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12 febrero 2013
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Arqueología recurrente

Arqueológica es la exposición que ha inaugurado recientemente Matadero Madrid. Comisariada por Virginia Torrente, la selección muestra ocho trabajos de otros tantos artistas realizados site specific, que buscan reflexionar sobre el presente utilizando el método arqueológico. Es decir, a través del estudio del pasado pero también a partir de los vestigios del presente. Los artistas seleccionados se apropian de métodos arqueológicos e interpretan de forma personal sucesos históricos o acontecimientos concretos. Método que fue redefinido por Foucault a partir de “La Arqueología del saber”, al demostrar que la historia, más que buscar la verdad del pasado, trabaja sobre una masa de documentos que organiza, distribuye y ordena para construir un relato.

La relación entre arte y arqueología, así como entre arte y antropología no es nueva. Hal Foster definió en 1996 a los artistas etnógrafos como los nuevos flâneur, nómadas del siglo XX. Un giro etnográfico en sintonía con las políticas de identidad de los años 90, que hizo posible que surgieran las prácticas que unían lo artístico con lo antropológico. Ocho años después, en el texto “An Archival Impulse”, Foster definiría el sistema de archivo utilizado por los artistas como una consecuencia del desgaste del arte contemporáneo y su crítica postmodernista, así como veía en él una posibilidad de abrir nuevos caminos de acción. Son muchos los artistas que se han valido de estos métodos, desde Robert Smithson y su Hotel Palenque, pasando por Hans Haacke, hasta autores como Kader Attia y su obra presentada en la pasada Documenta La reparación desde Occidente hasta las culturales Extra-occidentales. Una deuda con Lévi-Strauss, sin duda. ¿Qué puede aportar la arqueología al arte contemporáneo? ¿Cuál es la visión, que desde el arte, se puede ofrecer de estas disciplinas? ¿Qué aporta de nuevo esta exposición?

Desde la etnografía o la alteridad, Mariana Castillo Deball expone Chinelo en el Matadero: cinco trajes cosidos por costureras a partir de artesanía tradicional de México. Vestigios del pasado que continúan en el presente, pero que aquí pierden fuera del contexto. El trabajo de la española Regina de Miguel explora la región del desierto de Atacama en Chile donde confluyen telescopios de Paranal y las momias Chinchorro. Daniel Guzmán utiliza el trabajo de campo a partir de su viaje a la ciudad de Paquimé y recrea mediante una instalación, más bien un simulacro, el trabajo arqueológico allí realizado, donde dispone además todo tipo de objetos cotidianos. Diango Hernández en Lecciones de historia aborda el tema del documento e introduce dentro de una ruina artificial, con sentencias medio borradas de la historia oficial cubana, máscaras africanas de José Guimaraes. Mark Dion en su Oficina de objetos perdidos recopila objetos encontrados en la ciudad de Madrid en distintos barrios y los expone en unos armarios diseñados para ello. Son desechos contemporáneos que podemos encontrar tirados en cualquier calle, pero al catalogarlos y documentarlos, adquieren un valor “museístico”.

Christian Andersson trabaja desde la ficción. Su instalación consiste en una furgoneta blanca en cuyo interior se proyecta un fragmento de la película On the beach, una película futurista que nos habla de un futuro que ya pasó y donde aparecen desperdigados una serie de objetos que se supone el espectador debe decodificar. Pedro Barateiro compone un diagrama con lápices dorados que alude a las plantas dibujadas y restos arqueológicos. Por último, destaca la obra de Francesc Ruiz por escapar del tópico y presentar una investigación sobre un cómic erótico, Sukia, que tuvo gran éxito en los años 70, sobre las aventuras sexuales de una vampiresa y su mayordomo gay.

En principio, la iniciativa de reflexionar sobre arqueología desde el arte actual es interesante, sino fuera porque la mayoría de las obras recurren a la idea de arqueología y antropología al uso, ya sea mediante la excavación, el trabajo de campo, la documentación y el archivo o el monumento. La falta de profundidad de algunas obras y la falta de autocrítica, así como la desconexión entre ellas, hacen que la exposición resulte un tanto decepcionante. En definitiva, más que interpretar el presente a través de la arqueología, los trabajos parecen estar constreñidos por el concepto de la misma disciplina y tema que les ha sido impuesto.

Rosa Naharro intenta pensar el presente, así como sus distintos contextos, a través de la cultura y el arte contemporáneo. Ver exposiciones, escribir, leer, el cine, la música y hasta las conversaciones con amigos pasan a ser herramientas. Entender e interpretar “ algo” de esto que llamamos mundo se convierte en una autoimposición, así como tomar cierto posicionamiento, que no distancia, ante él. Compagina escribir en A*Desk con su tesis doctoral en la UCM, y trabaja en proyectos desde la gestión cultural

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