, una idea de modernidad sin desmadres y, resumiendo, orden frente otros intentos de definición más caótica.

Akseli Gallen-Kallela, fue (en fechas parelelas) un pintor clave en la definición de la identidad cultural de Finlandia. Como otros artistas en otros lugares en el mismo momento, en su círculo de amigos se encontraban grandes nombres de varios campos, como Jean Sibelius o Robert Kajanus. Gallen-Kallela se propone directamente dar imagen a la tradición oral, genrerar una iconografía propia para la relación con la naturaleza y definir una serie de mitos que pretenderán cuadrar lo que significa el ser finlandés. Una gran selección de su obra puede visitarse actualmente en el museo de arte de Norrköping (en Suecia, país vecino, con lo bueno y lo malo que significa ser ”vecino”). Algunas de las pinturas son excepcionales, mezclando cierto gusto barroco con una idea romántica por las tradiciones y los mitos ancestrales. Y, al mismo tiempo, la obra respira de una modernidad que en algunos casos sigue funcionando en la actualidad. También en el mismo museo se presenta el nuevo trabajo videográfico de Salla Tykkä, una de las grandes artistas de la Finlandia actual.

¿Cuál es la apuesta de Salla Tykkä? Ni más ni menos que pensar la idea de belleza en Europa. Si sus precedentes deciden definir los límites de lo nacional, Salla Tykkä investiga mediante dos términos complicados: Belleza y Europa. Se presenta en esta ocasión el primer vídeo de una serie de cinco. La belleza, denostada durante años, aparece mediante la realización holliwoodianda de una película donde el protagonista princpal e único es un nenúfar. Los colores saturados, los movimientos pausados, el abrir y cerrar de pétalos de la flor, así como una banda sonora que acentúa una voluntad de comunicarse emocionalmente con el visitante de la exposición suponen este primer acercamiento a una idea de belleza ”europea”. La voluntad de Salla Tykkä para trabajar con un nenúfar como protagonista es el resultado de la experiencia personal de la artista en los lagos finlandeses, de las películas de Tarzán (con unos nenúfares cuatro veces más grandes) y del descubrimento que esos nenúfares ”tarzanianos” tienen el nombre de ”Victoria Amazónica” y ”Victoria Cruziana” como celebración de la colonización europea de América Latina. También toca sumar a Ruskin y la base empieza a tomar forma para tratar cierta idea de belleza con contenido político, cierta idea de belleza que permite dialogar sobre el pasado europeo, sobre la definición de Europa mediante la creación de unas fronteras exteriores basadas en la alteridad.

Una de las diferencias entre Gallen-Kallela y Salla Tykkä, o en general entre todos los artistas de principios de 1900 y la actualidad reside precisamente en la historia sufrida durante el siglo XX. La creación de una identidad nacional a partir de la construcción de una historia magnífica, la idea de superioridad y la ”necesidad” de mejorar el mundo ya sabemos en qué derroteros nos metió. Se entiende que Salla Tykkä tome cierta distancia crítica con el pasado europeo, pero resulta sumamente interesante que plantee una idea de ”belleza europea”. Tocará ver las otras cuatro aproximaciones para seguir preguntándose si el arte puede crear una ”belleza europea”.

Si en el trabajo de Salla Tykkä la aproximación a la belleza, y via belleza a Europa, se realiza mediante una planta, la relación con la naturaleza y la identidad nacional es uno de los ejes clave en la exposición ”A space on the Side of the Road” en Röda Sten (Göteborg). En la exposición, comisariada por Kajsa Dahlberg y Henrik Andersson, se trata la idea de la relación entre naturaleza y derechos que, también en el cambio de siglo del XIX al XX, crearon la base para la socialdemocracia sueca. La identidad nacional se vinculó con la igualdad mediante el uso del espacio natural. Igualdad en el uso pero también en la responsabilidad para mantener ”lo que nos une”. Toda persona tiene derecho a pernoctar en un espacio natural independientemente de la propiedad de este, así que la idea de país y de sus habitantes está por encima de la propiedad individual.

En ”A space on the Side of the Road” destacan los trabajos de Ibon Aranberri e Ann Böttcher, dos proyectos donde la mirada a la naturaleza viene marcada por la idea de tiempo libre, la identidad nacional y su significado. Ibon Aranberri presenta registros realizados en montañas del país vasco (la naturaleza definiendo fronteras que superan las francesas y las españolas), acercándose a la creación de la identidad mediante el excursionismo ”sano” de montaña y naturaleza. Anne Böttcher trabaja sobre la construcción de los parques nacionales americanos como espacio para el turismo más masivo. Si el excursionismo europeo partía de la idea de la naturaleza ”real” a descubrir y conquistar para conocer su belleza (“nuestra” belleza), la propuesta norteamericana buscaba un contacto más ”democrático”, facilitando la entrada y la información y convirtiendo directamente los espacios en lugares a visitar ordenadamente.

Hace ya unos meses trabajábamos con Job Ramos para su exposición ”Otro paraíso sin cloacas” en Zero1 de Olot. Uno de los momentos clave del proyecto consistía en arrancar un árbol de un espacio natural ”sagrado” como es La fageda d’en Jordà para trasladar a posteriori el mismo árbol dentro de la sala de exposiciones y acelerar su proceso vital (y de defunción seguramente). La idea de naturaleza y cómo en la actualidad seguían utilizándose las lecturas y miradas creadas en 1900 llevaba también a saltar de lo local a lo teórico, del bosque específico a una idea de belleza, ecología religiosa y naturaleza que, a lo mejor resulta que es la base de una Europa creada mediante fragmentos de filosofía, nacionalismo e imágenes que definieron una serie de individuos que tenían como proyecto -seguramente sin saberlo- nuestra realidad actual.

Director d'Index Foundation a Estocolm, comissari d'exposicions i crític d'art. Sí, després de Judith Butler es pot ser diverses coses al mateix temps. Pensa que les preguntes són importants i que, de vegades, preguntar vol dir assenyalar.

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