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Magazine

25 abril 2014
The Hawker. Carlos Ishikawa, Londres
Arte contemporáneo y la estética de mercadillo

Lorena Muñoz-Alonso


Hace unas semanas asistí a la inauguración de The Hawker, una exposición colectiva en la galería Carlos/Ishikawa de Londres en colaboración con la galería Dépendance (Bruselas) en la que se mostraron piezas de los más de 30 artistas que representan en total. Al entrar en el espacio, intensamente iluminado con neones blancos, mis ojos se toparon con tal acumulación de estímulos visuales que tardé un buen rato en entender qué tenía delante. Mantas grises y fundas de plástico azules, materiales que se utilizan para cubrir y transportar obras de arte, se habían desplegado por el suelo de la galería, y unas 50 obras de arte, incluyendo escultura, pintura y fotografía, se habían colocado sobre ellas, acompañadas por cajas de cartón llenas de catálogos y libros y alguna que otra escultura apoyada en la pared. El resultado era el de un auténtico mercadillo en el que, en lugar de baratijas, vinilos de segunda mano y restos olvidados de vajillas, uno podía disfrutar de fantásticas obras de Jana Euler, Karl Holmqvist, Harald Thys & Jos de Gruyter, Nora Schultz o Josef Strau entre otros.

La exposición me cautivó, y no sólo por la calidad de las piezas y artistas expuestos, si no por su sorprendente dispositivo de display, optando sin tapujos por la cantidad y utilizando el suelo para mostrar obras que, habitualmente, corresponden a paredes y precisan mucho más espacio entre ellas. Este display de “mercadillo”, esa tremenda acumulación de información y objetos, no es, sin embargo, tan novedoso como pudiera parecer a primera vista, sino una metodología recurrente en muchos y celebrados artistas contemporáneos. No muy lejos de Carlos/Ishikawa, por ejemplo, en Chisenhale Gallery, la artista francesa Camille Henrot mostraba su primera exposición monográfica en Londres tras el abrumador éxito de su vídeo Grosse Fatigue (2013). En The Pale Fox (2014), Henrot planteaba otra enorme instalación de objetos, artefactos y libros, en la que las taxonomías de conocimiento material e inmaterial, objetos encontrados y piezas esculpidas, imagen digital y dibujo a mano, se desdibujan, equiparan y acumulan con obstinada avidez, como si la artista quisiera devorar el mundo, conocerlo todo. Henrot tomó como punto de partida un antiguo estudio antropológico de la tribu africana Dogon, para los que la figura del “zorro blanco” representa tanto el caos como la creación, y que para la artista simboliza cómo el exceso material puede ser reciclado y productivo de nuevo, generando nuevas formas de conocimiento.

Unas semanas antes la galería Sadie Coles HQ había inaugurado su enorme nuevo espacio en pleno centro de Londres con una exposición de la artista Helen Marten, que a pesar de su juventud (nació en 1985) se ha consagrado ya como una de las escultoras más destacadas de su generación y que, junto a artistas como Jack Lavender o Richard Sides, comparte una absoluta fascinación por la cultura material, creando esculturas acumulativas y repetitivas que logran, simultáneamente, la devaluación y la exacerbación total del objeto.

Uno de los aspectos más interesante de estos artistas es cómo llevan a cabo una trasposición objetual (vía escultura e instalación) del ya clásico tema de la saturación y diseminación de imágenes en el paisaje contemporáneo, normalmente explorado a través de medios como la fotografía o el vídeo. Pero sus trabajos no son meras reacciones al bombardeo constante de datos y objetos de consumo, sino que se inscriben dentro de una tradición histórica de investigación sobre la cultura material y subversión del tradicional “cubo blanco” expositivo que parte de los Merzbau de Kurt Schwitters, los happenings y environments de Allan Kaprow o las instalaciones de Paul Thek, y que dialoga, a la vez, con exponentes de la más reciente escultura “anti-monumental” (parafraseando al comisario Massimiliano Gioni) como Gabriel Kuri, Rachel Harrison o la exquisita Carol Bove, todos ellos artistas que emplean la escultura como un ejercicio intuitivo y táctil para entender el mundo y procesar su incesante marea de estímulos y posibilidades.

Lorena Muñoz-Alonso está interesada en los puntos de fricción la entre crítica y comisariado y en cómo esa tensión puede ser productiva. Quiere comunicar discursos artísticos contemporáneos a una audiencia lo más amplia posible a través de ensayos, reseñas, entrevistas, exposiciones o webs. Colabora con medios como frieze o Art-Agenda y con diversos artistas e instituciones. Sus dos proyectos web son [SelfSelector->http://selfselector.co.uk/] y [Machinic Assemblages of Desire->http://machinicassemblagesofdesire.tumblr.com/].

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)