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Comunicación no verbal

Magazine

14 junio 2007

Comunicación no verbal

Sergi Aguilar, director de la recientemente inaugurada Fundación Suñol, habla de “relatos no verbales” en referencia al diálogo y a los vínculos que se establecen entre coleccionista y público. Intuición de presente y visión de futuro, múltiples miradas y experiencias individuales que convergen en un punto: un proyecto para compartir.


“Compre sólo cuando comprenda la obra, y su significado y mensaje intensifiquen su visión del mundo y enriquezcan su vida”. Un consejo como el de Marion Lambert –coleccionista suiza- puede encontrarse en el último libro de Adam Lindemann “Coleccionar Arte Contemporáneo”, una divulgativa recopilación de entrevistas a todos los agentes que giran alrededor de esta actividad: artistas, marchantes, asesores y críticos, expertos de casas de subasta, directores de museos, comisarios… Una constelación de profesionales del arte que ayuda a dibujar el perfil de un mundo minoritario, y a menudo desconocido y críptico: el del coleccionismo. Y de la misma forma que Lindemann nos propone este recorrido, son muchas las preguntas que se plantean en el camino. Cuestiones sobre el valor y el criterio, sobre lo privado hecho público, sobre mercados e inversión, y sobre políticas culturales en una ciudad, Barcelona, que juega con el arte su mejor baza.

No ajeno al peligro de saturación, Sergi Aguilar pone en relación una mayor disponibilidad de tiempo libre y de ocio con un giro en la forma de percibir y consumir cultura. Aguilar también advierte de la creciente dedicación de recursos humanos y económicos, tanto privados como públicos, a la creación de nuevos espacios de producción o exposición de arte. Entre estos, cabe destacar otros dos casos que se perfilan en el horizonte cultural barcelonés. Son: la Fundación Vila Casas de pintura catalana contemporánea, que prevé abrir su sede de Can Framis en septiembre de 2008; y el proyecto Barcelona Work Box, una plataforma física y virtual para al creación, difusión y producción de arte contemporáneo y actividades multimedia, también ubicada en el distrito del 22@, y que estará lista en otoño de este mismo año.

¿Pero cómo ofrecer una alternativa real a una oferta tan diversificada? ¿Cómo equilibrar contenido y contenedor cuando el segundo roba el protagonismo a la programación? De nuevo, una confusión de discursos entre los que busca abrirse camino un formato al que estamos poco acostumbrados: el mecenazgo y el coleccionismo privado. Y es justamente en la definición y coherencia de estos límites de género donde radica el mayor riesgo de un proyecto de este tipo. Una colección privada de arte es casi una biografía gráfica del coleccionista, y como tal, debe ser lo suficientemente ilustradora para hacer el salto de lo particular a lo universal manteniendo, a la vez, una opinión, estrategia, personalidad, carácter y visión propios.

Con un fondo total de 1.200 piezas la Fundación Suñol cumple con estas características: calidad y representación. Calidad, porque presenta un itinerario coherente y sostenido a través de los grandes nombre y corrientes del pasado siglo. Representación, tanto cronológica –obras que van de 1915 hasta 2006-, como geográfica -su procedencia nacional e internacional-, y tipológica, pues hay escultura, pintura sobre tela, papel, fotografía y demás procedimientos. Así mismo, es de agradecer el trabajo curatorial con que se ha establecido un corte en la colección, en este caso, un corte temporal. La narración que se desencadena no es, por ello, lineal, si no que pone al descubierto un flujo de interferencias, confrontaciones, que en ningún caso acallan los ecos y resonancias que se establecen entre las obras que guardan cierta afinidad o rechazo conceptual.

Así pues, en esta primera muestra que durará seis meses y cubre de 1915 a 1995, se podrá ver obra de Warhol, Miró, Picasso, Dalí, Man Ray, Richard Avedon, Giacomo Balla, Tàpies, Giacometti, Julio González, Pablo Gargallo, Palazuelo, Barceló, Hernández Pijoan, Ràfols-Casamada, Guinovart, Gordillo y Miquel Navarro, y piezas del grupo El Paso y del Equipo Crónica. Todos ellos expuestos sin cartelas –pero con guía de visita- para mantener un entorno aséptico y no imponer el texto a la imagen.

La misma sobriedad reina en la sede de la Fundación, en Paseo de Gracia 98, casa natal de Josep Suñol y completamente remodelada por Jordi Bordas entre 2005 y 2007. Una ubicación que sorprende agradablemente por estar inserida en el mismo tejido urbano, y recuperar un espacio normalmente inaccesible: un patio interior del Ensanche. Con una superficie total superior a los mil metros cuadrados, la Fundación se divide en dos espacios muy bien diferenciados y complementarios. El primero corresponde a la primera y segunda planta del edificio, y alberga la ya mencionada colección Suñol. El segundo –y de próxima apertura- es un módulo construido en el centro de la manzana, ocupando el antiguo sótano y carbonera de la finca.

Bajo el nombre de “Nivel Zero”, este ámbito de doble acceso -desde el edificio principal y mediante un pasillo en Rosellón 240- está reservado a la promoción del arte joven y emergente del país. Una programación temporal, alternativa y multidisciplinar, ya que está acondicionado para acoger cualquier tipo de actividad relacionada con el campo de la reflexión, producción o difusión del arte más contemporáneo.

El coleccionismo quizá sea la síntesis perfecta entre pasión y cálculo, y desde la Fundación Suñol se ha conseguido crear un proyecto asequible, sólido y que busca, sobre todo, comunicar y compartir este principio. Como afirmó un crítico “Hay una clase de experiencia conocida para casi todo el mundo: sentirse atraído hacia alguien de manera inmediata y, en caso extremo, enamorarse a primera vista. Esto ocurre numerosas veces con las pinturas. La atracción no siempre resulta fácil de analizar, pero si nunca se diera nuestra vida se empobrecería estéticamente”.

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