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03 diciembre 2013
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An Opal World: el monólogo en interacción

Sonia Fernández Pan


Una de las propiedades del arte es el habla. Como espacio de enunciación, el arte es -en el mejor de los casos- depositario de una ventriloquia políglota. También causa y efecto de una conversación heterogénea, con voluntad de debate pero sin tantas ganas de discordia como pretende. A grandes e imprecisos rasgos. O más bien sucede que sus discusiones tienden a unificarse en una homogeneidad fragmentada, a pesar de su múltiple autoría y de sus múltiples interlocutores potenciales. Interlocutores que no participan con igualdad de condiciones dentro de un espacio de discusión jerárquico. Además, el habla que practica el arte deriva en un discurso marcado por el anonimato de una audiencia que asiste sin la obligación de estar atenta y sin la responsabilidad –o el derecho real- de una réplica, razonamiento o comentario inmediatos. La observación y la escucha del arte niega, por su propia condición en diferido, la activación de una discusión tal y como la entendemos habitualmente. Por contrapartida, podría ofrecernos nuevos modos de entender el propio concepto de discusión, a la vez que nos impele a la búsqueda de otros interlocutores, esta vez presenciales, para prolongar facultativamente un debate donde muchas voces se pierden en lo transitorio de la oralidad.

Toda exposición recoge un debate posible en el que diferentes voces ofrecen matices – y no siempre puntos de vista contrarios- en torno a un argumento común. An Opal World (Kunstraum, Londres) agrupa cuatro monólogos que, literalmente, hablan a un espectador que tiene que poner de su parte para completar una escena a medias. Y no se trataría tanto del engañoso tópico de la obra abierta como de una práctica consciente de la ausencia presente. Más que un tema común, una actitud compartida. Y puede que una intención parecida. A Yellow Film, de Rossella Biscotti, es una película en 16 mm monocroma donde la insistencia de la permanente imagen en amarillo se acompaña de un audio que recoge la grabación de varias sesiones psicoanalíticas bajo los efectos del Pentotal. La voz individual del paciente, más allá de las anécdotas y los miedos personales, estimularía el carácter universal de la experiencia individual, especialmente cuando están vinculados a momentos históricos esenciales como la Segunda Guerra Mundial.

Adriano, de Alberto de Michele, funciona con una proyección donde la imagen -esta vez un fondo negro- también cede el protagonismo al relato a través de los subtítulos del audio que la acompaña. La historia personal, subjetiva y en primera persona de un ladrón de bancos exiliado voluntariamente en casa del artista durante meses apunta conscientemente a una reflexión trascendental y filosófica donde no tienen cabida el remordimiento o la culpa que toda moral biempensante esperaría. Priscila Fernandes ensaya en In the Search of the Self la ausencia de voz en un video que, con la anulación consciente de la oralidad, pone en evidencia que los esquemas no son inteligibles sin una arquitectura narrativa que dirija los conceptos en un sentido lógico. Y que todo discurso necesita de un sistema de legitimación basado tanto en una puesta en escena convincente del mismo como de una argumentación dialéctica de sus contenidos.

Con un video heredero de la tan de moda “estética Youtube” en el mundo del arte y que -como excepción a la norma- no juega con la ausencia formal, Jans Peter Hammer nos presenta en The Fable of The Bees a un energético y profesional joven que sirve de canal para la propagación actual de las ¿anacrónicas? teorías ilustradas de Bernand Mandeville. Según Mandeville, han sido las mejores personas las que han hecho del mundo un lugar peor –de buenas propósitos están llenos los cementerios-, mientras que los vicios privados conducirían a un aumento de los beneficios públicos. Tales argumentos serían tomados en consideración más tarde gracias a Adam Smith, quien supo rebajar estratégicamente el tono maquiavélico e inocular la necesaria pátina de cientificidad para su aceptación general. En un acto de ventriloquia inconsciente, el personaje de este video repite oralmente la historia con la misma insensatez que otros la repiten con sus acciones.

En su condición de espacio de enunciación simultánea, An Opal World es una exposición que intercambia la precisión de un statement definitorio por la poética indeterminada de un título que elude la responsabilidad de un sentido concreto. Siendo benevolentes, podría funcionar como otro ejemplo de un mundo sincrético en el que muchas voces hablan a la vez. El problema, como siempre, la sordera recíproca de unos con otros.

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