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Magazine

06 febrer 2006
Lo literal, lo literario y La2

David G. Torres

En sus últimos trabajos Marine Hugonnier parece concentrada en explorar la relación del paisaje con lo que podríamos llamar el paisaje cultural o social que envuelve, en breve: con la civilización y la historia que le acompaña. Como si uno fuese el espejo de lo otro o uno sirviese para explicar el otro. Y no tanto como una explicación de rancio determinismo cultural, del entorno que determina el carácter.


Así, el proyecto “Ariana”, realizado el Afganistán, partía de un intento por realizar una panorámica completa del valle de Pandjshêr y la capital Kabul. Un intento imposible de llevar a cabo por cuestiones estratégicas, militares y geopolíticas. “Ariana” documentaba el mismo proceso de tentativa de filmación y se completaba con una serie de fotografías de las montañas sin nombre del mismo valle. Ahora, la galería NoguerasBlanchard, en su esfuerzo por introducir algunos artistas y obras destacadas del panorama internacional, presenta la última producción de Marine Hugonnier, “Traveling Amazonia”, en la que insiste en esa relación entre paisaje, historia y cómo explicar.

En este caso, el lugar de filmación y de desarrollo del proyecto es Brasil. Ya no se trata de intentar obtener una panorámica, ahora, de la Amazonia, sino de montar un pequeño traveling. La cosa o el intríngulis de la cuestión es que ese traveling recorre unos metros de carretera trans-amazónica. Una carretera que debía unir la costa atlántica y la pacífica a través del Amazonas. Como otras tantas iniciativas lastradas de ambiciones desmedidas de diversas dictaduras o de impedimentos económicos de la metrópolis, la gran carretera no pasó de ser un proyecto: un esquelético trazado de tierra que se adentra en la selva. Y que, eso sí, consiguió desplazar algunas comunidades, afectar a la vida de las personas de esas comunidades, así como a las que participaron de las estructuras de producción que se instalaron en las zonas afectadas. Justamente, Marine Hugonnier utiliza esas estructuras de producción para, con los mismos materiales destinados a la trans-amazónica, construir el carrito y los metros de rieles para montar la cámara y hacer el traveling.

“Traveling Amazonia” documenta el proceso de construcción del traveling; muestra, de paso, algunos testimonios de personas para las cuales su vida pasa de una u otra manera por la trans-amazónica; también, paisajes de la selva y la línea de tierra; para acabar con un frustrado y escueto traveling que coincide con el fin del día y el ocaso de la luz.

De entrada, destacar el carácter rizomático del proyecto, de pez que se muerde la cola. Ese filmar el proceso que lleva a una filmación que finalmente queda en nada, como aquel relatar la imposibilidad de una panorámica en Afganistán, contiene uno de esos guiños al arte conceptual y, más allá, a constantes en la cultura, artística y literaria que han fundamentado el pensamiento moderno (“A rose is a rose, is a rose…”) y por la que algunos sentimos debilidad. Enseguida identificamos ahí esa atracción por el abismo de la nada que tan brillantemente recorría Enrique Vila-Matas en “Bartleby y compañía”. Algo que, en definitiva, surge de la crisis del qué contar, qué hacer y qué decir, y que fundamenta la cultura contemporánea.

El trabajo absurdo del traveling se corresponde con un traveling absurdo sobre un intento de construcción absurda también

En el caso de Marine Hugonnier, si en “Ariana” parecía que la imposibilidad de hacer una panorámica se convertía en la panorámica en sí, ahora el trabajo absurdo del traveling se corresponde con un traveling absurdo sobre un intento de construcción absurda también. Incrustado en ello es cuando, de repente, parece que sí tiene mucho a contar. En ese “de paso” es donde se abre la interpretación sobre lo irresponsable de las intervenciones en el entorno, cómo afectan las decisiones políticas y megalómanas en la vida de las personas y una censura encubierta tanto a sistemas dictatoriales como a los intereses estratégicos de las superpotencias. Siguiendo con la comparación con “Ariana”, entonces la imposibilidad panorámica en Kabul hablaba abiertamente de intereses geopolíticos y geoestratégicos.

Pero también en ese “de paso” es dónde “Traveling Amazonia” insiste en lo anecdótico, subraya declaraciones caprichosas, se concentra, por ejemplo, en el primer plano de unos chicos en moto que no se sabe muy bien a qué responde. Tanto pasea por ahí que ese referente rizomático se va perdiendo y, finalmente, lo que parecía que iba a estar sólo de pasada toma el protagonismo y ya no podemos hablar tanto de arte como de documental. Entonces, tal vez es un documental, ¡ay!, con un toque “arty”; y si resiste el zapping es sólo porque el contexto artístico exige una presencia con cara de circunstancias.

La pérdida de lo rizomático al entrar en el territorio documental implica también la pérdida de la distancia, de cierta sequedad desde la que abrir el discurso, y deja entrar un inicio de juicio de valor. Si es cierto que Marine Hugonnier no cae en un simple determinismo social y cultural, sí que en el vídeo se siente una especie de nostalgia por un idílico tiempo pasado, de pureza o de no sé qué en el que vivían esos escasos individuos que aparecen por “Traveling Amazonia”. Y ahí lo que aparece es la sospechosa sombra de una literalidad zafia que está muy en boga (y que, por ejemplo, inunda las películas de Isabel Coixet). Sólo es una sombra, porque el proyecto de “Traveling Amazonia” también incluye unas pequeñas fotografías que son fruto, herederas directas y sin resquicios, de ese rigor conceptual del que hablaba al principio.

Marine Hugonnier no cae en un simple determinismo social y cultural, pero sí en una especie de nostalgia por un idílico tiempo pasado.

“Wednesday” y “Thursday” reproducen el momento en el que Pedro Alvares Cabral descubrió Brasil, después de esperar una noche para confirmar que se trataba del monte Pascoal. Y en “Beach of the new world” fotografió el lugar en el que el descubridor y su tripulación desembarcaron. Estas pequeñas tres fotos muestran el mismo rigor conceptual y la misma sequedad que otros trabajos de Marine Hugonnier como “Towards Tomorrow”, en las que fotografió desde una isla de Alaska el horizonte que, en realidad, ya estaba en el día siguiente: desde hoy fotografió el mañana.

Precisamente es por ese rigor que caracteriza el trabajo de Marine Hugonnier, por lo que chirría el devaneo documental del vídeo y la debilidad nostálgica que le acompaña. Olvidado el devaneo, es ese rigor lo que quedaría: es lo que hace que unas fotos traspasen la línea imaginaria y puramente arbitraria entre hoy y mañana; que, ahora, tres pequeñas instantaneas hablen, o un corto traveling absurdo hablase, más fuerte que cualquier devaneo, de la devastación y pregunten o preguntase por los responsables. Y, sobre todo, ese rigor permite pisar seguro sobre un territorio y un lenguaje propios, el del arte, librándose de otras competencias en la que por usos, por producción y por distribución, siempre tenemos las que perder.

http://www.davidgtorres.net

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