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Magazine

07 febrero 2013
David Bowie y el arte contemporáneo

Juanjo Santos

David Bowie ha vuelto por sorpresa tras 10 años retirado. Lo hace con el lanzamiento del vídeo de la primera canción de su futuro nuevo disco. Vídeo dirigido por el artista Tony Oursler. También en su regreso establece relación con otro artista contemporáneo; Jonathan Barnbrook, autor de la conceptual portada.

La salida del álbum coincide con una exposición retrospectiva organizada por el Victoria and Albert Museum de Londres, que muestra diseños de ropa, dibujos, pinturas, fotografías, collage, etc…todo creaciones de Bowie. Tanto su retorno asociado a otros artistas como esa exhibición me llevan a una pregunta; ¿Se debe considerar a Bowie un artista contemporáneo? Me refiero al sentido “oficial”, a compararlo con los artistas esos que salen en los tochos de Taschen.

David Bowie estudió en una escuela de arte, y aunque desde joven su interés se centró en la música, sus desviaciones hacia otras disciplinas eran constantes, como el aprendizaje de métodos teatrales de vanguardia con Lindsay Kemp. Bowie, a comienzos de los 70, formaba parte de un gran número de músicos ingleses con estudios estrictamente artísticos. Concebían los discos y los conciertos bajo parámetros estéticos, introducían elementos provenientes de la pintura, la performance o el vídeo, como Queen o Roxy Music. Aunque sin duda los pioneros fueron los estadounidenses The Velvet Underground (bajo la tutela de Andy Warhol, a quien Bowie dedicaría una canción en su disco Hunky Dory, y al que interpretaría en la película “Basquiat” de Julian Schnabel), una de las primeras fuentes de inspiración de Bowie. Los resultados de sus influencias extrínsecamente musicales fueron brillantes; las giras de Ziggy Stardust, Aladdin Sane y Diamond Dogs.

Su relación con el arte contemporáneo se estrechó a mediados de los 70, no porque fuera vecino temporal de Balthus en Suiza, que lo fue, sino porque empezó a estudiar y conocer el trabajo de los artistas de vanguardia y, finalmente, a dibujar y a pintar. En esos años, sobre todo la época transcurrida en Berlín, declaraba que la pintura era para él tan importante como la música, y tenía la pretensión de elevar el pop a las Bellas Artes. Sus resultados con la experimentación en la grabación y concepción de los discos junto con otro músico-artista, Brian Eno, fueron geniales: Low, Heroes (en la canción “Joe the Lion” hay una referencia al artista Chris Burden) y Lodger. Una época, la berlinesa, que es rememorada en la portada de Barnbrook y en el vídeo de Oursler. Por cierto, una de las obras que se podrán ver en el Victoria and Albert Museum es el “cut-up” (técnica de creación literaria inventada por Brion Gysin y William Burroughs, basado en la libre asociación de palabras) que le llevó a la composición de las letras de la canción “Blackout”, del disco Heroes. Su desarrollo como pintor no es relevante, a pesar de alguna exposición individual, como en la Galería de Cork Street de Londres; los críticos no tuvieron clemencia. Su actividad como músico-artista tampoco es exclusiva; también se han incursionado con mayor o menor fortuna Ron Wood, Bob Dylan, Paul McArtney o Lou Reed.

La aproximación más cercana entre música/arte se produjo con el álbum “Outside”, en 1995, de nuevo, con Brian Eno. Un disco conceptual que se basa en una historia detectivesca y en la que lo que se plantea es si el crimen puede ser considerado una forma de arte. Citas a la Bienal de Venecia, el minotauro de Picasso, los artistas del Accionismo Vienés Rudolf Schwarzkogler y Hermann Nitsch, de nuevo al performer Chris Burden y al ensayo “Sobre el asesinato considerado como una de las Bellas Artes” de Thomas De Quincey (1828). En los videos y en la gira Bowie se presenta como un artista en trance con una estética inspirada en el accionismo vienés.

A finales de esa década se vuelca en el apoyo al arte al convertirse en miembro del equipo editorial de la revista “Modern Painters” (entrevistaría a Balthus o a Demian Hirst, con quien además hizo una obra de arte), fundando la editorial “21” que publicaba libros especializados en arte contemporáneo, potenciaría su faceta como coleccionista de arte (entre otras, tiene varias piezas de Peter Lanyon) e impulsaría el espacio virtual “Bowieart”, un sitio web que funcionaba como una galería para jóvenes artistas.

Por si fuera poco, lanzó a un hasta entonces desconocido artista llamado Nat Tate, publicando un libro sobre su figura con su editorial (lanzamiento que se hizo en la casa de Jeff Koons). Muchos críticos aseveraban conocer a Tate, que lamentablemente se suicidó cuando solo tenía 32 años. Bueno, más lamentable que eso era el hecho de que todo era una broma de Bowie; Nat Tate (nombre que viene de National Gallery y Tate Gallery) nunca existió, era una burla al periodismo y al mundo del arte, inmerso entonces en el histérico período de los “Young British Artists”. Y principalmente a esos críticos de arte que siempre dicen “oh, sí, yo conocí personalmente a ese artista, jugábamos juntos al bridge”.

Debido a esa continua y marcada relación de Bowie con el arte contemporáneo no debe extrañar esta última colaboración con Tony Oursler, con quien ya trabajó en el disco y la gira de Earthling y en una obra expuesta en el Museo Hirsshorn. En su vídeo de regreso, “Where are we now?” se convierte en una de las obras de Oursler y aparece junto con la mujer de éste, la artista Jacqueline Humphries. Los tres son amigos desde hace tiempo, van a visitar museos y se pasan el rato hablando sobre el arte. Entrevisté a Tony Oursler acerca del vídeo con Bowie, y le pregunté quién sabía más sobre arte, si él o David; “el tipo tiene un conocimiento enciclopédico sobre la historia del arte y definitivamente sabe más en áreas concretas que yo. Pero para nosotros es siempre más sobre establecer una amplia conversación, y es increíblemente especial. Y como ya sabemos, David Bowie es probablemente el mejor artista del mundo”.

Se rumorea que Bowie está trabajando en un libro de artista basado en obras y objetos de su creación. Quizás ese aporte solucione la cuestión de si puede ser considerado artista contemporáneo, o “únicamente” el mejor músico artístico del mundo. Probablemente.

Con la misión de seguir mejorando en la escritura de la crítica de arte, lo demás es disfrutar y aprender a través de las propuestas contemporáneas, elaborando otras estrategias de relación, ya sea como colaborador de revistas, editor de una, curador o conferenciante. Como crítico de arte mochilero ha compartido momentos con artistas de Centroamérica, México o Chile. Y la lista aumentará. Combatiendo el arte interesado, aplaudiendo el arte interesante.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)