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17 enero 2010
Conceptual Revisited

De una manera lúdica y nostálgica al mismo tiempo, el trabajo de Mario García Torres acostumbra a revisar el arte conceptual. En su primera muestra individual en Barcelona investiga sobre los secretos que acompañaron un trabajo de Robert Barry.


Como otros artistas de su generación, Mario García Torres (México, 1975) es un heredero directo de los discursos de los artistas conceptuales de los años 60 y 70. Sin embargo, el aspecto más destacado de la aproximación de García Torres es un interés casi detectivesco o historiográfico en explorar obras, propuestas o momentos poco visibles del arte conceptual para, desde un punto de vista personal, descubrir nuevas lecturas y significados.

Con su trabajo, García Torres evidencia la desidia con que se escribe la historia del arte a base de republicar los mismos datos, descripciones e interpretaciones en estudios sucesivos, sin someterlos a revisiones críticas. De esta manera, un trabajo basado en instrucciones puede pasar a la historia como un simple enunciado sin que nadie nunca más se tome la molestia de indagar en la propuesta, sus procesos, sus participantes y, por qué no, en sus resultados. De esta manera, trabajos que en su momento intentaron integrar arte y vida, poner el énfasis en lo procesual por encima del objeto acabado, que se resistían a mostrarse (y registrarse, presentarse y conservarse) y que se proponían probar los límites de la institución, fueron incorporados a la historia como simples enunciados, como registros o como documentos que no se podían transmitir más que «desactivados».

A partir de estas preocupaciones, Mario García Torres pretende activar alguna de estas propuestas, para traer en primer plano el potencial de las historias o, en otras palabras, acercarnos a momentos importantes pero de poca visibilidad. Con una factura muy conceptual la exposición de García Torres en el Espai 13 se articula a partir de cuatro trabajos que, desde diferentes perspectivas, traen a colación numerosas cuestiones que nos acercan a los referentes conceptuales desde nuevas perspectivas. Algo así como «todo lo que siempre quiso saber sobre el arte conceptual pero nunca se atrevió a preguntar». En ese sentido, la pieza más destacada de la exposición es «Lo que pasa en Halifax, se queda en Halifax (en 36 diapositivas)», en la que el artista hizo un trabajo de investigación acerca de una propuesta de Robert Barry del año 1969 que consistía en que un grupo de estudiantes de arte en Halifax (Canadá) pensara una idea compartida y la mantuviera en secreto, incluso para el propio Barry. El interés de García Torres se centró no tanto en hablar con Barry en primera instancia, sino con los estudiantes participantes en el proyecto. Para ello, tuvo que localizar a cada uno de ellos e interrogarles acerca de un hecho que había tenido lugar en sus vidas hacía más de treinta años, con la finalidad de analizar lo que supuso para ellos participar en esta propuesta y, al final del proceso, contactar con Barry y averiguar lo que la pieza significó para él, aunque este es un aspecto que para García Torres es secundario. El resultado formal es una proyección de treinta y seis diapositivas en las que las imágenes de las localizaciones asociadas al proyecto se combinan con subtítulos, dando lugar a un ensayo que dota de nuevos significados la propuesta de Barry.

La memoria y sus ambigüedades, lo que se muestra y lo que se oculta, lo que permanece y lo que se pierde, la desmaterialización y su historiación son tratados en «Transparencias del no-acto», acerca de Oscar Neuestern, un artista poco conocido cuyo trabajo se basaba en el concepto de ausencia: interesado en lo visual, no permitía que sus trabajos se registraran. Poco importa si Neuestern existió realmente, lo relevante es la reflexión acerca de la radicalidad, la autenticidad, como se escribe la historia y como trasciende. Las nociones de secreto, rumor, transmisión oral, la experiencia y su registro, son aspectos relevantes para revisar el conceptual y son también aspectos explorados por artistas actuales. No podemos dejar de relacionar las instrucciones con los trabajos de Peter Liversidge o Dora García, la idea de secreto, de nuevo con Dora García o la transmisión oral de los trabajos y la falta de registros con Tino Seghal. Liversidge, García, Seghal y García Torres forman parte de una genealogía de artistas herederos del conceptual, conscientes de ello y críticos a la vez.

La falta de equilibrio que a veces existe entre la importancia de un trabajo y su visibilidad, la experiencia de las cosas y la manera en que se comunican y perviven en la historia, el potencial de las historias, las historias que permanecen en segundo plano y cuya trascendencia se descubre mucho más tarde, las versiones, adaptaciones y reenactments, los proyectos colectivos o participativos son sólo algunos de los temas que se exploran en esta exposición que constituye una inteligente revisión de algunos aspectos del arte conceptual; por eso mismo, un inteligente trabajo de Mario García Torres y, por extensión, una inteligente elección de Tres, comisario del ciclo «Silenci Explícit».

A Montse Badia nunca le ha gustado estarse quieta, por eso siempre ha pensado en viajar, entrar en relación con otros contextos y tomar distancias para poder pensar mejor el mundo. La crítica de arte y el comisariado ha sido una vía desde la que poner en práctica su convencimiento en la necesidad del pensamiento crítico, de las idiosincracias y los posicionamientos individuales. ¿Cómo si no podremos cuestionar la estandarización a la que nos vemos abocados?
www.montsebadia.net

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