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05 març 2007
Sobre los carteles de Tàpies y la esfera pública

Elisabet Goula Sardà

Pese al impacto del conjunto de las obras, la visita nos plantea una pregunta clave: ¿nos encontramos ante una exposición sobre arte?


La Fundación Tàpies expone hasta el 25 de febrero los carteles realizados por el artista entre 1950 y la actualidad. El objetivo de la muestra es poner al alcance del público la conexión entre el arte abstracto de Tàpies y la realidad política, social y cultural de las últimas décadas, a través de los carteles realizados por el artista en este periodo. El conjunto de la exposición muestra una faceta de Tàpies, quizás poco conocida, pero importante para entender como el artista ha concebido la tarea de transformación social del arte.

Pese al impacto del conjunto de las obras, la visita nos plantea una pregunta clave: ¿nos encontramos ante una exposición sobre arte? La disposición de las piezas, que están organizadas de manera cronológica, mezclando aquello que pertenece a determinadas causas políticas y sociales, con los carteles de exposiciones personales del artista, nos hace pensar que prima mucho más el aspecto autobiográfico e histórico que el artístico. Así, en algún momento del recorrido nos parece estar visitando una crónica de los grandes momentos de nuestra historia más reciente más que una exposición de arte contemporáneo.

Un segundo elemento ayuda a reforzar esta idea: la exposición sólo muestra ejemplares de los carteles impresos, y no especifica en que casos el artista ha hecho el diseño final del cartel o, simplemente se reproduce una obra suya. Así, aparte de marginar el trabajo de los diseñadores gráficos, la exposición obvia un momento clave en este proceso creativo: como se pasa de la obra abstracta al cartel que contiene un mensaje dirigido a esta esfera pública, y cuales son las implicaciones de esta transformación de la obra de arte en propaganda por una determinada causa. En este sentido, habría sido interesante que la exposición contrastara los originales de las obras realizadas por Tàpies con los carteles finales. Esto habría abierto una reflexión real en el espectador sobre este momento y sobre como la percepción de la obra (abstracta, sin consignas) queda transformada con su vinculación directa a un hecho político y social de nuestra realidad.

De esta manera, pese a la idea que propone la exposición (Tàpies y la esfera pública), esta no plantea un debate central: de que manera el artista puede compaginar su tarea de manera autónoma y creativa sin renunciar a un compromiso con el mundo que le ha tocado vivir. La ausencia de esta reflexión es doblemente evidente cuando nos encontramos ante un artista prolífico en obras y textos que ponen en evidencia su preocupación por esta cuestión.

Es posible que la necesidad de la Fundación de recuperar a Tàpies como tema de una gran exposición (desde “Tàpies. Escritura material”, diciembre 2002- marzo 2003, la obra del artista había quedado reducida a las muestras anuales de la colección permanente), y la voluntad de vincular la obra del artista a algunos de los temas de carácter más político y social que últimamente han estado presentes en las exposiciones de la Fundación, han precipitado una muestra que no ofrece todo lo que era de esperar a partir de su título.

Nos encontramos, pues, ante una exposición amable, que nos muestra un Tàpies siempre presente con su obra en los acontecimientos de nuestra historia más reciente. Y esto quizás es importante de cara a un determinado público que todavía hoy tiende a considerar al artista como un ser despreocupado de la realidad de su momento. No obstante, al salir nos invade la sensación de que los problemas reales que plantea en un artista el hecho de poner su obra al servicio de las causas políticas y sociales han sido discretamente dejados de lado.

Elisabet Goula Sardà

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05 març 2007

Sobre los carteles de Tàpies y la esfera pública

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